No hay mal que por bien no venga
Sobre aquel tremendo suceso se ha especulado hasta el vértigo, pero hay algún episodio poco conocido que contaré. La raíz está dos años antes, 1971, en plena Guerra Fría, en la audiencia concedida por Franco a Vernon Walters, que habría de ser subdirector de la CIA, embajador en la ONU y en Alemania
El refrán del título expresa optimismo; de una desgracia puede surgir un bien, una oportunidad. Es una frase que dedicó Franco al asesinato de Carrero en un discurso días después. Había llorado públicamente en su funeral. El refrán utilizado por Franco dio lugar, tras su muerte, a diversas interpretaciones en libros, algunos debidos a autores de prosapia, y en los medios. El atentado de ETA, 1973, que costó la vida a Carrero, a cien pasos de la Embajada norteamericana y con Henry Kissinger en Madrid, marcó la etapa final del franquismo. Aquella mañana del asesinato del almirante estuve, en compañía del doctor González Navarro, gracias al que fuimos admitidos, en el meollo del suceso: la terraza del patio interior al que cayó el vehículo –tuve en la mano el encendedor del Dodge 3700 GT–, y el sótano de Claudio Coello 104. De allí partió la excavación de los terroristas para colocar los explosivos. Salvo nosotros, todos eran policías y autoridades.
Sobre aquel tremendo suceso se ha especulado hasta el vértigo, pero hay algún episodio poco conocido que contaré. La raíz está dos años antes, 1971, en plena Guerra Fría, en la audiencia concedida por Franco a Vernon Walters, que habría de ser subdirector de la CIA, embajador en la ONU y en Alemania, y partícipe en misiones de dirección de espionaje y conflictos, sobre todo en Hispanoamérica. Síganse las coincidencias de sucesos importantes con sus estancias en aquellos pagos. Colaboró con cinco presidentes norteamericanos. Empezó la Segunda Guerra Mundial de cabo y la terminó de comandante. Hablaba con fluidez ocho idiomas. Conocía a Franco porque fue traductor de Eisenhower en su visita a Madrid en 1959; aparece en las fotos entre los dos mandatarios. Nixon quería asegurarse la estabilidad de España y envió a Walters, agregado militar en Francia e Italia, a hablar con Franco para intentar saber qué ocurriría tras su muerte. Complicada misión.
Walters lo cuenta en su libro Misiones discretas, sus memorias, traducido al español. El contenido de la conversación es bastante conocido. Pero las interpretaciones difieren. El meollo de la intervención de Franco fue: «Yo he creado ciertas instituciones; nadie piensa que funcionarán. Están equivocados. El Príncipe será Rey porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España». Preguntado por Walters cómo estaba tan seguro, Franco respondió: «Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el Gobierno de España hace cuarenta años». Walters pensó que se refería a las Fuerzas Armadas, pero Franco aclaró: «La clase media española. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español. No habrá otra guerra civil».
Para algún analista, Franco consiguió en esa audiencia que los Estados Unidos no intervinieran en su sucesión, pero la realidad, de una u otra manera, fue distinta. El Rey hablaba a menudo, a veces cada día, con Washington. Y recibía consejos. Se apartó de esos consejos al legalizar el PCE. Aquella audiencia nos reveló que Franco tenía claro que en España habría una democracia a la europea. Era inteligente y estaba informado. Habrá más papistas que el Papa que no lo entiendan.
Franco había creado la clase media, que supone estabilidad política y es clave para el progreso económico. Lo sabía y también que la clase media asumiría la evolución pacífica hacia una democracia como la de nuestros vecinos europeos. Por eso impulsó desde el principio una política de vivienda que convirtió a millones de españoles en propietarios, en clase media. La propiedad, para Franco, era el mejor antídoto contra el comunismo. Y a su manera lo trasladó a Walters. Hay numerosos ejemplos foráneos. El fracaso de la República de Weimar, en la Alemania de entreguerras, y el ascenso de Hitler al poder, se explican por la desaparición de la clase media, empobrecida por la hiperinflación de 1923. Y también se explica el mantenimiento del peronismo en Argentina por sumir a la clase media en la pobreza. La táctica del comunismo, de la izquierda radical, es, igualmente, acabar con la clase media, como está ocurriendo en España. La pobreza y las ayuditas consiguen votos. Que la cesta de la compra se ponga por las nubes les da igual. Ellos hacen pobres, pero son ricos.
Otras especulaciones se refieren al sentido real de aquel «No hay mal que por bien no venga» de Franco. Por dos protagonistas de la Transición de muy alto nivel, y en circunstancias concretas, supe que Franco comentó al entonces Príncipe de España su conversación con Vernon Walters, en la que estuvo presente López Bravo, ministro de Asuntos Exteriores. Es normal que también lo comentase con Carrero, su colaborador durante más de treinta años, al que tenía especial afecto. Sabía, acaso por él, que no estaría tranquilo en una democracia liberal y dimitiría, como hicieron otros altos mandos militares. Eso reconcomía a Franco. Puede ser la explicación del refrán en su discurso, que no figuraba en el texto inicial.
Nixon conocía el problema. En su conversación con Carrero, el almirante le aseguró que «los comunistas trataban de debilitar la voluntad de defensa de Occidente utilizando las libertades democráticas», y le citó a Lenin: «Hay que crear mala conciencia en los burgueses». Carrero dijo lo que pensaba.
- Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando