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El 'cura malabarista' que usa sus trucos (como San Juan Bosco) para acercar a los jóvenes a Dios

El sacerdote del Hogar de la Madre durante su visita a El Debate

El 'cura malabarista' que usa sus trucos (como San Juan Bosco) para acercar a los jóvenes a Dios

El P. René Zambrano se ha dado a conocer en la Jornada Eucarística Mariana Juvenil, donde ha deleitado a más de 1.700 personas con sus habilidades

En la segunda Jornada Eucarística Mariana Juvenil (JEMJ) que se celebró en Covadonga (Asturias) el pasado fin de semana con más de 1.700 jóvenes, uno de los momentos más impactantes fue cuando aparecieron sobre el escenario tres sacerdotes vestidos con sus sotanas... portando malabares, pelotas y aros. Los jóvenes asistieron atónitos a los trucos y habilidades de los tres religiosos que pertenecían a los Siervos del Hogar de la Madre, una congregación fundada en España por el P. Rafael Alonso Reymundo.

El que los dirigía era el P. René Zambrana, un sacerdote estadounidense de raíces hispanas que acaba de ser destinado a Ecuador para trabajar allí apostólicamente. Antes de partir al país sudamericano ha visitado la sede de El Debate.

– Algunos le reconocen como «el cura malabarista». No le resulta irrespetuoso, ¿verdad?

– No; en absoluto.

– Más de 1.700 jóvenes han flipado con usted este pasado fin de semana en Covadonga...

– Yo soy un sacerdote del Hogar de la Madre. Llevo diez años de sacerdote, 20 años de religioso y 30 años de misa diaria. Y cuando empecé a ir a misa diaria fue también cuando empecé a hacer malabares. Cuando pasé la edad del pavo, tenía una de esas crisis clásicas y recuerdo cómo, bajando a la cocina y hablando con mi madre, le dije con lágrimas en los ojos: Mamá, yo tengo esa capacidad para aprender malabares; no tanta destreza, sino más bien la tenacidad, el seguir practicando una cosa hasta conseguirlo. ¡Pero me parece algo inútil!

Mi madre me habló en ese momento de San Juan Bosco, al que yo no conocía de nada, y ya con eso decidí que quería seguir practicando, aunque no lo usara en ese momento. Era curioso, porque en el instituto mis amigos no sabían que yo hacía malabares. Sí, es verdad que cogía un libro y daba vueltas con el libro entre clase y clase, pero no sabían que hacía más cosas. Estaba «practicando en secreto».

– Y, en estos diez años de sacerdocio, usted ha usado esa técnica tan propia de San Juan Bosco para atraer a los jóvenes al Evangelio...

– Sí. Me fue muy útil en Irlanda, donde he vivido seis años. Recuerdo la primera vez que entramos en un instituto. ¡Daba miedo! Eran unos tíos grandes que jugaban al hurling y estaban al fondo del aula, con los pies encima de la silla, como riéndose. El sacerdote que venía conmigo, me dijo: Mira, tú empiezas, haz malabares, haz algo. Así me da tiempo a pensar qué voy a decir yo.

Así que entré haciendo malabares y me salió fatal, que es algo que me suele pasar cuando me pongo nervioso, y se me caía todo al suelo. Pero entonces agarré el pupitre del profesor, quité todo de encima y me la apoyé por una esquina en la barbilla haciendo equilibrios. ¡La mesa probablemente pesaba más que yo! Los chicos empezaron a mirar y a decir muchos tacos, así que yo estaba más contento que nunca porque era un signo de aceptación. Recuerdo que bajaron los pies de las sillas y estaban todos mirando. Así luego ya pudieron escucharnos.

– Las técnicas de San Juan Bosco siguen funcionando 150 años después...

– ¡Sí! San Juan Bosco tiene muchísimas técnicas. Él hablaba siempre de religión, razón y amabilidad. Era lo esencial a la hora de ensañar. Si empiezas a hablar con autoritarismo, o sin razonar, diciendo: ¡Es así porque lo digo yo!, eso no funciona.

– ¿Cómo le fue la experiencia del fin de semana pasado en Covadonga? ¿Qué le decían los jóvenes?

– Pues ha sido una preciosidad y, realmente, para mí ha sido un descanso. Los jóvenes estaban encantados con el ambiente. Algún joven me dijo: Me da la impresión de que cuando hay un ambiente de paz, donde están cerca Jesús y la Virgen, se expulsa al demonio; el demonio no puede hacer nada en esos sitios.

Yo empecé a pensarlo teológicamente, y después dije: ¡Sí, es así! Para mí ha sido un ejemplo de cómo ese ambiente sano expulsa al demonio.

Un sueño «profético»

– Usted es de Estados Unidos, aunque habla muy bien el español. Cuéntenos cómo descubrió su vocación sacerdotal.

– En Estados Unidos apenas tuve contacto con el Hogar de la Madre. Pero una amiga de mi madre conoció a uno de los sacerdotes, y el Señor me había puesto en el corazón el deseo de aprender español, porque no lo hablábamos en casa, y lo poco que sabía lo iba a perder del todo.

Me vine a España un mes en verano con el Hogar de la Madre. Cuando regresé a casa, un día sonó el teléfono y era la chica con la que estaba saliendo más o menos, y me dijo: Anoche tuve un sueño. Estabas vestido de sacerdote, ¡así que tienes que ser sacerdote! Evidentemente, no me convenció. Pero, por otra parte, dejó en mí una inquietud.

– Eso de tener sueños proféticos es muy de San Juan Bosco también...

– En mi caso, eran otros los que tenían los sueños y yo, el que tenía que pensar sobre ellos...

– Y, ahora, su congregación le destina a Ecuador, después de evangelizar durante seis años en Irlanda. ¿Ya ha estado allí anteriormente?

– He estado ahí un mes, pero hace diez años, cuando estaba la hermana Claire.

– ¡La hermana Claire! Que se encuentra actualmente en proceso de beatificación. ¿La conoció usted?

– Muchas veces. Sí, fuimos candidatos a entrar en el Hogar de la Madre más o menos a la vez.

– ¿Qué nos puede decir de ella?

– La verdad es que hablamos poco. No porque había, digamos, una regla de que no hay que hablar, ni por falta de cariño, sino porque cada uno conocía lo que Dios quería, y no había necesidad. También estuvimos en Tierra Santa en el mismo grupo. Ahora, en Ecuador, voy a Playa Prieta, que es donde murió ella.

– ¿A qué se va a dedicar allí apostólicamente?

– En ese lugar tenemos un colegio. Me han dicho que no es fácil. Pero no me importa. Prefiero estar donde hay dificultades. ¡Lo que es fácil no es para mí!

– Como hacer malabares...

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