15 de agosto, Día de la Asunción: una gran fiesta popular de todos los pueblos de España
El papa Pio XII, en la constitución apostólica Munificentissimus Deu, proclama como dogma de fe de la Iglesia Católica (1 de noviembre de 1950) la Asunción de María, Madre de Jesús, a los cielos en cuerpo y alma, tras su muerte
Fray Luis de León compuso 'A Nuestra Señora'
Un día este, 15 de agosto, para recordar la obra A Nuestra Señora, compuesta cuando fray Luis de León estaba preso en la cárcel de la Inquisición de Valladolid (su cautiverio duró de 1572 a 1576), acusado de simpatía judaizante, primero, y de haber traducido al castellano el Cantar de los Cantares, de Salomón, eludiendo la prohibición del Concilio de Trento.
Para el Padre Ángel Custodio Vega (O.S.A.), «es la mejor poesía a la Virgen en lengua castellana y tal vez del mundo entero».
A Nuestra Señora
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la pïedad es cual la alteza:
Los ojos vuelve al suelo,
y mira a un miserable en cárcel dura,
cercado de tinieblas y tristeza:
Y si mayor bajeza
no conoce ni igual juïcio humano,
que el estado en que estoy por culpa ajena:
Con poderosa mano
quiebra, Reina del cielo, esta cadena.
Virgen, en cuyo seno
halló la Deïdad digno reposo,
do fue el rigor en dulce amor trocado:
Si blando al riguroso
volviste, bien podrás volver sereno
un corazón de nubes rodeado:
Descubre el deseado
rostro, que admira el cielo, el suelo adora,
y las nubes huirán, lucirá el día:
Tu luz, alta Señora,
venza esta ciega y triste noche mía.
Virgen y Madre junto,
de tu Hacedor dichosa engendradora,
a cuyos pechos floreció la vida:
Mira cómo empeora
y crece mi dolor más cada punto,
el odio cunde, la amistad se olvida:
Si no es de ti valida
la justicia y verdad, que tú engendraste,
¿a dónde hallarán seguro amparo?
Y pues madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo.
Virgen del sol vestida,
de luces eternales coronada,
que huellas con divinos pies la luna:
Envidia emponzoñada,
engaño agudo, lengua fementida,
odio crüel, poder sin ley ninguna,
me hacen guerra a una.
Pues contra un tal ejército maldito,
¿cuál pobre y desarmado será parte,
si tu nombre bendito,
María, no se muestra por mi parte?
Virgen, por quien vencida
llora su perdición la sierpe fiera,
su daño eterno, su burlado intento:
Miran de la ribera
seguras muchas gentes mi caída,
el agua vïolenta, el flaco aliento.
Los unos con contento,
los otros con espanto, el más pïadoso
con lástima la inútil voz fatiga:
Yo, puesto en ti el lloroso
rostro, cortando voy la onda enemiga.
Virgen, del Padre Esposa,
dulce Madre del Hijo, templo santo
del inmortal Amor, del hombre escudo:
no veo sino espanto;
Si miro la morada, es peligrosa;
si la salida, incierta; el favor mudo,
el enemigo crudo,
desnuda, la verdad, muy proveída
de valedores, de armas la mentira:
La miserable vida,
sólo, cuando me vuelvo a ti, respira.
Virgen, que al alto ruego
no más humilde Sí diste que honesto,
en quien los cielos contemplar desean:
Como terrero puesto,
los brazos presos, de los ojos ciego,
a cien flechas estoy que me rodean,
que en herirme se emplean;
Siento el dolor, mas no veo la mano;
ni puedo huir, ni me es dado escudarme:
Quiera tu soberano
Hijo, Madre de amor, por ti librarme.
Virgen, lucero amado,
en mar tempestuosa clara guía,
a cuyo santo rayo calla el viento:
Mil olas a porfía
hunden en el abismo un desarmado
leño de vela y remo, que sin tiento
el húmedo elemento
corre; la noche carga, el aire truena,
ya por el suelo va, ya el cielo toca:
gime la rota antena:
Socorre antes que embiste en cruda roca.
Virgen, no inficionada
de la común mancilla y mal primero,
que al humano linaje contamina:
Bien sabes que en ti espero
desde mi tierna edad; y, si malvada
fuerza, que me venció, ha hecho indina
de tu guarda divina
mi vida pecadora: tu clemencia
tanto mostrará más su bien crecido,
cuanto es más la dolencia,
y yo merezco menos ser valido.
Virgen, el dolor fiero
añuda ya la lengua, y no consiente
que publique la voz cuanto desea.
Mas oye tú al doliente
ánimo, que continuo a ti vocea.
Conforman la composición 104 versos, así repartidos: nueve estancias de 11 versos y una estrofa alirada de cinco versos que sirve de remate. La estructura conceptual de las estancias responde a un patrón.
Este es que los versos 1-3 cantan una excelencia o prerrogativa de la Virgen; los versos 4-6 son una invocación a la Virgen, a la que el fraile agustino expone los males que le aquejan; los versos 7-9 son una valoración de la intensidad de dichos males, para los que no hay remedio en el mundo terrenal; y los versos 10-11 contienen un ruego de amparo y liberación de esos males.
Los cinco versos con los que concluye la obra presentan a un poeta exhausto, pero confiado en la Virgen, a la que suplica que oiga continuamente su dolorida voz.
Las estancias responden a la siguiente distribución silábica y de rimas en consonante: 7-11-11-7-11-11-7-11-11-7-11 (versos heptasílabos: 1, 4, 7 y 10. Versos endecasílabos: 2, 3, 5, 6, 8, 9 y 11) con rima aBCbACcDEdE (versos 1 con 5; 2 con 4; 3 con 6 y 7; 8 con 10; y 9 con 11). La estrofa alirada consta de cinco versos: 1 y 4, heptasílabos; 2, 3 y 5, endecasílabos. En cuanto a la rima, el verso 1 queda libre; el 2 rima con el 4 (/-énte/) y el 3 con el 5 (/-éa/).
Fray Luis de León toma como referencia para su obra la Composición 366 con la que Petrarca concluye su Cancionero: «Vergine bella…». De hecho, algunos versos son traducción directa del original petrarquista. Y puestos a comparar, el Padre Ángel Custodio Vega afirma: «Es más corta que la de éste (la del Petrarca tiene 137 versos; la de fray Luis de León, 104), pero infinitamente más bella, más sentida y más teológica».