Los trabajadores de la AIReF se revuelven contra la candidata de Montero
«Desde que se creó, esta siempre ha sido una casa seria y una presidenta que llegue precedida por el escándalo perjudica nuestra imagen», afirman
José Luis Escrivá fue elegido en 2014 por mayoría absoluta con los votos del PP y la abstención del resto, salvo IU, que votó en contra. Seis años después, el nombre de Cristina Herrero se aprobó por unanimidad. Y ahora Inés Olóndriz sigue siendo una incógnita, aunque no puede descartarse que la Comisión de Hacienda del Congreso acabe aprobando su designación después de mucho postureo y mucho paripé. Si tuviera que pasar por el Pleno, la cosa sería más difícil, pero con 18 integrantes la vicepresidenta María Jesús Montero espera poder salirse con la suya. Y la suya es poner al lobo a cuidar las ovejas, que es lo que supone nombrar presidenta de la AIReF a la secretaria general de Financiación Autonómica y Local de su ministerio.
«Se trata de una reputada profesional con un marcado perfil técnico que cuenta con 35 años de experiencia en finanzas públicas, lo que le ha permitido tener un profundo conocimiento del funcionamiento de los tres niveles de Administración», asegura el Gobierno en la propuesta de nombramiento, omitiendo algunos de sus méritos recientes. Como la decisión de escribir en las actas del Consejo de Política Fiscal y Financiera del 26 de febrero de 2025, que los consejeros del PP se habían abstenido en la votación de la condonación de la deuda a Cataluña cuando lo que hicieron en realidad fue abandonarlo en bloque. Hace bien Rocío Albert, consejera de Economía, Hacienda y Empleo de la Comunidad de Madrid, en recordar aquel episodio. Dice mucho del sectarismo de Olóndriz.
La vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero (i) y la secretaría General de Financiación Autonómica y Local, Inés Olóndriz de Moragas (d) y candidata del Gobierno a presidir la AIReF
«Detrás de mí vendrá alguien más político porque ahora la AIReF pesa», dejó dicho Cristina Herrero en una de sus últimas intervenciones públicas. Por desgracia, su vaticinio podría cumplirse para disgusto de muchos trabajadores del organismo. «Desde que se creó esta siempre ha sido una casa seria y una presidenta que llegue precedida por el escándalo perjudica nuestra imagen», me cuenta uno de los sesenta y tantos funcionarios que tiene la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal de una plantilla de algo más de 80 profesionales. «Yo llegué más tarde, pero empezaron 30 empleados» (entre economistas, estadísticos, analistas o especialistas en modelos macroeconómicos, fundamentalmente). «El equipo es fantástico y nos preocupa que todo el ruido que se está generando nos acabe afectando. Hablo por mí y por más compañeros. No nos interesa la política sino cumplir con nuestra obligación cada día».
Y esa obligación la determinó la Comisión Europea cuando aún estábamos sumidos en el pozo de la última gran crisis financiera que vivimos a partir de 2008. Por eso la secretaria general del PPE, Dolors Montserrat, ha pedido a las autoridades comunitarias que estudien si la candidata de Sánchez y Montero vulnera las reglas de independencia de la Unión. Aquí entretanto, PP y Sumar han solicitado la comparecencia de Cristina Herrero en el Senado y el Congreso, respectivamente. Nadie mejor que ella para dar cuenta del trabajo que ha desempeñado la AIReF en todos estos años, con informes que han levantado ampollas en Moncloa a lo largo de su mandato, como los referidos a las bajas laborales, el Ingreso Mínimo Vital (IMV) o la sostenibilidad del sistema de pensiones.
Lo cierto es que las proyecciones revelan una verdad incómoda para el triunfalista relato económico del sanchismo. La ratio de deuda sobre el PIB mantendrá una senda creciente en el largo plazo. Y pasará lo mismo con el déficit a partir de 2027, una vez desaparezca el colchón derivado de la retirada de las medidas extraordinarias. Esto lo tiene que saber el Gobierno para poder corregir los desequilibrios, y lo deben saber también los ciudadanos. Pagamos muchos impuestos, demasiados, y tenemos derecho a exigir instituciones independientes que velen por que se les dé un uso adecuado y analicen las cuentas públicas para detectar los riesgos que puedan comprometer su sostenibilidad. De eso y no de otra cosa se encarga la AIReF desde que echó a andar con José Luis Escrivá. Él siempre tuvo claro su cometido, hasta el punto de recurrir ante la Audiencia Nacional una orden de Cristóbal Montoro, que en su opinión, le impedía hacer bien su trabajo. Quién vio al Escrivá de 2015 y quién le ve ahora. Qué pena que años después decidiera empañar su trayectoria al pasar directamente al Gobierno y de allí al Banco de España…
Mas este artículo no trata de eso sino del delicado momento que atraviesa la AIReF y cómo lo están viviendo sus trabajadores. Y si me permiten, de una anécdota que protagonicé cuando Cristina Herrero recibió el Premio de Oro 2025 de Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid el pasado septiembre. Yo presentaba aquel evento, y a la hora de describir su brillante trayectoria en el ámbito de la economía, concluí diciendo que era una «mujer rara». Por eso de no casarse con nadie en estos tiempos que corren y escribir con una mayúscula bien grande la «I» de la Autoridad Fiscal. Aquello le hizo mucha gracia a Cristina, según me hizo saber cuando bajamos del escenario: «Me has llamado rara pero creo que ha sido un piropo y me ha encantado».
Créanme que me gustaría poder llamar rara a Inés Olóndriz si la Comisión de Hacienda acaba aprobando su nombramiento al frente de la AIReF, pero me temo que no será así. Ella sería una presidenta de organismo público de lo más normal, que en la España de Sánchez ya sabemos qué significa.