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TribunaIgnacio García de Leániz

La nueva geopolítica: vista al Pacífico

El reciente e histórico acuerdo de libre comercio de la UE con India que abarca un mercado de 2.000 millones de personas, 25 % del PIB mundial y un alrededor de 1/3 del comercio global, no es sino la primera gran reacción europea para no quedar ante este cambio de eje geopolítico

Decía Ortega una gran verdad: en España es más importante aquello de lo que no se habla, que las cosas a menudo banales que pueblan el discurso público y político instalado. Este declinar lo importante y no pensar sobre ello, se agrava en esta crisis nacional nuestra: un país en decadencia es siempre un país ensimismado y melancólico en su desgracia. Y toda melancolía –aun la colectiva– en lugar de «mirar hacia fuera» como hace el alma sana llena de vida y proyectos, queda achicada, se recrea en el interior doliente de uno mismo. En el plano nacional, nuestro entendimiento y sentir colectivos se asemejan a un Robinson aislado, ajenos a la cartografía cada vez más compleja de nuestro mundo, quedando el país 'tibetanizado' respecto de él. La melancolía no sabe de geopolítica ni es capaz de hablar de ella.

Coincide nuestra crisis con el «estar pasando» una nueva época crucial ante nuestros ojos donde la Historia, pausada de suyo –sus dioses muelen despacio–, se condensa, toma carrerilla y salta aceleradamente hacia nuevos espacios, circunstancias, tecnologías y poderes. Y una de las claves de este tiempo histórico es la caducidad del antiguo mapamundi vigente desde el siglo XVI donde Europa ocupaba el lugar central con el Atlántico como océano protagonista –el core business del mundo comercial– y su sustitución silenciosa por una nueva representación geográfica: un orbe nuevo cuyas aguas centrales pasan a ser ya el Pacífico y sus países ribereños. Dicho vuelco ciclópeo se anunció de manera apenas perceptible en 2016 cuando los fletes marítimos de Asia Pacífico superaron por primera vez a los del Atlántico para generar hoy más de la mitad del crecimiento económico mundial.

Para comprender el alcance de esta nueva imago mundi que sustituye a la anterior 'atlántico-céntrica' y que por ello nos aboca a un mundo post-occidental, valgan estas pinceladas del giro al Pacífico:

–Asia-Pacífico genera cerca del 40 % del PIB mundial, pero produce alrededor del 60 % del crecimiento económico global, consolidándose como el principal motor del crecimiento.

–De hecho, el Indo-Pacífico gestiona más de la mitad del comercio global y genera más del 60 % del PIB mundial, convirtiéndose en el eje del comercio marítimo.

–Al mismo tiempo, Asia-Pacífico alberga entre el 36–60 % de la población mundial (dependiendo del perímetro estadístico), lo que la convierte en el mayor mercado potencial del planeta.

–El crecimiento de la clase media asiática es el mayor del mundo y será el principal impulsor del consumo global en las próximas décadas.

Como colofón, se estima que para 2040–2050, la región citada (A-P) podría concentrar entre el 42–60 % del PIB mundial, consolidando el viraje tectónico al Pacífico.

El reciente e histórico acuerdo de libre comercio de la UE con India que abarca un mercado de 2.000 millones de personas, 25 % del PIB mundial y un alrededor de 1/3 del comercio global, no es sino la primera gran reacción europea para no quedar ante este cambio de eje geopolítico como un mero far corner, una esquina tan lejana como impotente. Las mutaciones sostenidas de la política exterior de EE.UU. hacia su costa pacífica en detrimento de su proyección atlántica, que tanto nos afectan militarmente, no son sino muestras inexorables de la escora del mundo hacia el este inaugurando el llamado 'Siglo Asiático'.

Ante ello, volvamos a Ortega: cada uno –y cada país– es él y su circunstancia, aquello que me rodea y que como entorno me condiciona y conmigo interactúa. Y si no la «salvamos», no se salva el yo. En el presente, la 'circunstancia' geopolítica –también de nuestro país– ha mutado radicalmente y nos obliga a representarnos y pensar el mundo ya no atlántica sino 'pacíficamente' con todo el esfuerzo y ruptura de hábitos pasados que ello implica.

Por todo ello, a pesar de nuestra decadencia melancólica hay que estimular el «pensar alerta» y hablar de este magno cambio histórico que nos lleva a las lejanas aguas de un océano que navegaron y bautizaron por primera vez nuestros navegantes. Que ahora vuelve a ser circunstancia nuestra con la que habérsela.

  • Ignacio García de Leániz Caprile es profesor de Gestión Internacional en la Universidad de Alcalá de Henares