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Monseñor Martínez Camino durante su entrevista a 'El Debate'

Entrevista a monseñor Juan Antonio Martínez Camino, autor de 'Los 39 mártires de 1934 en España'

«En la España de los años 30 se buscó suprimir la Iglesia para implantar una república socialista totalitaria»

El obispo auxiliar de Madrid recupera en su nuevo libro la memoria de los primeros de los miles de mártires que dejaría el siglo XX en nuestro país

Es uno de los obispos «intelectuales» de España, aunque insiste en que el intelecto debe llevar a la acción. Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, ciertamente, no para, y acaba de publicar Los 39 mártires de 1934 en España (editorial Encuentro), dentro de la colección Mártires del siglo XX, que él mismo dirige. Es obispo auxiliar de Madrid, licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valladolid y doctor en Teología por la facultad Sankt Georgen de Fráncfort del Main.

– Algunos todavía se sorprenden al descubrir que, en los años 30 del pasado siglo, hubo miles de católicos asesinados por su fe en nuestro país...

– Bueno, este libro es un librito de divulgación que presenta a los 39 católicos que fueron asesinados en el contexto de la Revolución de octubre de 1934, principalmente en Asturias, pero también en otros lugares de España. Porque la Revolución de Octubre estaba pensada y planificada para lograr un cambio de régimen en toda España. Donde tuvo más éxito –un éxito trágico– fue en Asturias, y por eso se llamó así. En ese contexto, que pretendía –muy sintéticamente– hacer de la República que los revolucionarios llamaban burguesa, una república popular o socialista, se dieron los primeros asesinatos de sacerdotes y religiosos y laicos católicos significativos, a quienes podemos llamar los primeros mártires del siglo XX en España. Como se sabe, ocurrió dos años antes de lo que es propiamente la Guerra Civil. Pudieron ser más mártires, pero no menos. Fueron asesinados por ser católicos.

La portada del último libro de Martínez CaminoEncuentro

– Pues algunos intelectuales e historiadores de izquierda niegan que hubiera una persecución religiosa en España. Dicen que fueron casos aislados y poco más...

– La persecución de los años 30 en España, que comienza a ser sangrienta en 1934, conlleva una persecución legal desde 1931, con leyes muy poco respetuosas de la libertad y los derechos humanos, como la prohibición para todas las instituciones católicas de 1933 de dedicarse a la enseñanza; con la incautación de los bienes y la expulsión de la Compañía de Jesús de España en 1932. Todo esto apoyado en la Constitución de 1931. Era una persecución o una restricción grave de los derechos humanos y concretamente de la libertad religiosa. Es cuando se producen estos primeros asesinatos de católicos, de los cuales recogemos en el libro 39. Y en el 36, el proceso revolucionario que arranca desde el 31 prosigue, tendente a convertir a la República en una república socialista. En ese contexto hay una persecución sistemática de la Iglesia católica, igual que la hubo en la Unión Soviética de la Iglesia ortodoxa rusa; igual que la hubo en Albania de todas las confesiones religiosas (musulmanes, católicos y ortodoxos); igual en la República Democrática de Alemania; igual que la hubo antes en la Alemania nacionalsocialista.

Es decir, las ideologías totalitarias del siglo XX, cuando se hicieron con el poder o mientras luchaban por el poder –que es el caso de España–, llevaban en su programa la supresión de la religión como fuerza social. Y en España, concretamente, la supresión de la Iglesia católica. Formaba parte de la acción revolucionaria. No es verdad que fueran casuales o puros sentimientos individuales de venganzas contra un cura o contra una religiosa o contra un miembro de Acción Católica. Y este mismo libro muestra que no son hechos aislados, casuales, y mucho menos ya a partir del 36. Era algo que formaba parte del programa revolucionario.

Monseñor Martínez Camino durante su visita a El DebateMiguel Pérez

– Algunos tratan de justificar esa persecución con la idea tan manida de que la Iglesia siempre estaba del lado de los poderosos, de los terratenientes, etcétera...

– El proceso revolucionario se basa en unas ideologías del odio de clases, de la lucha de clases. Es algo que, en la ideología marxista (que entonces asumían en España no solo el Partido Comunista, que era muy pequeñito en el año 34, sino otros partidos que se llamaban socialistas o también el anarquismo revolucionario), que es una ideología totalitaria, no democrática, no respetuosa con la libertad de la sociedad, tenía como uno de sus elementos ideológicos que la religión es el opio del pueblo. La religión adormece a la sociedad frente a los problemas que existen, a la opresión que existe. Y es verdad que había problemas. Pero la cuestión es cómo se lucha por los derechos.

Las dos grandes guerras tienen de trasfondo unas opciones ideológicas que no dieron buenos frutos. De manera dramática, los totalitarismos a los que ha hecho referencia. Se apartaron de Dios y creyendo así encontrar la libertad. Pero se encontraron con un ídolo sangriento, un ídolo sediento de sangre que se llama progreso. Progreso es el ídolo moderno del que son devotos todos los que se han apartado del Dios vivo y verdadero. Y esos ideólogos creían que había que sacrificar la religión católica, pero también la ortodoxa, la protestante y la musulmana. Evidentemente, son cosas muy distintas. Pero para aquellas ideologías era lo mismo. Era religión. Había que hacer una sociedad donde el ser humano pudiese solucionar todos sus problemas con un supuesto paraíso en la tierra, para el cual la religión era un obstáculo.

«Por primera vez en la redacción del diario 'El Debate' , agradezco el trabajo que lleva a cabo el gran equipo que produce un instrumento de información general con criterio católico, es decir, orientado por la Verdad», ha firmado el prelado en el Libro de Honor

– Esto se concreta en los mártires de Turón (Asturias), donde las historias de martirio son absolutamente escalofriantes, muchas veces propias de mentes casi enfermas...

– Bueno, en la revolución del 34 que, como se sabe, empieza el 5 de octubre de 1934, con su epicentro y origen en Madrid, estaba planificada para toda España. Esa revolución dura poco tiempo, porque la República se defendió, es decir, las autoridades de la República consiguieron sofocar esta revolución para mantener el régimen constitucional de 1931. Solo fueron unos 20 días, sobre todo en Asturias. En Madrid no llega a una semana, y en Barcelona tampoco.

En Madrid hubo 40 muertos; en Barcelona, 80 muertos; en Asturias, entre 1200 y 1500. De todos ellos, un porcentaje alto no murió en los enfrentamientos entre la policía o el ejército y las fuerzas revolucionarias, sino que fueron asesinados en la retaguardia, La mitad son estos mártires católicos de los muertos de la retaguardia. Fueron situaciones de una violencia extrema y de una violencia irracional que algunos justifican. Pero era una violencia que no tiene sentido. Era puramente ideológica, no iba a traer ningún beneficio.

Los mártires de Turón son hermanos de las escuelas cristianas. El mayor tenía 42 años. Los más jóvenes tenían veintitantos años. Llevaban allí menos de un año, porque la ley que prohibía la enseñanza a los religiosos, y venían con una presión tremenda de la violencia que se respiraba, propiciadas por las leyes. En Turón, los grupos revolucionarios eran muy extremistas, y enseguida apresaron a los hermanos de la escuela donde se formaban los hijos de los mineros gratuitamente. No cobraban sueldos ni nada; cobraban para vivir lo que les pagaba la empresa Hullera de Turón y eran muy apreciados por la gente y la juventud del pueblo. Las clases dirigentes políticas son los que crean esta tensión y los que, llegado el momento de la revolución, apresan a los hermanos sin ninguna orden, sin ningún juicio, y los fusilan en el cementerio, a donde ellos van tranquilamente. Los asesinos no eran del pueblo, sino que los trajeron de otro pueblo,

Monseñor Martínez Camino posa junto al retrato de Herrera OriaMiguel Pérez

– Así que nadie de esa zona quiso acabar con sus vidas...

– Los que lo ejecutaron fueron los dirigentes políticos del pueblo, eso sí, los que lo idearon en un contexto programado. Hubo unos dirigentes revolucionarios que llevaron a rajatabla estas cuestiones. Y uno de ellos, después de la Revolución, fue apresado por la policía y hubo juicio. Y en ese juicio declaró que estaba impresionado de cómo aquellos chavales y jóvenes hermanos sabían que los llevaban al cementerio por la noche, y que no iban al frente para ponerlos como parapetos humanos frente a la policía y el ejército, como les habían dicho. Sabían que iban al cementerio a morir, y que iban tranquilos y serenos. Todo esto lo cuenta y está en los documentos de las actas, de los juicios.

– Hay una parte de la Iglesia que parece sentir algo así como una cierta vergüenza por los mártires de los años 30 en España... Como que les da miedo que les puedan identificar con el franquismo...

–La Iglesia en España y la Iglesia católica en todo el mundo da culto a Jesucristo en sus mártires. Y esto no es algo de España, de ahora, de los años 30 del siglo pasado. Esto es algo de toda la historia de la Iglesia. Es un error pensar que es un asunto político que hay que esconder. No es un asunto político, ni meramente social, ni meramente ideológico. Es el martirio de siempre de la Iglesia. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Y la situación de persecución en unos y otros ambientes es normal para la Iglesia. Por lo tanto, querer oscurecer esta realidad religiosa testimonial de los testigos de Cristo con cuestiones sociales o políticas es algo que siempre se ha intentado hacer. También los romanos lo hacían. Mataban a los cristianos porque eran de una religión extraña. Los cristianos son testigos de la libertad de la fe frente a los poderes del mundo, sea el emperador de Roma, sean los poderes totalitarios del siglo XX. Los cristianos aquí no encajan. Y detrás de esta persecución está el enemigo de Dios y de los hombres, el espíritu del mal: Satanás. Por lo tanto, la Iglesia da culto a los mártires hoy como siempre.

Y no interesa tanto quiénes han matado o quiénes no. De hecho, en este libro no aparecen apenas los nombres de los verdugos. En algún caso hay algún nombre porque es necesario para explicar el contexto. Pero cuando se beatifica y canoniza a los mártires, se les pone como ejemplo de ser cristianos, y no es para condenar a nadie. Para los cristianos y los católicos el testimonio los mártires es impresionante. Es un gran estímulo para vivir la fe con alegría, con entusiasmo.