Fundado en 1910
El padre Valentín es sacerdote en Toledo

El padre Valentín es sacerdote en Toledo

Entrevista al padre Valentín Aparicio, sacerdote de Toledo

«Hoy se dan absolutamente todos los elementos que la Sagrada Escritura dice que precederán al fin»

«Lo propio del Anticristo será inducir a la humanidad a una religiosidad sin Dios, donde la humanidad se da culto a sí misma», advierte el sacerdote

Entre imágenes de batallas, símbolos enigmáticos y advertencias sobre el misterio del mal, el Apocalipsis sigue siendo uno de los textos más incomprendidos de la Biblia. El padre Valentín Aparicio, sacerdote diocesano de Toledo, vicerrector del Seminario Mayor, profesor de Sagrada Escritura y divulgador bíblico (@curadetoledo), propone en esta conversación una lectura serena: qué significan realmente Armagedón, Gog y Magog, cómo entender hoy la figura del Anticristo y por qué este libro, lejos de alimentar lecturas catastrofistas, ofrece claves para interpretar nuestra historia y conservar la esperanza.

–¿Directamente de qué guerras nos habla la Biblia en sus diferentes libros? Bueno, sobre todo en el Apocalipsis, pero en las Cartas de San Juan también.

– En el libro del Apocalipsis se nos habla de diversas batallas. Por ejemplo, está la gran batalla de Armagedón, que literalmente significa Armeguidón, es decir, la montaña de Meguido. Se trata del valle de Yisrael, que es el que está justo enfrente de Nazaret. Y ahí se nos dice que habrá una gran conflagración entre el bien y el mal. Todas las naciones, todos los poderes fácticos, políticos e ideológicos aliados contra Jesucristo y el cristianismo, que es lo que vemos hoy día en nuestra sociedad. Por otro lado, tenemos la batalla de Gog y Magog, como una especie de último desencadenamiento o asalto del mal contra la Iglesia, pero precisamente un último desencadenamiento que pondrá a la Iglesia contra las cuerdas, porque los cristianos eran sitiados en la Ciudad Santa como una pequeña familia.

El Apocalipsis habla de estas dos batallas y, en medio, un periodo donde la Iglesia reina, donde la vida de gracia, sobre todo la vida de la humanidad en comunión con Dios y viviendo de los sacramentos, será bastante generalizada. San Agustín interpretó esto como el periodo de la Iglesia tras la conversión de los cristianos en el Imperio romano y la persecución de Gog y Magog como una especie de último desencadenamiento del mal.

En el Apocalipsis lo que pasa es que existen dos planos. Uno, el plano que está viviendo el propio san Juan, el de las persecuciones de los emperadores romanos contra el cristianismo, que comienzan con Nerón y continúan con Domiciano. El propio san Juan se encuentra desterrado en la isla de Patmos. Los cristianos eran crucificados, echados a las bestias o quemados vivos en las calles de Roma para servir como iluminación pública de la ciudad durante las noches. San Juan ve en estas persecuciones una imagen de lo que la Iglesia va a vivir a lo largo de su historia. Por tanto, el libro del Apocalipsis no sólo nos habla del fin del mundo, sino que nos da una catequesis acerca de cómo el misterio del mal, así lo llama san Pablo, está actuando en la historia. Ahora bien, también en este sentido san Pablo nos habla de que al final habrá un gran desencadenamiento del mal.

En el capítulo veinte del Apocalipsis se nos dice que habrá una infestación o plaga de demonios en la humanidad. Comentando eso, santo Tomás de Aquino dice que llegará un momento en que el pecado, que siempre había existido en la historia, adquirirá unas proporciones jamás vistas, hasta tal punto que se publicitará el pecado, se hará apología del pecado, ostentación de él. Como en muchos programas hoy día de la televisión, la gente presumirá del pecado y dice santo Tomás de Aquino que eso caracterizará los momentos inminentes al fin, algo que nosotros podemos ver.

Cómo será el Anticristo

– ¿Podemos concretar en qué consiste esa figura del Anticristo? ¿Qué notas puede tener? ¿Cómo se va a mostrar?

– Sobre cómo interpretar la figura del Anticristo han surgido muchísimas opiniones en la historia de la Iglesia. De ahí que no podamos ser dogmáticos, no podamos establecer una línea clara, porque entre los propios grandes teólogos hay cierta discrepancia. Por eso es mucho más interesante ver en qué puntos están todos de acuerdo.

En primer lugar, el anticristo no tendrá un rostro horrible, una especie de mirada que espante a la humanidad, sino todo lo contrario. Atraerá a toda la humanidad, obrando signos y prodigios. Así dice san Juan en el Apocalipsis, que obrará el falso profeta, es decir, la segunda bestia venida de la tierra. Intentará instaurar una religiosidad nueva. Se trata de un poder religioso corrupto, que ofrecerá a la humanidad la solución a todos sus problemas. Toda la modernidad filosófica trae como dogma fundamental el mito del progreso. Una humanidad sin Dios es una humanidad que está progresando hacia cimas de bienestar jamás vistas antes. Bueno, se trata de seducir a los hombres con un cebo, así actúa el Anticristo.

Por otro lado, tenemos la new age, es decir, técnicas pseudoterapéuticas acompañadas a través del reiki, yoga o la espiritualidad oriental, que te prometen un bienestar espiritual, pero sin cruz, sin Cristo, sin sacramentos. Si antes el nacimiento de Cristo había marcado un antes y un después, dividiendo la historia de la humanidad en antes de Cristo y después de Cristo, ahora tenemos una new age, una nueva era, donde a través de estas técnicas de relajación recibo lo que antes me daban los sacramentos de la Iglesia, que han sido sustituidos, pero por supuesto sin ninguna referencia a Dios, sino sólo una armonía que me conecta con la energía del universo.

Lo propio del Anticristo, según la Segunda carta a los tesalonicenses de san Pablo, será inducir a la humanidad a una religiosidad sin Dios, donde la humanidad se da culto a sí misma. El Anticristo, dice san Pablo, llega a sentarse incluso en el lugar de Dios, reclamando para sí mismo el culto que antes se le debía a Dios.

Por otro lado, el Anticristo obra prodigios. ¿De qué manera? Logrando una especie de concepción pseudomesiánica. Él se presenta como un falso mesías. ¿Qué es lo propio del Mesías en el Antiguo Testamento? El que redime. El Anticristo logrará la redención de la humanidad a través de técnicas que no son religiosas. Es decir, la redención de la humanidad a través de la política, a través de la diplomacia, a través de la guerra controlada. El hombre ya no necesita de Dios. Somos autosuficientes. Por tanto, la humanidad se salva a sí misma a través de la educación, el desarrollo y el progreso.

El Anticristo se presentará como un pseudomesías. De ahí que muchos lo identifiquen con cierta figura, líder carismático político que logrará llevar a la humanidad a un periodo de relativa paz y progreso jamás visto antes, y toda la humanidad se dirigirá a él como salvador. Precisamente a través de esto puede lograr acaparar la atención, engatusarnos a todos y comenzar a perseguir a la Iglesia, única instancia crítica. De hecho, el Anticristo, todo este tipo de ideología, ya actúa en la iglesia. En la medida en que muchos cristianos no creen con firmeza en la divinidad de Cristo, que Cristo es la segunda persona de la Santísima Trinidad, encarnado, hecho hombre, para salvarnos, esa es la estrategia del Anticristo. Porque san Juan, en sus cartas, dice que el Anticristo es aquel que niega el Logos hecho carne, es decir, Jesucristo hecho carne.

–También el bien está actuando en medio de este mal. Entonces, ¿qué hace el bien durante esta época, este combate? ¿Se duerme, se deja ganar? El libro del Apocalipsis nos infunde mucha esperanza porque nos da un spoiler...

–Un spoiler es que al final de toda esta guerra tan dramática que os acabo de dibujar, el bien va a vencer. Por tanto, siéntete tranquilo porque estás en el bando vencedor. Es más, una vez que se pone en marcha el mal en la historia, Dios siempre concede a la humanidad en el libro del Apocalipsis reiteradas ofertas de arrepentimiento. Como si la misericordia de Dios persiguiera a ese hombre que es un hijo pródigo, ofreciéndole una posibilidad de volver a él mayor de la que hayamos visto jamás en la historia de la humanidad.

De hecho, en el Apocalipsis se nos describen plagas, catástrofes naturales y todo siempre se interpreta con la misma óptica: pero los hombres prefirieron seguir blasfemando antes que convertirse a Dios. Como diciendo, todas las guerras, todas las catástrofes que vemos, bien naturales, bien provocadas por los hombres, en el fondo son toques de atención de la Providencia divina que hace toc toc y llama a tu corazón para decir: No pongas tu esperanza en este mundo que se termina, vuelve a mí, regresa a casa, regresa al Padre, a un Dios que te espera con los brazos abiertos para recibirte en su corazón, que te persigue con su misericordia.

Y no vemos a un Dios simplemente que castiga a la humanidad, sino una humanidad alejada de Dios a la cual Dios en el libro del Apocalipsis da incontables oportunidades de arrepentimiento. De hecho, hoy día vivimos una explosión de retiros, una explosión de movimientos de espiritualidad, de acercamiento a la confesión, de fe eucarística, un revival, por decirlo de alguna forma, jamás visto en los últimos siglos. ¿Qué quiere decir esto? Que Dios ofrece su misericordia.

– ¿Se pueden identificar lugares concretos donde van a ocurrir esas batallas y sucesos, o es difícil?

–El libro del Apocalipsis habla en clave y yo a veces me resisto a concretar los escenarios, porque el Magisterio de la Iglesia nunca lo ha dicho. Veo, más bien, un caldo de cultivo en el mundo presente apoyado, por ejemplo, en san Pío X, que veía en la filosofía moderna la impostura del Anticristo. En Pío XI, que veía las persecuciones contra la Iglesia en el siglo XX, una especie de anticipo de la gran persecución final del Anticristo. La gran apostasía es la religión del Anticristo, es decir, hoy día se están dando ya absolutamente todos y cada uno de los elementos que la Sagrada Escritura dice que precederán al fin.

Ahora, ¿cómo se van a desarrollar los acontecimientos? No lo sabemos. El Apocalipsis no es una especie de cronograma sobre el fin del mundo. Jerusalén se puede entender como la localización geográfica concreta dentro del estado de Israel, donde se va a librar la última batalla contra la Iglesia. Puede ser. Pero también Jerusalén, en la Sagrada Escritura, es símbolo de la Iglesia, la Nueva Jerusalén. Por tanto, más que una realidad geográfica, puede traducirse como el acoso generalizado a la Iglesia absolutamente en cinco continentes y en todos los lugares. Lo que aparece es que la obra del Anticristo tendrá una dimensión universal.

Hoy escuchamos la misma música, vemos las mismas películas, las coordenadas de la filosofía posmoderna están extendidas y programadas en cada cabeza, aunque te vayas al último lugar de la selva. Porque donde llegue un teléfono móvil llegan las mismas ideas. Por primera vez en la historia de la humanidad, esta especie de ecumene, es decir, que todos los pueblos rinden el mismo culto y profesan el mismo credo, se está verificando. Por tanto, más allá de las interpretaciones geográficas, que pueden ser dudosas y muy conjeturales, yo acudiría a las cronológicas, que son totalmente ciertas.

Publicado originalmente en el último número de 'La Antorcha', la revista de la Asociación Católica de Propagandistas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas