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14 de julio de 2024

En primera líneaJosé Antonio García-Albi

Carta abierta a Santiago Abascal

Los ciudadanos españoles, en su gran mayoría, sentimos la desazón de no divisar fórmula alguna de decir: hasta aquí hemos llegado. Vemos con preocupación la ausencia de propuestas

Actualizada 01:30

Estimado Sr. Abascal:

La Constitución de 1978 se promulgó sobre una base de amplio consenso; no solo entre las distintas formaciones políticas, sino también entre la ciudadanía que componía entonces la nación. Y eso fue posible porque el Rey y el Gobierno ofrecieron un objetivo común para todos; transitar de forma pacífica y civilizada de un régimen político a otro. Sobre un objetivo compartido se pueden establecer consensos que definan el camino a seguir. Tan sólo una minoría violenta compuesta por ETA, FRAP, Grapo y algún otro grupúsculo estaban en contra y no compartían esa meta.

Alcanzados los resultados, la Transición, nos encontramos hoy en día con opciones políticas que no comparten ya un objetivo común, y cuyas aspiraciones son netamente contrarias a la Constitución; vamos que luchan y pelean contra ella. Me refiero a los nacionalismos que quieren la ruptura de España y a los socialismos que pretenden imponer y dominar un régimen ajeno al pluralismo político y a la democracia. La Constitución del 78 se encuentra indefensa toda vez que se han roto los consensos sobre la que se fundamentó y haber realizado ya su función. Hoy es una estructura sujeta a fuertes presiones en diversos sentidos que la deforman hasta convertirla en un lugar en el que, dicen, caben todas las propuestas que los no constitucionalistas quieran realizar, aunque sean claramente contrarias a la misma; véase la amnistía.

Constitución

Lu Tolstova

La Constitución es atacada y se incumple de manera manifiesta y los españoles no estamos plenamente amparados por ella, bien porque fallan los mecanismos de control o bien porque su redacción, a veces ambigua, es producto del escenario antes mencionado o por ambas cosas. El caso es que derechos reconocidos en ella como lo referente a la educación, al idioma, a la solidaridad fiscal o a la unidad nacional, se incumplen de manera impune y permanente.

Nuestro texto constitucional, hijo de su tiempo, es ambiguo en algunas cuestiones que con el paso del tiempo se ha constatado que se deben cerrar y concretar. Deja demasiado poder a los partidos políticos a la hora de constituir los órganos de control como el Tribunal Constitucional o el de Cuentas.

Señor Abascal, por favor, proponga al Partido Popular y pacten una reforma constitucional que sea incluida en los programas electorales de ambas formaciones. Que tras un proceso electoral con un resultado satisfactorio se pueda implementar directamente, sin negociaciones adicionales. Una reforma que garantice la independencia, al modificar el sistema de nombramientos de los tribunales Constitucional y de Cuentas, así como de otros organismos regulatorios, y se rescate el sistema establecido para nombrar al C.G.P.J. Que recupere la educación para el gobierno central como fórmula para garantizar ese derecho a todos los españoles. Que proteja la libertad lingüística, la propiedad privada, el libre mercado, la libertad de opinión y de prensa. Que incluya la recuperación de la sanidad nacional, la imposibilidad de implementar esquemas fiscales expropiatorios y la ilicitud de ciertas actuaciones separatistas. En definitiva actualizar, mejorar y garantizar la calidad de nuestra democracia como única vía posible para proteger nuestra libertad.

Los ciudadanos españoles, en su gran mayoría, sentimos la desazón de no divisar fórmula alguna de decir: hasta aquí hemos llegado. Vemos con preocupación la ausencia de propuestas, de caminos posibles que nos conduzcan a reestablecer una situación de legalidad constitucional y de poner un freno a los embates de nacionalistas y socialistas contra nuestras libertades y derechos.

No tengo la más mínima esperanza de que el PP vaya a tener el valor de realizar una propuesta en este sentido. Pero tal vez tampoco vaya a tenerlo para rechazarla, ya que esta perseguiría la protección de nuestra propia ley de leyes y de los derechos y libertades que de ella emanan.

Los ciudadanos nos levantamos cada mañana con preocupación por el rumbo que toman los acontecimientos y, por ende, nuestra nación. Pero vemos indefensos como la única arma de la que disponemos para combatir es acudir a diversas manifestaciones cuando algún partido tiene a bien convocarlas. Aprovechen el tiempo en la oposición para estudiar, pactar y redactar la propuesta de reforma constitucional de modo que los españoles podamos primero recuperar la ilusión de recomenzar, la esperanza y autoestima como nación. Y luego actuar como verdaderos sujetos políticos en un proceso electoral y en un posterior referéndum.

No prescindan sus organizaciones respectivas de una coma de sus propios programas, pero incorporen ambos la misma medida fundamental, sustancial y nacional, de modo que los votantes opten por una u otra propuesta sabiendo que, en caso de sumar mayoría, la nación quedará protegida.

Porque la Constitución no es un fin en sí misma. Es un medio para alcanzar unos elevados objetivos como son las libertades y derechos individuales de los españoles que incluye una justicia independiente, única y universal para todos nosotros. Si esos elevados fines no se alcanzan, tenemos que remover los obstáculos que lo impiden.

Señor Abascal, esa propuesta conjunta a la sociedad española podría ser el debate que movilice a la opinión pública en defensa del régimen político que nos dimos. Elevaría a «categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal», y esto no es la simpleza mental esa de la «derecha extrema y la fachosfera». Serviría también de aliciente y ánimo para los jueces, que están siendo el muro de contención del sistema y objetivo de duros ataques, de cara a aguantar resistiendo. Merece la pena.

Le estrecho la mano y proclamo ¡Viva España!

  • José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario
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