La liberación duradera de las adicciones no es simplemente cuestión de fuerza de voluntad
Ex alcohólico y ahora sacerdote: «La pornografía es una de las causas de la disminución de las vocaciones»
Durante cerca de 40 años lidió con las adicciones, sumido en la culpa y la vergüenza. Ahora ha descubierto que «Dios está suscitando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos en esta lucha»
Fue una vocación tardía, muy tardía. Robert Steele tenía 57 años cuando el obispo le impuso las manos para transferirle el orden sacerdotal. Llevaba siete sin tomar una gota de alcohol, una adicción que arrastraba desde su adolescencia. «Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento», dilucidaba recientemente en una entrevista con The Catholic Weekly. «Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral», reconoce ahora.
El padre Steele es el párroco de la iglesia de San Patricio en Pukekohe, al sur de Auckland (Nueva Zelanda). Tras años viviendo en la culpa y la vergüenza, ha plasmado toda su experiencia vital de lucha en un libro que ha titulado A Journey of Hope: Combating Pornography on the Internet (Un viaje de esperanza: Combatiendo la pornografía en internet). En él, el sacerdote neozelandés se atreve a abordar un tema que genera mucho silencio: cómo avanzar hacia la sanación y la libertad para aquellas personas atrapadas en patrones compulsivos de contenido sexual en línea.
El sacerdote neozelandés Robert Steele
En su país, el 54 % de los chicos jóvenes y el 14 % de las mujeres jóvenes ven pornografía al menos una vez a la semana. Unas cifras similares a las que se manejan en el resto del mundo occidental. «Lo que me preocupa aún más que los porcentajes es la edad de la primera exposición. Muchos niños se enfrentan a la pornografía a los 9, 10 u 11 años», explica el padre Steele. «En esa etapa, sus cerebros y estructuras morales no están ni remotamente preparados para procesar lo que ven», constata. Eso, inevitablemente, crea unas cadenas que son muy difíciles de romper. Él, que ha tenido que desembarazarse de las del alcohol, sabe bien de qué habla.
Circuitos de recompensa de la adicción
«La pornografía está fuertemente vinculada a la ansiedad, la depresión, la disfunción sexual, el deterioro de las relaciones, una visión distorsionada de la intimidad y el aumento de los patrones de adicción. Neurológicamente, reconfigura los circuitos de recompensa de maneras sorprendentemente similares a las drogas», subraya.
El libro del padre Steele, por ahora solo disponible en inglés
Pero ahí no acaban los problemas: Desde una perspectiva espiritual, «la pornografía educa el corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entrega, la fidelidad, la reverencia al cuerpo y la intimidad auténtica», añade. Y puede llegar a llevarse por delante una vocación: «No diría que la pornografía es el único factor, pero estoy convencido de que es importante. Cuando los hombres viven en la vergüenza crónica, el secretismo y una conducta sexual compulsiva, les resulta mucho más difícil imaginar el sacerdocio, el matrimonio o un compromiso profundo con Dios».
Ahora, el sacerdote ha querido mostrar su propio camino de adicciones, caídas y derrotas para ayudar a otros a salir de ese estado. «Crecí en un ambiente de clase trabajadora, y como muchos hombres de mi generación, caí en patrones de comportamiento adictivo en mi juventud», reconoce. «El alcohol era mi principal problema, pero debajo de él había problemas más profundos: la soledad y heridas sin resolver. Durante mucho tiempo intenté gestionar la vida a mi manera y, simplemente, no funcionó», confiesa.
Trabajaba en el sector turístico, pero se sentía tremendamente infeliz y esclavizado por las adicciones. «Mi punto de inflexión llegó cuando finalmente admití que no podía arreglarme. Inicié la recuperación, acepté la sobriedad y comencé un largo y honesto proceso de sanación interior. Ese camino me enseñó humildad, autoconocimiento y dependencia de la gracia. Llevo 25 años sobrio», relata ahora con orgullo. «A medida que me iba recuperando del alcoholismo, resurgió un interés por el sacerdocio que había estado latente durante mucho tiempo», agrega.
«Fui ordenado sacerdote, llevando conmigo una profunda compasión por las personas que luchan», señala. «Mi vocación es inseparable de mi recuperación. El sacerdocio es la manera en que Dios transformó mis heridas en una fuente de servicio», sostiene.
No es solo cuestión de voluntad
Ahora, el sacerdote neozelandés enseña que romper el ciclo de la adicción a la pornografía se da en tres dimensiones: neurológica, emocional y espiritual. Sugiere diversas tácticas, pero insiste una y otra vez en que «la libertad duradera no es simplemente cuestión de fuerza de voluntad; es un camino de gracia».
El ex alcohólico equipara la lucha contar la adicción con una carrera de fondo: «Los puestos para hidratarse y coger fuerzas son las prácticas tradicionales de la Iglesia católica: la confesión frecuente, la eucaristía, la dirección espiritual, el ayuno y los actos de sacrificio, y la devoción a la Santísima Virgen». «La terapia, los grupos de apoyo y las intervenciones basadas en la neurociencia son realmente útiles», sostiene. «Pero, sin fe, falta algo esencial: significado, perdón, esperanza y trascendencia. La adicción no es solo un problema de comportamiento. Es una herida relacional y espiritual», sentencia.
«La adicción a la pornografía aísla a las personas», escribe el padre Steele en su libro. «La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un círculo vicioso de secretismo», constata. En cuanto a la confesión sacramental, el padre Steele puntualiza que «suele malinterpretarse como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación», explica. «La vergüenza nos dice que nos escondamos, pero la confesión nos llama a salir de las sombras hacia la luz, donde comienza la sanación. Para alguien que lucha contra la pornografía, la confesión regular se convierte en un ancla», sostiene.
El precio del silencio en la Iglesia
Pero surge, entonces, una duda: Si la pornografía es un problema tan grave y habitual, ¿por qué apenas se habla de ello en las iglesias? «A algunos sacerdotes les preocupa avergonzar a los feligreses, provocar reacciones negativas o no usar el lenguaje adecuado. Otros, simplemente, no se sienten capacitados para abordar la adicción sexual», plantea el sacerdote. «Pero el silencio tiene un precio. Cuando los jóvenes y sus padres nunca escuchan a la Iglesia hablar con claridad, compasión y pragmatismo sobre la castidad y la pornografía, asumen que la Iglesia no comprende su mundo. Eso es trágico», lamenta.
Y concluye tratando de averiguar la acción de Dios en sus hijos con adicciones: «Creo sinceramente que Él está suscitando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos en esta lucha. Vivimos en un nuevo campo de batalla espiritual, y el cielo siempre nos provee de nuevos héroes».