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Gabriel Bonnefoy, el pasado 14 de diciembre, día de su ordenación diaconal

Gabriel Bonnefoy, el pasado 14 de diciembre, día de su ordenación diaconalDiócesis de Mende

«Llevaré sotana precisamente para estar cerca de la gente»

El único diácono ordenado en la diócesis francesa de Mende asegura tener «muchos amigos sacerdotes que llevan sotana o alzacuellos y a quienes paran en la calle. Por eso debemos ser visibles»

Gabriel Bonnefoy acaba de recibir la ordenación diaconal y ya ha tumbado uno de los mitos que se repiten en ciertos ambientes como un mantra: el de que los sacerdotes deben vestir «como uno más» para demostrar «su cercanía» al pueblo fiel. «Llevaré sotana precisamente para estar cerca de la gente», contrapone el joven diácono de la diócesis francesa de Mende.

El pasado 14 de diciembre fue un día grande en la localidad de Lozère. «La catedral se quedó pequeña para todos sus hijos… ¡Y esa fue mi mayor alegría el día de mi ordenación diaconal!», rememora ahora Bonnefoy. El joven ha atendido a varios medios de comunicación locales, que le preguntaron si era su intención vestir de sotana. Las declaraciones las ha recogido Riposte catholique: «No considero que llevar sotana sea un retroceso. Para mí es, precisamente, para estar cerca de la gente».

El joven demuestra sensatez y sentido común con sus argumentos: «Objetivamente, la Iglesia pide a los sacerdotes y diáconos que se preparan para el sacerdocio que tengan un símbolo distintivo. Personalmente, lo veo como una forma de obediencia a lo que pide la Iglesia». «Creo que, hoy en día, es muy importante ser visible, porque vivimos en un mundo de la comunicación, donde la gente necesita ver. Mucha gente no me conoce de vista. Es importante que reconozcan que hay un sacerdote para que puedan acercarse a él, hacerle preguntas, confiarle una necesidad», observa el joven diácono.

«Tengo muchos amigos sacerdotes que llevan sotana o alzacuellos y a quienes paran en la calle: así surgen conversaciones, y es muy hermoso», asegura. «Ser sacerdote, entregarse a todos, es también aceptar que te paren en cualquier momento, quizás en un momento inconveniente, porque estamos entregados a los demás. Por eso, debemos ser visibles, entregarnos a todos», subraya.

Bonnefoy recibe la dalmática rosa

Bonnefoy recibe la dalmática rosaDiócesis de Mende

En la revista de su diócesis ha rememorado el día de su reciente ordenación: «Cuando recibí la dalmática rosa, la vestimenta del diácono, un sacerdote me dio una palmadita en el hombro y susurró: '¡Listo para servir!'. Esa frase aún resuena en mí, y esta dalmática que uso durante la misa me ayuda a recordarla: Soy diácono para servirte. A través de mi oración, mi celibato y mi obediencia, ahora estoy a tu servicio, al servicio de tu fe, al servicio de tu alegría. Y, como dije al final de la misa, ayúdame a servirte: ¡un sacerdote y un diácono solo se desgastan cuando no se usan!», concluye.

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