Gruta de la Virgen de Lourdes
Por qué la Virgen de Lourdes sigue movilizando a millones 168 años después
Cada 11 de febrero, cientos de personas vuelven la mirada hacia una pequeña localidad del Pirineo francés donde, en 1858, algo cambió para siempre
Cada 11 de febrero, la Iglesia celebra a Nuestra Señora de Lourdes, una advocación que está más viva que nunca. Cada año visitan este enclave a los pies del Pirineo francés más de 5 millones de peregrinos, y se ha reconocido la curación milagrosa de 7.000 personas hasta ahora, 70 de ellos identificados como milagros por la Iglesia.
Lo que ocurrió en aquella pequeña localidad del Pirineo francés en 1858 a una joven llamada Bernadette Soubirous, escogida por la Madre de Dios para llevar a todos los hombres un mensaje de penitencia, oración y conversión, abrió un camino espiritual que hoy continúa vivo, especialmente entre los enfermos.
En un tiempo de ruido y escepticismo, Lourdes continúa provocando un impacto que va más allá de los análisis sociológicos. El ambiente de silencio, la devoción y la serenidad de la gruta siguen provocando que incluso los menos religiosos se pregunten qué ocurrió realmente allí.
Para la Iglesia, el atractivo se explica por la figura de María. Lourdes recuerda que la Virgen no es un alguien distante, sino una Madre que se acerca donde hay dolor. Quizá por eso el santuario se ha convertido en uno de los destinos preferidos de enfermos y familias rotas por el sufrimiento. Allí, la fragilidad no es un estorbo: es el punto de encuentro.
Una identidad que marcó un antes y un después
El momento que definió Lourdes llegó cuando la Virgen reveló su nombre: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Aquella expresión, proclamada como dogma solo cuatro años antes por Pío IX en su carta apostólica Ineffabilis Deus (en latín, 'Inefable Dios'), confirmó su autenticidad.
Hoy Lourdes recibe a millones de peregrinos cada año, incluidos voluntarios que acompañan a enfermos y jóvenes que buscan respuestas en tiempos de incertidumbre. Cada uno llega con una pregunta distinta, pero todos encuentran la misma mirada: la de una Madre que no abandona. En el día de la fiesta de esta aparición mariana, Lourdes vuelve a proponer un mensaje imperecedero de esperanza, en sintonía con lo que la Virgen dijo en Caná hace dos mil años y hoy sigue resonando: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).