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María y Quique, los iniciadores de 'Aute'

María y Quique, los iniciadores de 'Aute'

Entrevista a Quique Mira y María Lorenzo

«Nos conocimos por Instagram; ahora creamos contenido católico que llega a cuatro millones de personas al mes»

Contactaron durante la pandemia, se casaron el año pasado y van a participar en el multitudinario encuentro 'LLAMADOS' que se celebrará el lunes en Madrid

No tienen aún muy claro de qué van a hablar en el 'LLAMADOS – Unidos hacia el 2033', pero no se les nota preocupados. «Lo dejamos en manos de la Providencia», confiesan con sencillez desde el otro lado del teléfono. Lo que sí saben es que será durante la mesa redonda que dirigirá el director de cine Juan Manuel Cotelo en el marco del encuentro multitudinario que tendrá lugar el próximo lunes, 12 de enero, a partir de las 19:00 horas, en el Movistar Arena de Madrid.

Les unieron la pandemia y las redes sociales, allá por 2020 y, en mayo de 2025, Quique Mira (Barcelona, 1998) y María Lorenzo (Madrid, 1999) pasaron por el altar para sellar su amor. Pero, en esos cinco años, les dio tiempo para crear AUTE, un grupo de «jóvenes insatisfechos con lo que el mundo les propone, que se encuentran con Jesús y lo siguen». Y, como se conocieron a través de las redes sociales, emplean esas mismas redes para evangelizar. Se ve que no lo hacen mal: sus contenidos llegan a cuatro millones de personas cada mes.

El que primero habla es Quique, un joven de 27 años:

– Yo empecé en redes hace seis años. Desde mi conversión pasaron tres años que fueron para conocer al Señor en profundidad. No le conocía demasiado y no practicaba mucho. Entonces, ahí empecé a crear contenido. Estuve tres años compaginándolo con un trabajo que tenía.

Pero hubo un momento en que me invitaron a Chicago a recibir un curso de liderazgo muy enfocado a jóvenes, de cómo es el joven de hoy, de la sociedad que necesita referencias, líderes fundamentados en el bien, en la verdad, etc. Yo salí de ahí muy conmovido porque me encontré una realidad del joven muy herida, muy tocada, muy superficial y con una incapacidad de hacerse preguntas que le lleven a saber quién soy y para qué estoy aquí.

Así que, cuando volví, dije: El joven de hoy necesita una referencia clara de quién es Jesucristo. O sea, discernir de qué modo podemos transmitir el Evangelio para que le llegue al joven de hoy sin modificar, evidentemente, el Evangelio. Cristo es el que es, pero sí hay que intentar llevar al joven de hoy una respuesta a este deseo.

María y Quique ya han tenido la oportunidad de saludar a León XIV

María y Quique ya han tenido la oportunidad de saludar a León XIV en Roma

– ¿Y cómo lo hacéis?

Quique: Bueno, cómo hacerlo y, sobre todo, no hacerlo solos. O sea, Quique y Mery éramos dos cuentas de Instagram, hacíamos contenido de dos jóvenes en el día a día intentando vivir su fe. Y, luego, cada vez hacíamos más contenidos sobre noviazgo, pero aquí ya había una respuesta que involucraba a otros jóvenes. Hoy somos un equipo de 50 personas con este mismo deseo de decir: Oye, somos jóvenes que quieren compartir su testimonio. Y ahí empezamos a darle estructura y surgió AUTE. Su principal misión es ser un instrumento de la Iglesia católica para compartir el mensaje de Cristo a los jóvenes.

– Has dicho antes que te convertiste. ¿Cómo fue ese proceso?

Quique: Sí, pues eso fue con con 19 años. Yo estaba en la uni, o sea, yo estudié en la pública, en la Universidad de Barcelona, y fue un primer año de carrera que me tocó mucho porque palpé cómo estaba la sociedad y el joven muy de cerca. Recuerdo mucha conversación de bar entre clases tras las que yo volvía a casa muy tocado. Se hablaba de con cuántas tías has estado este fin de semana, hablar de drogas todos los días... Y yo pensaba: Joder, si la vida va solo de esto... Es que no veía un horizonte sano ni posibilidad de ser felices así. Yo estaba como en un momento de cuestionar muchas cosas y, a la vez, muy metido en ese entorno. Hasta los 19 o 20 años estuve muy metido en el entorno de noche y fiesta, trabajando jueves, viernes y sábados. Pero empezaba a estar muy cansado, ese cansancio de no encontrar nada que respondiera a este deseo de felicidad, de vida.

Justo ahí conocí a un sacerdote que, providencialmente, llegaba destinado de México a Barcelona. Le conocí a través de un amigo, y él me invitó en Semana Santa a Madrid a hacer un curso para ser monitor de tiempo libre, montar campamentos y tal. Me cayó muy bien el cura y le dije que sí. El Viernes Santo tuve un diálogo con él que a mí me cambió la vida. Hubo un momento en el viacrucis en el que me cogió por banda, me agarró del hombro y me dijo: Quique, ¿cuándo empezarás a tomarte la vida en serio? Y algo tan sencillo, como este hombre mirándome con esta preocupación hacia mi vida, me conmovió muchísimo. Estuve toda la tarde del Viernes Santo del 2017, el 17 de abril, en la capilla con el Señor, llorando, sintiendo una paz espectacular y un decir: Oye, no sé quién eres, pero quiero conocerte, o sea, quiero saber qué ha pasado aquí, qué tiene que ver esto con mi vida. Y ahí fue mi inicio de camino de conocer la fe de la iglesia, de ir a misa, de rezar.

«Necesitaba experimentar»

– María, ¿tu historia es similar?

María: Pues mira, yo nací en Madrid. Mi familia es católica de toda la vida. Mi tradición, mis abuelos son católicos por las dos partes. Éramos muy de misa de los domingos. Pero tampoco iba más allá. Yo, por ejemplo, no sabía rezar el rosario. Cuando tenía cinco años nos mudamos a Valencia. Mi colegio también era católico, y crecí muy protegida en ese ambiente, y yo siempre he sido una niña muy buena. A los 15 años empecé a salir con un chico durante cinco años. Y cuando llegué a los 20, como que dentro de mí sentía que necesitaba experimentar. O sea, llevaba muchísimo tiempo encerrada en una relación que iba muy bien, pero no había tenido la oportunidad de poder sentir qué significaba estar soltera. Al final era la época de la universidad, de salir de fiesta, conocer a mucha gente nueva...

Con 20 años dejé a mi novio, justo el año anterior la pandemia, y experimenté al 100% todo lo que el mundo me decía: la fiesta, el alcohol, los chicos... Dejé los estudios, quería sentir que yo era libre, que yo hacía con mi vida lo que quería, que era súper feliz... Estaba metida en el mundo del modelaje, en una agencia, y hacía cosas de modelo... Y, de pronto, nos encerraron en pandemia.

Pasé de sentir que la vida me iba fenomenal, de salir de fiesta a sentir que yo por dentro estaba vacía. Como que en pandemia se destapa todo, porque me veo sola en mi casa y empiezo a sentir dentro de mí un vacío, de darme cuenta de que todo esto a mí realmente no me hace feliz y no me llena.

Ese año, también en Viernes Santo, en mi casa mis padres siempre ven la película de La Pasión de Cristo. Yo nunca la había visto, así que la vi con ellos y, en ese momento, surgió en mí ese cambio, esa conversión. Viendo la película, comprendí el sacrificio de Cristo en la cruz por nosotros. A mí me hizo sentir plenamente amada. Yo sentí que la historia que, desde pequeña, me habían contado de Jesús, de tu mejor amigo, se hacía real, y a mí me hacía sentir profundamente amada y profundamente feliz.

A partir de esa película, una semana después, Quique y yo nos conocimos por Instagram. Él se acababa de abrir una cuenta para compartir el mensaje de Cristo, porque ya llevaba varios años de recorrido en la fe y de haber profundizado. Yo estaba con muchísimas preguntas y no entendía muchas cosas. No conocía a ningún joven que hablara de Dios, no entendía cómo se tenía que rezar, no entendía nada. Entonces empecé a ver los videos de Quique, que me dieron muchísima luz. Le escribí y empezamos a hablar. Quique me enseñó a rezar juntos, fuimos hablando por videollamada y, a partir de ahí, empezamos a conocernos. Cuando ya permitieron viajar, Quique vino a conocerme a Valencia y ya está... A los pocos meses empezamos a salir...

Millones de seguidores

– Pero bueno, ¡qué historia tan bonita! Da para una película y para que se la contéis a vuestros nietos dentro de unos años... Entiendo que, paralelamente, vais creando AUTE...

Quique: La idea es que AUTE no es un lugar donde vivir la fe; no es algo autorreferencial en el sentido de que propone un camino. La misión que tiene es compartir este mensaje del Evangelio en los medios digitales. Día a día lanzamos muchas comunicaciones en vídeo, y todo esto llega a un punto en el que al mes alcanzamos con el kerygma a unos 4 millones de personas...

– Qué barbaridad...

– ...y mucha de la gente a la que estábamos llegando venía con la pregunta: ¿Y qué hago ahora? O sea, ¿adónde voy? El contenido que hacéis me suscita muchas preguntas, me remueve, me conmueve. Pero, ¿qué hago? No soy de Madrid; soy de Cuenca, soy de Sevilla y quiero vivir esto.

Entonces, ahí es cuando empezamos a desarrollar WayUpp, una aplicación que tiene la finalidad de ser, entre comillas, un Airbnb para la Iglesia, donde poner ahí todas las realidades eclesiales. Y, así, la misión de AUTE es ser un puente entre entre el joven y la Iglesia. Nuestra misión es ser el puente. E el equipo operativo somos 50 personas. Hay un equipo de comunicación, de marketing, de crecimiento, de financiación... Somos los que estamos en el día a día haciendo la misión.

Y, desde ahí, los jóvenes van a las parroquias o a los movimientos. En el último año han entrado más de 3.100 jóvenes a vivir su fe en comunidad.

Estarán en el 'LLAMADOS'

– ¿Tenéis ya en mente –o en el corazón– de lo que vais a hablar en el 'LLAMADOS – Unidos hacia el 2033'?

Quique: Pues mira, la verdad es que no tenemos mucha idea, porque tampoco nos han dado un guion. Es una mesa redonda, pero vamos a tratar sobre nuestro recorrido y del llamado que habíamos sentido en algún momento a la misión. O sea, de ser dos jóvenes que tenían una proyección laboral, una expectativa a nivel humano, que se imaginan en un trabajo X, en un entorno X y, de repente, el Señor irrumpe en tu vida y te llama a la misión...

María: Es lo que tenemos en el corazón. La cosa es compartirlo con la naturalidad y la autenticidad propia de estar siguiendo al Señor. Un día le dijimos que , e intentamos renovar este mismo todos los días. El fruto está en en su providencia, que al final nosotros hacemos poco y lo que estamos viendo es una brutalidad... Nunca hubiéramos imaginado todo esto. Así que poder compartir con la gente que no somos personas especiales ni nada, sino que hemos recibido un llamado del Señor a nuestra vida, y que todos los jóvenes que van a asistir al Movistar Arena tienen la misma posibilidad de decirle que sí al Señor con su vida...

Al final, cada uno tenemos nuestro camino, y el Señor nos llama de formas muy diferentes. A nosotros, concretamente, de esta forma, pero al resto de la gente, a cada de una forma diferente.

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