26 de septiembre de 2022

en primera líneael marqués de laserna

La Monarquía como doctrina

Durante los casi cuarenta años gobernados por el generalísimo Francisco Franco, hubo una primera época de enfrentamiento abierto que luego fue dulcificando hasta reconocer la Monarquía en el propio Príncipe Juan Carlos. Se designó a la persona, pero no se la vistió con enseñanzas a la sociedad

En días pasados, se comentaba desde estas mismas columnas la disyuntiva de monarquismo y juancarlismo. El juancarlismo ha sido históricamente hijo de la extraordinaria ejecutoria política del Rey Juan Carlos I, pero también consecuencia de la falta de doctrina sobre el régimen que tiene España desde la aprobación de la Constitución de 1978.
La Monarquía es una forma de Gobierno que se une indisoluble y sucesivamente con cada persona que la representa, por tanto la discusión entre doctrina y persona tiene algo de controversia sobre el sexo de los ángeles. El Rey Juan Carlos I desengañó a todos los pesimistas que lo motejaron como Juan Carlos el Breve cumpliendo uno de los más largos reinados de la Monarquía hispana, además consiguió «de la ley a la ley» el tránsito pacífico y ordenado de un estado personal y autoritario, en el que él reunía todos los poderes, a otro de representación parlamentaria.
Como si fuera poco lo realizado, se alzó como el embajador de su nación ante la comunidad de los otros países alcanzando un prestigio que devolvió a España al lugar que le correspondía. En Hispanoamérica ha sido la referencia y el puente entre esas naciones y Europa, y en el resto del mundo fue el instrumento eficaz para abrir fronteras a nuestras empresas. Con esa ejecutoria, es normal que muchos españoles supieran agradecérselo y se declararan seguidores suyos; no tuvieron necesidad de conocer doctrinas, bastaba leer la prensa.
Ilustración: Rey Juan Carlos I

Lu Tolstova

Pero la sociedad española recibió el regreso de su Monarquía secular con una absoluta ignorancia de lo que era y representa. La Segunda República combatió, con toda lógica, el régimen monárquico contra el que había dado un golpe de Estado, y sólo la voz de Acción Española explicó durante esos años los principios monárquicos; después, durante los casi cuarenta años gobernados por el generalísimo Francisco Franco, hubo una primera época de enfrentamiento abierto que luego fue dulcificando hasta reconocerla en el propio Príncipe Juan Carlos. Se designó a la persona, pero no se la vistió con enseñanzas a la sociedad.
Al establecerse la Constitución de 1978, se olvidó el largo lapso de tiempo en el que los españoles estuvieron ajenos al sistema instaurado y nadie sintió la necesidad de informar a la sociedad. El grupo Tácito, que había sido muy activo en la época anterior, no creyó oportuno continuar con su labor cuando se juró la Constitución. Se sucedieron los ministerios encargados del saber de los españoles sin que ningún plan de estudios recogiera algo tan elemental como dar a conocer el sistema de Gobierno que rige el país. Florecieron las nuevas universidades, cada comunidad política instauró la suya si no la tenía y la iniciativa privada también contribuyó con fundaciones, pero de nuevo volvió a olvidarse instruir sobre el régimen encargado por la Constitución de gobernar España.
Los niños y los jóvenes terminan sus estudios sin haber recibido la menor información sobre la Monarquía y entre las 82 universidades que jalonan el país, solamente la Juan Carlos I ha establecido, hace poco tiempo, una cátedra para explicar que la Monarquía es la única institución que garantiza la independencia del Jefe del Estado frente a partidos, capital y grupos de presión.
¿Y nos asombramos de que no haya monárquicos?
  • El marqués de Laserna es correspondiente de la Real Academia de la Historia
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