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Procesión del Santo Encuentro en Ferrol durante la mañana del Viernes Santo

Procesión del Santo Encuentro en Ferrol durante la mañana del Viernes SantoEFE

Semana Santa 2026

Por qué no se come carne el Viernes Santo: origen y significado de esta tradición católica

El Viernes Santo, al igual que el Miércoles de Ceniza, es un día de ayuno y abstinencia, según el calendario litúrgico

Durante la Semana Santa los cristianos recuerdan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús y muchas familias se reencuentran con una costumbre que trasciende lo religioso: no comer carne durante determinados días. Aunque con el paso de los años, quizás haya perdido relevancia, se trata de una práctica que sigue muy presente en muchos hogares cristianos, ya que tiene un profundo significado que se remonta a los primeros siglos del cristianismo.

Tal y como marca el calendario litúrgico de la Iglesia Católica, tanto el Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma (el periodo litúrgico de cuarenta días que la Iglesia dedica a la preparación espiritual de la Pascua), como el Viernes Santo, día de la Pasión y Muerte de nuestro Salvador, son días de ayuno y abstinencia.

¿Y en qué consiste esta abstinencia? Pues, principalmente, en no comer carne de animales de sangre caliente, es decir, de cerdo, ave o res. Los que siguen además el ayuno, suelen hacer solo una comida fuerte al día, aunque se permiten dos tomas ligeras.

¿Y por qué no se come carne?

No comer carne estos días tan señalados, que en ciertas culturas se extiende también a todos los viernes de Cuaresma, no es una prohibición bíblica, sino una práctica instaurada por la tradición de la Iglesia como acto de devoción.

Tiene un carácter simbólico y penitencial, ya que antiguamente se asociaba la carne al lujo o al banquete festivo. De esta forma, privarse de ella era un sacrificio, una forma de ser austero y de mortificarse, en consonancia con el espíritu de la Cuaresma y del Viernes Santo, que conmemora el sufrimiento y la muerte de nuestro Salvador.

Ya en el siglo IV, San Basilio de Cesarea señalaba que «el ayuno es un medio que nos libera de la esclavitud del pecado y nos acerca a la condición de los ángeles». Más adelante, durante la Edad Media, la Iglesia institucionalizó la abstinencia de carne los viernes, al ser el día en que Cristo murió en la cruz. Esta práctica no se entendía solo como una renuncia física, sino también como un signo que evocaba el sacrificio de Jesús.

En tiempos recientes, el Papa Francisco ha profundizado en esta idea, insistiendo en que el auténtico ayuno va más allá de dejar de comer: implica desprenderse de todo aquello que nos aparta de Dios. Como ejemplo, ha propuesto llevar a cabo un «ayuno de palabras negativas».

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