Una periodista trata, infructuosamente, de arrancar unas palabras al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén. Es un candidato que gusta: italiano, religioso (es franciscano), polifacético y querido en Tierra Santa, donde ha logrado un ascendiente sobre judíos y musulmanes. Algunos le ponen una pega: tiene 60 años, demasiado «joven» para acceder a la Silla de Pedro.