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15 de junio de 2024

Serrano Oceja, durante su intervención

Serrano Oceja, durante su intervención

La ACdP, en Santander: «Hay españoles que entienden su vida como si el catolicismo no existiera»

Según Serrano Oceja, conviene «despolitizar el concepto de la batalla cultural», recuperar consensos esenciales y recuperar el legado de Benedicto XVI

Este miércoles ha concluido el ciclo de cuatro conferencias «La actualidad ¡a debate!» en Santander, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), junto con la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, el Ateneo de Santander y la Universidad Europea del Atlántico. A lo largo del verano, en este ciclo han intervenido diversos especialistas, como Antonio Olivié, corresponsal en Roma de El Debate, o Alejandro Rodríguez de la Peña, catedrático de Historia Medieval en la Universidad CEU San Pablo. Se ha debatido sobre temas tan variados como la crueldad en el mundo antiguo, la Cuba de los hermanos Castro, la guerra en Ucrania y la diplomacia del Vaticano.

La mesa redonda que ha cerrado este ciclo ha versado sobre «Librar la batalla cultural hoy: retos y desafíos». Han participado Agustín Domingo Moratalla, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valencia; Francisco José Serrano Oceja, catedrático de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo; y Álvaro Durántez Prados, director de Relaciones Institucionales de la Fundación Universitaria Iberoamericana. Ha moderado el coloquio Alfredo Alonso García, consejero nacional y secretario del Centro de Santander de la ACdP.

La mesa redonda

La mesa redonda formada por Serrano Oceja, Domingo Moratalla y Durántez Prados

La batalla cultural

Al comienzo de la tertulia, Alonso García ha señalado que la denominación de «batalla cultural» no posee ánimo hostil, sino que implica una «sana confrontación de ideas». Supone la defensa de la libertad frente al pensamiento único y frente a la coerción de la cultura woke, la cual aspira a instaurar un «año cero» para reescribir los fundamentos antropológicos. Ha comentado que el año pasado CEU Ediciones publicó, precisamente, el libro ¿Librar la batalla cultural? de la mano de Isidro Catela, Agustín Domingo Moratalla, Fernando Lostao, y Pablo Velasco.

Según Serrano Oceja, conviene «despolitizar el concepto de la batalla cultural». Se ha referido de manera explícita a Vox, como partido que asegura: «hemos venido a la política a dar la batalla cultural». Serrano prefiere «salir de ese terreno de juego, ante la emergencia de fenómenos que no sólo están en la política, sino en la cultura y el pensamiento». Ha señalado que dentro del lenguaje eclesial la tendencia más asentada en los últimos tiempos prefiere hablar de «diálogo y encuentro», no de «guerra y batalla». Sin embargo, Serrano, citando a Karl Jaspers, apunta: «El ser humano se ha hecho por primera vez íntegramente problemático, porque no somos capaces de lograr un consenso a la hora de definir lo humano».

Serrano admite que «batalla cultural» tiene resonancias de Antonio Gramsci, el cual postulaba que había que «conquistar la hegemonía cultural a través de posicionamientos de trincheras». En todo caso, el profesor Serrano Oceja entiende que vivimos en «el enfrentamiento de cosmovisiones que se dirimen en el terreno público», de ahí tanto el apremio de esta «guerra», como la necesidad de librarla en ámbitos que no dependan de la lucha entre partidos políticos. «Se está discutiendo la definición de lo básico, qué es ser persona, hombre, mujer», comenta Serrano. Y continúa: «se están dinamitando consensos», tanto a nivel europeo como en España, con el cada vez más intenso cuestionamiento de la Transición.

Domingo Moratalla, durante su intervención

Domingo Moratalla, durante su intervención

Recuperar el consenso

Para Serrano Oceja, urge recuperar consensos en tres áreas esenciales. La primera, «la definición de la naturaleza; la relación del hombre con la naturaleza, y la relación entre naturaleza, libertad y cultura». La segunda área es Occidente. «Hoy está en duda la cultura occidental y sus fundamentos, los que hicieron posible los consensos tras la Segunda Guerra Mundial», dice Serrano. En este sentido, ha señalado la importancia del Derecho romano, así como el equilibrio entre los «actores fundamentales en la tradición cultural: el Estado, la sociedad y la nación». En tercer lugar, Serrano Oceja ha indicado cómo han entrado en cuestionamiento los fundamentos de la modernidad, como el concepto de progreso. «O cambian mucho las cosas, o a nuestros hijos les vamos a dejar un mundo peor, van a vivir peor», advierte.

En su opinión, «el término ‘guerra cultural’ es válido», aunque reconoce: «me gustaría encontrar en el enemigo lo que hay de amigo». Sea como fuere, aclara: «Soy paulino y me creo lo que dice san Pablo en Efesios, capítulo 6; el cristiano está en esta vida en el buen combate, la buena lid, la batalla por la fe». Por eso, san Pablo «nos invita a una militancia». «Hay un enemigo en la historia; llámenlo como quieran (mal, presencial del mail, Diablo…), me da lo mismo, pero esa es la realidad de la experiencia cristiana», explica. Sigue con el ejemplo, citando al apóstol: «Ármate con las armas de Cristo».

En su turno, Agustín Domingo Moratalla ha reconocido que la obra colectiva ¿Librar la batalla cultural? nació después de que Cayetana Álvarez de Toledo –a la puerta del Congreso de los Diputados y tras su desencuentro definitivo con Pablo Casado– se lamentara de que «el PP no está dispuesto a librar la batalla cultural». Sin embargo, el libro editado por CEU Ediciones optaba por «otro punto de vista, desde una perspectiva de mesas redondas a cargo de distintos personajes, pues necesitamos hacer ver que el debate político sea de ideas, no sólo de cuentas, porque la política no se reduce a pura contabilidad».

Durántez Prados, durante su intervención

Durántez Prados, durante su intervención

Encuentro y diálogo

Por tanto, Domingo Moratalla coincide con Serrano Oceja en que la disputa de ideas es algo que debe superar a la discusión de partidos políticos. Dentro de los puntos que señala como esenciales, destaca la necesidad de que la dimensión religiosa esté dentro de estas disquisiciones. No admite la batalla cultural como una lucha contra enemigos, al modo de Gramsci, sino que entiende «el debate como encuentro, como lucha combativa, deportiva, olímpica». Dice: «Aunque no quieras, estás participando en esta batalla, debido a las creencias que tienes; esta confrontación cultural pone en evidencia nuestro compromiso e involucración e la historia, demuestra si estamos contra la banalidad del mal, y hasta qué punto no estamos dispuestos a comulgar con ruedas de molino».

También analiza «el papel de la verdad y el lenguaje público». En este sentido, propone un pluralismo político que no implique relativismo. Por otra parte, y aludiendo a Finkielkraut y su libro La derrota del pensamiento, anota que «el humanismo está en cuestión» debido al auge de las políticas identitarias.

Por su parte, Durántez Prados afirma: «No hay peor batalla o guerra que lo que no se librar». En su opinión, se trata de «acercar posiciones sobre la verdad». Uno de los aspectos más específicos de su intervención giró en torno a la defensa de la comunidad que suponen los países de lengua española y portuguesa. Según Durántez, se trata de una civilización que puede ofrecer una alternativa a los excesos de la «globalización anglosajona», gracias a una tradición de mestizaje, religión y derechos humanos que arranca en la Escuela de Salamanca con «vocación universal». Casi mil millones de personas «desde Timor Oriental hasta Bolivia, desde Andorra hasta Angola». A lo cual adjunta el consejo evangélico de ser astutos como sierpes.

Al final del acto, Serrano Oceja, además de animar a recuperar el legado de Benedicto XVI, señaló: «Estamos en un momento en que ya hay generaciones de españoles que entienden su vida como si el catolicismo no existiera en lo que les rodea». Por eso, unos amigos suyos evangélicos «esperan para actuar en la siguiente generación, cuando se llegue al límite, a la explosión, a la catarsis».

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