29 de junio de 2022

xavier fàbrega

La persecución finlandesa a la fe

Sigue siendo necesario, en un Estado de derecho como Finlandia, defender la posibilidad de compartir creencias que son parte de uno de los libros fundacionales de la cultura occidental

En la Edad Media uno podía ser juzgado por la Inquisición por decir algo que fuese en contra de la Biblia. En el siglo XXI uno puedo ser juzgado por tuitear un versículo de la Biblia.
Esto, que puede parecer una noticia de otros tiempos, es lo que ha sufrido Päivi Räsänen, diputada finlandesa durante más de 25 años, cuando cuestionó el apoyo de los dirigentes de la iglesia luterana finlandesa al evento LGTB 'Orgullo 2019' publicando un tuit con unos versículos de la Biblia. Ese fue el principio de un periplo policial y judicial que dura hasta hoy.
La policía la investigó e interrogó durante más de 13 horas sobre el contenido del tuit y sobre sus intenciones al publicarlo. Además, también le preguntaron por unas declaraciones que había hecho en un programa radiofónico ese mismo año y por un folleto que Räsänen había publicado en 2004, 17 años antes de los hechos (!) y del que solo se imprimieron unos pocos cientos de ejemplares. El título del folleto era ‘Hombre y mujer, Él los creó’ y en él se explicaba la doctrina cristiana sobre el matrimonio y la moral sexual. El obispo luterano Juhana Pohjola, presidente de la fundación de la iglesia luterana que publicó el mencionado folleto, también fue investigado. Al final de estas investigaciones, la policía recomendó no presentar cargos en dos de los tres casos.
Finalmente, en abril de 2021, la fiscal general de Finlandia, a pesar de que la policía había concluido que las declaraciones de Räsänen no eran delito, presentó tres cargos contra ella y uno contra el obispo Pohjola. El obispo, a juicio de la fiscal, era culpable de haber publicado el folleto de Räsänen. Ambos estaban cometiendo 'incitación al odio' (el término en Finlandia es 'agitación étnica') Räsänen por escribir un tuit, participar en un debate en la radio y escribir un folleto y el obispo Pohjola por publicarlo.
Durante el juicio, que tuvo lugar a principios de este año, la fiscal citó abundantemente la Biblia e interrogó a ambos acusados sobre la doctrina de «amar al pecador, odiar el pecado». La fiscal afirmaba que la palabra «pecado» –utilizada más de 400 veces en las escrituras y central para entender el concepto cristiano del perdón– podía ser en sí misma «dañina». No importaba que Räsänen hubiese dicho públicamente que todos eran pecadores, incluida ella misma. Esto iba en contra del principio de «igualdad», según la propia fiscalía.

Es sorprendente que la fiscal no entienda que los cristianos tengan creencias cristianas y que estos, al igual que todos los demás, tienen derecho a expresarlas en público

El veredicto del tribunal del distrito fue apabullante: absolución por unanimidad de todos los cargos para Räsänen y para el obispo Pohjola y condena a la fiscalía a pagar más de 60.000 € en concepto de costas. A pesar de una sentencia tan abrumadora, la fiscal ya ha anunciado que recurrirá. A diferencia de muchos otros sistemas jurídicos, en la legislación finlandesa la acusación puede recurrir los veredictos de «no culpable» hasta llegar al Tribunal Supremo.
Es reconfortante ver como la misma Räsänen afronta la apelación de la sentencia con el convencimiento de su inocencia y la firme voluntad de defenderse de las acusaciones de la fiscalía que constituyen un ataque flagrante contra la libertad de expresión. Ella misma ha dicho que está «consternada por el hecho de que el fiscal no deje de lado esta campaña de acoso contra mí». Pero que está «dispuesta a defender la libertad de expresión y religiosa», no solo por ella, sino «por todos los que puedan verse afectados en un futuro.»
Puede parecer una broma de mal gusto, pero sigue siendo necesario, en un Estado de derecho como Finlandia, defender la posibilidad de compartir creencias que son parte de uno de los libros fundacionales de la cultura occidental. Y es que estas creencias no atentan, como sostiene la fiscal de Finlandia, contra el principio de igualdad y no es, por políticamente incorrecto que este sea, una incitación al odio. Es, más bien, una manifestación del libre ejercicio de la libertad de expresión y de las creencias religiosas de millones de cristianos. Negar la posibilidad de compartir en público unos versículos de la Biblia es, no solo poner en evidencia a los cristianos, sino cuestionar las bases de toda la cultura occidental. Es sorprendente que la fiscal no entienda que los cristianos tengan creencias cristianas y que estos, al igual que todos los demás, tienen derecho a expresarlas en público.
Ciertamente, hemos recorrido un largo camino desde 1976, año en que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo declaró que la libertad de expresión, garantizada por el artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, se extendía a los discursos e ideas que «ofenden, chocan o molestan». El Tribunal dictaminó que tolerar las ideas ofensivas es la exigencia «del pluralismo, la tolerancia y la amplitud de miras, sin las cuales no habría sociedad democrática». No hay que olvidar que el derecho a la libertad religiosa no es un derecho que solo tienen los creyentes, sino que es un derecho de configuración legal y de origen liberal, del que disfrutan todos los ciudadanos.
El hecho que tanto Räsänen como Pohjola hayan sido absueltos de todos los cargos es una victoria atronadora para la libertad de conciencia y la libertad de expresión. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿por qué se consideraron criminales sus condenas en primer lugar? ¿Por qué se malgasta el dinero de los contribuyentes en que sigan siendo procesados incluso después de que el tribunal los haya absuelto por unanimidad? ¿Cómo podemos garantizar que otros no sufran el mismo destino?
Esta persecución sinsentido es consecuencia del olvido de la tradición liberal más clásica que permite al feminismo más beligerante defender sus opiniones en público justo al lado de las procesiones de Semana Santa que inundan, cada año, las calles de España. Que sea Finlandia el sitio donde esta persecución ocurre no es algo alentador, es más bien, un signo claro de que los cimientos de nuestra sociedad se tambalean peligrosamente.
  • Xavier Fàbrega es abogado y Veritas Scholar, Europe en ADF International
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