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El Papa León XIV durante la misa del Ángelus de hoy

El Papa León XIV durante el rezo del ÁngelusEFE/EPA/MASSIMO PERCOSSI

El Papa en el Ángelus: «El verdadero santuario de Dios es Cristo muerto y resucitado»

León XIV ha recordado durante el rezo del Ángelus dominical que la verdadera grandeza de la Iglesia no está en sus piedras ni en su arte, sino en Cristo y en la comunidad de fieles que vive su Evangelio

En el día en que Roma celebra la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, el Papa León XIV ha invitado a los fieles a contemplar esta catedral de la Ciudad Eterna «no sólo como una obra de extraordinaria importancia histórica, artística y religiosa, sino también como la representación de la fuerza motriz de la fe confiada y custodiada por los apóstoles y su transmisión a lo largo de la historia» durante el Ángelus dominical.

Por otro lado, ha indicado que, en su nave central, «alberga las doce grandes estatuas de los apóstoles, primeros seguidores de Cristo y testigos del Evangelio».

Cuerpo principal de la basílica, tras la radical transformación llevada a cabo por Francesco Borromini en el siglo XVII

Cuerpo principal de la basílica, tras la radical transformación llevada a cabo por Francesco Borromini en el siglo XVII

Iglesia como dimensión espiritual

En este sentido, León XIV ha reflexionado acerca de una dimensión espiritual más profunda para comprender en el misterio de la Iglesia, que el templo es mucho más que un simple lugar, un espacio físico o una construcción hecha de piedras:

«El verdadero santuario de Dios es Cristo muerto y resucitado. Él es el único mediador de la salvación, el único Redentor, Aquel que, al unirse a nuestra humanidad y transformarnos con su amor, representa la puerta que se abre de par en par para nosotros y nos conduce al Padre».

Nosotros somos las piedras vivas de la Iglesia

Asimismo, el Santo Padre ha afirmado que «la adoración espiritual debe resplandecer por encima de todo en nuestro testimonio de vida» para recordarnos que también nosotros somos piedras vivas de este edificio espiritual: «Somos la Iglesia de Cristo, su cuerpo, sus miembros llamados a difundir su Evangelio de misericordia, consuelo y paz por todo el mundo».

Por último, el Papa hace un llamado a superar los prejuicios y las debilidades humanas: «Con frecuencia, las debilidades y los errores de los cristianos, junto con tantos estereotipos y prejuicios, nos impiden comprender la riqueza del misterio de la Iglesia. Su santidad, en realidad, no reside en nuestros méritos, sino en el «don del Señor [que] no se revoca jamás», que «con un amor que raya en la paradoja, elige una y otra vez como recipiente de su presencia las manos sucias del hombre»». «Caminemos, pues, con la alegría de ser el Pueblo santo que Dios ha elegido e invoquemos a María, Madre de la Iglesia» ha sido su exhortación final.

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