03 de octubre de 2022

Nathalie Becquart es la primera mujer con derecho a voto en el Sínodo de la Iglesia

Nathalie Becquart es la primera mujer con derecho a voto en el Sínodo de la IglesiaR.R.

La mujer en la Iglesia

Nathalie Becquart, subsecretaria del Sínodo: «La Iglesia necesita una puesta a punto permanente»

La primera mujer con derecho a voto en un Sínodo de los Obispos aborda en conversación con este diario los retos de la Iglesia en el siglo XXI.  «Soy heredera de ese nuevo enfoque de entender la Iglesia no como algo jerárquico, sino como Pueblo de Dios»

La religiosa francesa Nathalie Becquart es desde el pasado mes de febrero la subsecretaria del Sínodo de los Obispos. Es la primera mujer con derecho a voto en un Sínodo, lo que supone toda una novedad en la presencia y participación femenina en la Iglesia. Asegura que entiende la resistencia y los miedos al cambio de algunas personas con el proceso que se ha abierto este año, pero considera que en el Concilio Vaticano II se fijó una hoja de ruta en la que se establecía la necesidad de «una puesta a punto permanente, como un ‘software’ que debes actualizar con regularidad». Licenciada en Empresariales, ha trabajado también en Marketing y Comunicación antes de entrar en la Congregación de Xavieres en 1995. Desde esa fecha se ha dedicado muy especialmente a la Pastoral Juvenil y es autora de varios libros de espiritualidad, entre los que destaca 100 oraciones para capear la tormenta.
– ¿Por qué cree que el Papa quiso contar especialmente con usted para el Sínodo?
– No lo sé. Para mí fue toda una sorpresa. No siento que me haya nombrado a mí sin entender que estoy unida a tanta gente, que soy fruto de tantas relaciones y encuentros con otros. De alguna forma agradezco a todas las personas, a las hermanas, que han hecho que yo sea quien soy hoy día. Siento que estoy aquí como mujer, como hermana, como laica conectada con todo el pueblo de Dios. A mi juicio, lo que realmente el Papa quería hacer es poner en el centro, y en el foco, a todos los bautizados.
– Licenciada en Empresas y con experiencia en Márketing. ¿Cómo le ayuda esta formación en el Vaticano?
– Le aseguro que he aprendido mucho con mis estudios y especialización en Empresa. También los dos años de experiencia en Comunicación y Publicidad han sido útiles, porque es parte de mi trabajo pastoral de hoy. El servicio a la Iglesia hoy día depende mucho de la Comunicación. Es parte de nuestro mundo. Vivimos en la Sociedad de la Información. Es clave saber adaptar el lenguaje, hablar con la gente y saber llegar donde están. Confío en todo lo que he aprendido de Comunicación, y también de Gestión de Proyectos, porque tenemos que afrontar el Sínodo como un gran proyecto internacional. Y no se trata solo, esto es importante, de plantear las cuestiones teóricas de fondo y los objetivos, también se debe afrontar la logística, el trabajo en equipo y la cadena de mando. Es importante que quienes tiene un ministerio hoy día, no solo estén formados en Teología, que es esencial, sino que también cuenten con otras habilidades para responder mejor a la llamada de Dios.

El Sínodo es un proceso espiritual sobre cómo podemos construir juntos la Iglesia de hoy y de mañana

– Comunicar un Sinodo sobre la Sinodalidad es todo un desafío. ¿Cómo se puede hacer llegar ese concepto abstracto a los fieles normales?
– La complejidad del Sínodo, es cierto, es que puede parecer un concepto abstracto, pero es fácil de transmitir. Lo digo porque Sínodo e Iglesia son sinónimos. Se trata de hablar de la Iglesia. ¿Qué tipo de Iglesia queremos ser hoy día? O mejor dicho: ¿Cómo quiere Dios que sea la Iglesia de hoy día para estar con la gente, para llegar a la gente de este siglo? Se trata de saber cómo continuar con la misma misión, con el mismo espíritu de los comienzos para comunicar la alegría del Evangelio. Porque la misión de la Iglesia es trabajar con la gente, ayudarles a crecer, a tener una vida mejor y servir al mundo para construir una casa común. El Sínodo es un proceso espiritual sobre cómo podemos construir juntos la Iglesia de hoy y de mañana. Se trata de afrontar lo que debemos cambiar para ser una Iglesia que entusiasme, una Iglesia inclusiva, abierta a las relaciones, en la que todos somos protagonistas a la hora de servir a la sociedad y relacionarnos con todos. En definitiva, una Iglesia con un enfoque de acogida y fraternidad. Ese sí que es un concepto fácil de entender.
Nathalie Becquart durante una de sus ponencias explicando este nuevo Sínodo

Nathalie Becquart durante una de sus ponenciasWikimedia

– Ha citado el término ‘cambiar’. Y ese es quizá el temor de muchos fieles. ¿Por qué hace falta cambiar la Iglesia?
– Lo entiendo perfectamente porque en todas las organizaciones cuando hablas de cambio o sientes que algo cambia aparecen miedos y resistencia. Un proceso de cambio siempre conduce a lo desconocido. Es normal, ya que a totos nos cuesta adaptarnos a un cambio. Pero si miras la Iglesia desde los comienzos, la Iglesia primitiva, justo después de la muerte y resurrección de Cristo, y la comparas con la Iglesia de hoy, ha cambiado mucho a través de la historia. 

No se trata de cambiar la naturaleza de la Iglesia sino de ser fieles a la misión que ha tenido desde los primeros tiempos

Porque la Iglesia está formada por personas concretas, en un contexto histórico determinado. La Iglesia es diferente en España, en Estados Unidos, en Nueva Guinea o en China. Por tanto se trata de conformar la Iglesia en un contexto histórico concreto. Si miras la historia de la Iglesia siempre se ha mantenido la esencia. No se trata de cambiar la naturaleza de la Iglesia, que ha permanecido igual desde el principio. Se trata de ser fieles a la misión que ha tenido la Iglesia desde los primeros tiempos. Se trata de ser fiel a esa esencia en un mundo cambiante. Somos conscientes de que todo está cambiando muy rápido y especialmente durante la pandemia. Así que no podemos permanecer estáticos, como si nada hubiera pasado, porque la Iglesia está en el mundo y es importante discernir de qué manera podemos ser fieles a nuestra misión.
– Usted siempre ha mencionado el Concilio Vaticano II como un elemento clave para la Iglesia y para la Sinodalidad. ¿Por qué motivo?
– La hoja de ruta que tenemos en la Iglesia de hoy nos ha sido dada y está escrita en el Concilio Vaticano II. En aquella época se partía de una idea de Juan XXIII de que es preciso actualizar la Iglesia, necesita una puesta a punto, como un ‘software’ que debemos renovar de forma permanente. Y lo que entendemos cuando hablamos de una Iglesia Sinodal es una idea de comunión, de participación de todos, una Iglesia de misión enfocada al servicio de los demás. Esta idea es un fruto del Concilio Vaticano II. El Sínodo de Obispos en el que estoy trabajando fue creado al final del Concilio por el Papa Pablo VI. Personalmente pienso, al igual que el Papa Francisco y muchos teólogos, que el Sínodo y la sinodalidad es uno de los mejores frutos del Concilio. Como mujer, soy heredera de ese nuevo enfoque del Concilio de entender la Iglesia no como algo jerárquico, como una pirámide, sino como Pueblo de Dios, de personas que trabajan juntas en una comunidad. En ese sentido, y ahí ayudan mis estudios en Eclesiología, este proceso está en la hoja de ruta de la Iglesia y el Papa Benedicto XVI también dice que es como un GPS de la Iglesia.
– Hace unas semanas se inauguró oficialmente el Sínodo. Pero ahora la responsabilidad está en cada diócesis. ¿Cómo está funcionando?
– Estoy muy sorprendida. Utilizo las redes sociales para seguir y escuchar qué está sucediendo en el mundo y en las diócesis. Y es impresionante ver el nivel de creatividad, cómo en muchas diócesis han gestionado la liturgia para la inauguración del Sínodo, o los equipos sinodales, así como iniciativas en internet en todo el mundo. Es un tipo de tendencia mundial, con mucha diversidad, que no es igual en todas partes. Pero quienes trabajamos en la Secretaría del Sínodo estamos impresionados con todo lo que está sucediendo en muchas diócesis.  
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