El padre Gonzalo, en uno de sus oratorios
De una parroquia de Gandía hasta Hispanoamérica: así es el 'Oratorio de Niños' que cambia a los más pequeños
«La vida del niño se ilumina llena de gozo», afirma su iniciador, que ha visto cómo se ha expandido esta iniciativa evangelizadora por medio mundo
Reunir a un grupo de entre 12 y 15 niños de 5 a 12 años para que recen, alaben... y estén en silencio. ¿Misión imposible? Y, además, ¿es necesario que niños tan pequeños aprendan a rezar? El que responde es Gonzalo Carbó Volta, de los Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios y creador de los Oratorios de Niños Pequeños (ONP): «San José de Calasanz decía que la oración y la relación con Jesús eran los momentos más importantes de los niños en su vida escolar». Y, siguiendo las palabras de su santo fundador, le surgió otra pregunta: «Pero, esto que vivía Calasanz, ¿los niños de hoy también lo pueden vivir como lo vivían aquellos niños?».
La duda le apareció hace más de 30 años, y Carbó decidió hacer la prueba. «Voy a ver. Y entonces reuní a los niños de un pueblecito Gandía que venían a la parroquia, y con ellos empezamos unas reuniones donde lo importante era la relación con Jesús, un Jesús presente», ha recordado en una entrevista que le han realizado en El espejo de la Iglesia para Cope Almería. «Vimos que los niños están preparados mejor que nadie para el encuentro gratuito con el amor de Jesús, que ha gritado Dejad que los niños vengan a mí, y que si no os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de Dios», subraya el religioso
¿El resultado? «La vida del niño se ilumina llena de gozo, se aferra a las palabras de Dios, las cumple, las vive, se alegra por ello y encuentra en el oratorio un lugar de descanso, pero de descanso en la persona de Jesús», prosigue el sacerdote.
Veinte momentos en una reunión
Pero, ¿cómo conseguir esto en la era de los niños hiperconectados, donde parece que las pantallas y los dispositivos electrónicos son una prolongación de sus manos? «Hay 20 momentos diferentes en una reunión del oratorio, lo que lo hace pedagógicamente muy interesante», explica el sacerdote, dejando entrever su impronta calasancia. «Pero luego, fundamentalmente, hay tres partes: una de oración del corazón, de intimidad, ayudado con pequeñas jaculatorias, con frases cortas que los mismos niños ofrecen para los demás niños», enumera.
«La segunda parte es orar con la Palabra: Jesús nos habla, Jesús es escuchado, los niños le hablan a Jesús. Ven cómo esa Palabra se vive en ellos, cómo se puede prolongar en sus vidas. También cantan pidiendo ayuda a Jesús en la oración de la Palabra», prosigue. En el tercer momento, «los niños pueden en voz alta hacer oraciones al Señor de petición, de acción de gracias, de bendición, acompañado por todos sus compañeritos: Te doy gracias Señor, y todos: Te damos gracias, Señor. Te bendigo Señor. Te bendecimos, Señor. Te pido, Señor. Te lo pedimos Señor», concluye.
«Fue muy, muy sencillo desarrollar los oratorios. Fue muy sencillo», reitera Carbó. Pero, pese a su sencillez, se han propagado como la pólvora por toda España y por numerosos países iberoamericanos. La semana pasada, por ejemplo, alrededor de 40 personas –entre catequistas, sacerdotes, religiosos, padres y educadores– participaron en las Jornadas de Primera Iniciación al Oratorio de Niños Pequeños que se organizaban por vez primera en Almería, convocadas por la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, en Viator.
«El Señor nos arrastra por todos esos lugares. Ahora, en Andalucía, hemos estado en Almería, pero en en diciembre vamos a ir a Huelva. Hay peticiones también de Granada. En fin, nos sorprende que haya almas que desean acercar los niños a Jesús y buscan, buscan y cuando encuentran el oratorio, pues dicen que por fin lo han encontrado», detalla. «Eso para nosotros era una garantía del amor que el Señor tiene a los niños. Y de la gracia con que nos cuida a nosotros, también», observa.
Los 'Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios'
Resulta conmovedor escuchar al padre Carbó, ya anciano, repasar su vida al servicio de los más pequeños. «Yo tenía la inquietud dentro de estar con los niños desde siempre», afirma. «Yo soy hijo de San José de Calasanz. Desde los siete años lo conozco y lo amo. Y he estado en la orden que él fundó: las Escuelas Pías, de la que después el Señor ha permitido que surja una rama: la congregación de los Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios. La relación con los niños ha sido fundamental y sigo ahí todavía», explica con sencillez el sacerdote.
«Atado a los niños»
Cuándo se le pregunta quién es él, se toma unos segundos para pensar. Y luego, despacio, responde: «Soy un hijo de Dios, pobrecillo, amado hasta el extremo; rebelde en todos sus pecados y viviendo de la misericordia del Señor. Y sorprendido de que Él me tenga tan atado a los niños. Porque ellos más bien me ataron las manos en mi ordenación sacerdotal. Los niños, después de la unción de las manos, me la ataron, diciéndome: Tú eres para nosotros. Y de esto hace ya más de 60 años». «El Señor ha sido fiel, no ha tenido nunca en cuenta mis debilidades y mis pecados, más bien, las ha colmado de su misericordia y de su confianza en mí», concluye.