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El Papa León XIV durante la misa del Ángelus de hoy

El Papa León XIV durante el rezo del ÁngelusEFE/EPA/MASSIMO PERCOSSI

El Papa exhorta a la Iglesia ser un «taller de humildad, acogiendo a todos»

El Santo Padre ha recordado, antes del rezo del Ángelus, que la humildad es «ser libre de uno mismo» y nace «cuando el Reino de Dios y su justicia se han convertido verdaderamente en nuestro interés y podemos permitirnos mirar lejos»

Durante sus reflexiones antes de dirigir el rezo del Ángelus, el Papa León XIV ha rezado para que la Iglesia sea siempre «una escuela de humildad» siguiendo el ejemplo de Jesús, así como «una casa donde todos sean bienvenidos», donde se dejen a un lado las rivalidades.

Asimismo ha recordado que la humildad es «ser libre de uno mismo» y nace «cuando el Reino de Dios y su justicia se han convertido verdaderamente en nuestro interés y podemos permitirnos mirar lejos: no la punta de nuestros pies, ¡sino lejos!». Por otro lado, el Santo Padre ha animado a aprender a servir como Cristo y a mirar más allá de uno mismo.

En este sentido, León XIV reflexionó sobre un pasaje del Evangelio del día, tomado del evangelista Lucas, en el que Jesús almuerza en casa de uno de los jefes de los fariseos y observa «que hay una carrera por ocupar los primeros lugares» por lo que pide a la Iglesia que «sea para todos un taller de humildad, es decir, esa casa en la que siempre se es bienvenido, donde los puestos no se conquistan, donde Jesús puede tomar todavía la Palabra y educarnos en su humildad y su libertad».

Además, el Papa subraya que el Evangelio usa la palabra «humildad para describir la forma plena de la libertad» y advierte que aquel que «se engrandece, en general –evidencia– parece no haber encontrado nada más interesante que sí mismo y, en el fondo tiene poca seguridad en sí», mientras que aquel que «ha comprendido que es muy valioso a los ojos de Dios, quien se siente profundamente hijo o hija de Dios, tiene cosas más grandes de las que gloriarse y posee una dignidad que brilla por sí sola».

Por último, explicó que aunque los comensales «observaban a Jesús con cierta desconfianza», el encuentro se hace posible «porque Jesús se hace realmente cercano» y «se hace huésped de verdad, con respeto y autenticidad» al tiempo que «renuncia a esos buenos modales que son sólo formalidades que eluden comprometerse recíprocamente». Así, «tener invitados ensancha el espacio del corazón, y hacerse huésped exige la humildad de entrar en el mundo del otro. Una cultura del encuentro se nutre de estos gestos que acercan», termina su reflexión desde la ventada del Palacio Apostólico.

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