El dictador nicaragüense Daniel Ortega
309 sacerdotes y monjas han sido expulsados de Nicaragua por la dictadura de Ortega
La expulsión del presbítero José Fernández Mairena eleva la cifra de religiosos expelidos por la dictadura que gobierna la república centroamericana
José Concepción Reyes Mairena, de la diócesis de León (Nicaragua), ha sido «retenido e interrogado por funcionarios de Migración y Extranjería de Nicaragua en el Aeropuerto Internacional de Managua el pasado 12 de febrero», revela ACI Prensa, y ha sido «obligado a tomar un vuelo de regreso», asegura Artículo 66. La expulsión del presbítero del país centroamericano es un episodio más de una condena al exilio por la dictadura de Daniel Ortega.
Reyes Mairena llevaba dos años en España y regresaba a la diócesis de la que era miembro y formador del Seminario Mayor, revela el diario. Ya son «309 sacerdotes y monjas que han sido exiliados, expulsados o que no les permiten el ingreso. Más del 95% son nicaragüenses», explica a ACI Prensa Martha Patricia Molina.
Una dictadura que ataca a la Iglesia
Molina es autora de un informe donde expone las presiones de la dictadura de Daniel Ortega a la Iglesia católica en Nicaragua. En su última entrega —fechada en agosto del año pasado—, la abogada en el exilio sitúa en 1.070 los ataques a la Iglesia y afirma que Ortega «ha prohibido 16.500 procesiones desde 2018», números que aumentan «cada día más», recalca Molina.
Sobre Daniel Ortega y su esposa y copresidenta, Rosario Murillo, Molina sostiene que «en sus peroratas hablan de amor y reconciliación, pero sus obras no son consecuentes con sus palabras. Ellos continúan atacando a la Iglesia católica».
Reyes Mairena ha sido el último caso, en el que no ha habido «mediación a su favor por parte del obispo de León, Sócrates René Sándigo Jirón», declara Artículo 66. El prelado es «el único obispo nicaragüense que en 2021 votó en las elecciones presidenciales en las que Ortega fue reelegido, un proceso que fue calificado como una farsa por observadores internacionales», desvela.
Los obispos, los primeros afectados
Molina también advirtió que «lo más grave de este asunto es el relevo de aquellos curas que ya no están más en el país», y mantiene que la dictadura de Ortega prohíbe ordenaciones de diáconos y sacerdotes en las diócesis de Jinotega, Matagalpa, Estelí y Siuna. Las cuatro sedes mencionadas por Molina no tienen a sus obispos presentes en Nicaragua.
Monseñor Carlos Herrera, obispo de Jinotega y presidente de la conferencia episcopal, fue «expulsado del país en noviembre de 2024», afirma Molina, «tras haber criticado a un alcalde afín a la dictadura que había interrumpido una Misa con música a alto volumen», alega. Monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y crítico de la dictadura, fue expulsado a Roma en enero de ese mismo año; mientras que monseñor Isidoro Mora, obispo de Siuna, «estuvo en el mismo grupo de deportados con Mons. Álvarez», expone. Estos tres obispos, junto a monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua que «debió salir de Nicaragua en 2019» —especula Molina—, se han encontrado con el Papa León XIV durante 2025, afirma la abogada en el exilio.
«Encarcelan a personas inocentes solo por pensar diferente»
«El silencio cómplice también mata. En la vida social, callar y no denunciar la injusticia es matar la dignidad de las personas y la esperanza de los pueblos», dijo monseñor Silvio Báez en una homilía que pronunció el pasado 15 de febrero en Miami.
«Privar de libertad, denigrar con falsedades, tratar con crueldad, son acciones homicidas. Son criminales quienes encarcelan a personas inocentes solo por pensar diferente», declaró. «No crean que vamos a olvidar estos crímenes», añadió el prelado. «Yo soy víctima de la muerte civil, a mí me quitaron la nacionalidad. Es como si no existiera. Y este crimen, como el de los otros nicaragüenses, a los que les han hecho lo mismo, lo van a pagar tarde o temprano», concluyó.