Las cuatros religiosas asesinadas en Yemen
Iglesia perseguida
¿Qué es «la Iglesia del delantal», que defendieron hasta la muerte cuatro Misioneras de la Caridad?
Se cumplen diez años del asalto de un comando yihadista a la casa para ancianos que gestionaban las religiosas en Yemen
Reginette y Margarita eran originarias de Ruanda, Anselma procedía de India y Judith era de Kenia. Las cuatro religiosas de las Misioneras de la Caridad fueron asesinadas el 4 de marzo de 2016 por un comando yihadista que asaltó la Casa para Ancianos de Adén (Yemen), gestionada por las hermanas de la Madre Teresa, y acabó también con la vida de doce colaboradores laicos de distintas nacionalidades y religiones.
Durante el ataque fue secuestrado el sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, quien fue liberado en septiembre de 2017 tras una prolongada cautividad.
El Vicariato Apostólico de Arabia Meridional conmemoró ayer el décimo aniversario del martirio de las cuatro religiosas. El obispo Paolo Martinelli, vicario apostólico, presidió una celebración eucarística en su memoria en la catedral de San José de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), según informa Fides.
«Celebrar este aniversario en un momento en que toda la región del Golfo atraviesa un grave conflicto es motivo de esperanza», ha subrayado el prelado. «Las Misioneras de la Caridad entregaron su vida y algunas de ellas siguen hoy presentes en Yemen, sirviendo a los más pobres sin distinción y dando testimonio de la caridad de Cristo que supera toda barrera. Mirándolas, nos sentimos alentados a ser, en esta tierra, constructores de paz», añadió.
Atendían a ancianos y a discapacitados
Hace diez años, las religiosas atendían a ancianos y personas con discapacidad, en su mayoría musulmanes, cuidando tanto sus cuerpos debilitados como sus heridas interiores. Tras la matanza, el entonces vicario apostólico, el capuchino Paul Hinder, relató que la población local las apreciaba profundamente y «admiraba su modo de servir sin fijarse en la pertenencia religiosa, sino solo en la opción de privilegiar a quien más lo necesitaba».
«La memoria de las Misioneras de la Caridad asesinadas en Adén -reconoce hoy el obispo Martinelli, también capuchino- sigue alimentando la vida de nuestra Iglesia y nos impulsa a vivir la fe cada día con alegría y compromiso». Y recuerda las palabras escritas por monseñor Hinder poco después de los hechos de 2016: «Imploremos a las cuatro mártires que intercedan por Yemen y por todo Oriente Medio, para que llegue la paz y cese la violencia».
Las imágenes difundidas tras la masacre mostraban los cuerpos sin vida de las hermanas. Dos de ellas llevaban, sobre el hábito, un sencillo delantal de cocina, el mismo que utilizaban a diario para realizar tareas que exigían «ensuciarse las manos» sin estropear la ropa.
«La Iglesia del delantal»
El recordado obispo italiano Tonino Bello solía pedir que el Señor hiciera callar «por algunos años a los teólogos y a los oradores» que se limitan a pronunciar discursos. Para él, la misión de la Iglesia necesitaba precisamente el delantal: «Es el delantal el que debemos ponernos como Iglesia. Debemos ceñírnoslo de verdad», solía repetir. Una imagen que evocaba el gesto de Cristo al atarse la toalla a la cintura para lavar los pies a sus discípulos antes de la Pasión. «La Iglesia del delantal -afirmaba Tonino Bello - es la Iglesia que Jesús prefiere, porque Él actuó así».
Las religiosas mártires de Yemen fueron asesinadas con el delantal ceñido, símbolo del servicio cotidiano que prestaban a ancianos musulmanes pobres y enfermos por amor a Cristo. No hacían proselitismo: desinfectaban heridas y ofrecían instantes de consuelo a vidas marcadas por el sufrimiento. El odio que destrozó sus cuerpos indefensos fue tan injustificado como el que llevó a Cristo a la cruz.
«Cuanto más cerca está la Iglesia de Jesucristo, más participa de su pasión», afirmó entonces a la agencia Fides el obispo comboniano Camillo Ballin, vicario apostólico de Arabia Septentrional. Y añadió: quien se acerca más a Cristo, «queda implicado en su pasión y en su muerte, para participar también en la gloria de su victoria».
Las Misioneras de la Caridad, fundadas por Teresa de Calcuta, están presentes en Yemen desde 1973, a invitación del entonces gobierno de Yemen del Norte. La Casa para Ancianos de Adén fue inaugurada el 25 de marzo de 1992, también a petición de las autoridades.
Aún hoy -señala un comunicado del Vicariato Apostólico de Arabia Meridional- «la presencia de las Misioneras de la Caridad en Yemen sigue siendo un humilde pero poderoso signo de esperanza, a través de su servicio a los más débiles y pobres». Ahora, dos comunidades de las Misioneras de la Caridad continúan su labor en Hodeidah y Saná.