Onésimo Díaz es profesor en la Universidad de Navarra
Entrevista
Onésimo Díaz, sacerdote e historiador: «Pienso que en el siglo XXI asistiremos a un Concilio Vaticano III»
El investigador repasa en un nuevo libro «lo que ha hecho la Iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad»
Tiene en su haber 18 libros y más de 40 artículos en revistas especializadas. Onésimo Díaz es sacerdote, investigador y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Navarra, y acaba de publicar con Sekotia De León XIII a León XIV. Qué ha hecho la Iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad.
– ¿Y le ha cabido todo en poco más de 200 páginas?
– ¡Cabe en un libro! Lo difícil es sintetizarlo en doscientas y pico páginas. Creo que lo he conseguido, porque es un libro que llevo pensando durante muchos años y, con la elección del Papa León XIV, como había empezado a investigar con León XIII, pues pensé que había llegado el momento de hacer un libro desde uno hasta el otro y tocar temas que interesan a mucha gente como la política, la guerra, la paz, los derechos humanos, la ecología, la mujer. Me parece que es un libro breve y, espero, que también bueno.
– Vayamos directamente a algunos temas que usted aborda: Pío XII, el que algunos se siguen empeñando en llamar «el Papa de Hitler». Como historiador, ¿cuál es su opinión?
– Sí, es una pregunta difícil de responder, porque es un tema que, desgraciadamente, todavía no está cerrado. Lo que yo digo en el libro –tras las lecturas que he hecho tanto de historiadores que mantienen una postura equilibrada, pero también historiadores que están contra la Iglesia y contra Pío XII– es que el Papa mantuvo una postura de silencio durante su pontificado, porque era un tema delicado, un tema difícil y sabía que, si hablaba duramente contra el nazismo, podía haber repercusiones y represalias como ocurrió en Holanda. Allí, una vez que los obispos criticaron al nazismo y apresaron a muchos católicos –algunos de raza judía, como Edith Stein–, fueron a campos de concentración y muchos murieron mártires.
Por eso el Papa guardó durante cierto tiempo una actitud de cautela, de silencio, que también fue compartida por otros, como Churchill y Roosevelt. Y cuando ya llegó la noticia de los asesinatos de millones de judíos en los campos de concentración, estando muy avanzada la guerra, yo creo que el Papa tenía ya poco que decir. Quizá podía haber dicho algo, pero prefirió estar todavía en silencio.
Yo creo que el Papa hablaba más bien del futuro. Más que condenar al nazismo, el Papa habla mucho de la democracia del futuro como un sistema donde las personas tengan voz y voto y donde los cristianos sean capaces de gobernar y administrar países con personas no creyentes o no cristianas. Vale la pena releer todos esos mensajes.
La portada del último libro de Onésimo Díaz
– Pero, simultáneamente, Pío XII llevó a cabo numerosas acciones para salvar judíos...
– Sí. Y en el libro también cito a un famoso monseñor irlandés que trabajaba en el Vaticano, que con su buen hacer salvó a miles de judíos con el visto bueno del Papa. El Papa sabía perfectamente lo que hacía monseñor O'Flaherty, que escondía a judíos en apartamentos, monasterios, iglesias, sótanos del Vaticano y zonas de Roma que dependían del Vaticano. Esa historia dio lugar a una serie y a una película que se llama Escarlata y Negro, que vale la pena ver porque Gregory Peck hace un papel fantástico del monseñor irlandés. De ese modo, el Papa salvó vidas judías, y no pocas: más de mil.
Judíos escondidos en el Vaticano
– Es decir, que habló poco e hizo mucho...
– Eso es. Yo creo que Pío XII no alzó la voz porque pensó que no convenía, tanto para proteger el Vaticano como para proteger a los católicos de muchos países. Pero lo que se cuece bajo manga de manera silenciosa permitió que muchos judíos no fuesen detenidos y tuviesen una vida a escondidas.
– Ha dicho usted que es un tema en el que se sigue investigando. Por lo que he visto en la bibliografía de su libro, recoge más de 400 entradas...
– Sí, he incluido bastantes entradas de libros, de artículos y luego también de películas, series y novelas y biografías que he ido leyendo estos años.
– Su obra está indudablemente bien documentada.
– Sí, he intentado sostener mis argumentos, mis ideas en sólidas fuentes bibliográficas. Y luego también intento dar voz a gente que no es católica o gente que es anticristiana o anti iglesia, porque también han escrito libros con otros puntos de vista. Y es interesante además entablar diálogo con ellos para ver sus opiniones y ver que que hay gente que opina de manera distinta y que ve las cosas de otra manera. Creo que en el libro yo no intento siempre dar una postura como muy rígida, porque la historia es una ciencia muy abierta y no sabemos todo. Incluso las fuentes que tenemos, en el futuro pueden aparecer archivos o documentos que nos cambien la perspectiva actual. Siempre hay que estar abiertos a la verdad, y los archivos y las fuentes son innumerables. A día de hoy, yo puedo decir que Pío XII tuvo un papel digno frente al al holocausto y el exterminio.
Onésimo Díaz, durante la entrevista con El Debate
El Concilio Vaticano II
– Vamos a dar un salto de casi tres décadas hasta el Concilio Vaticano II y la revolución del 68. ¿La Iglesia no se ha repuesto de esos dos momentos?
– Para mí es de los temas más interesantes del libro y de los más apasionantes de las clases que doy en Pamplona: los años 60. Hay momentos en la historia en que todo se acelera. Hay otros en los que parece que no pasa nada, que durante años, décadas o siglos, el mundo está estancado. Pero los años 60, curiosamente, pasan muchas cosas muy importantes y muy deprisa. Juan XXIII convoca en el año 62 un concilio que es muy moderno, donde el Papa intenta dialogar con los grandes movimientos culturales del momento, con los judíos, los musulmanes, los ateos, los agnósticos. Y, en ese momento justo, estallan las revoluciones culturales y estudiantiles de los 60, no solo en París, que es la más famosa, sino en Berkeley, en Estados Unidos, en México, en Japón, en Australia, en Polonia, en Checoslovaquia. Hay como una ebullición de movimientos estudiantiles universitarios. Jóvenes que protestan, protestan, protestan. Y yo creo que esa protesta también se mete dentro de la Iglesia. Y en el Vaticano II también hay gente que protesta contra la tradición de la Iglesia.
Tanto con Juan XXIII como el Papa Pablo VI, la Iglesia intenta ponerse al día e intenta sacar temas que preocupan no solo a los católicos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Y los textos son preciosos. Yo invito a los lectores a que lean los textos del Vaticano II y se den cuenta de que muchos de esos textos aún no se han puesto en práctica en la Iglesia. Y pienso que ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI ni Francisco se atrevieron a convocar un Concilio Vaticano III, porque el Concilio Vaticano II está todavía por ponerse en práctica.
¿Un nuevo Concilio?
– ¿Un Concilio Vaticano III? ¿Usted cree que es necesario?
– Ahora mismo yo creo que no, pero quizá con el pontificado de León XIV o con los Papas posteriores, sí. Como ha habido un Concilio Vaticano I, en el siglo XIX, y un Vaticano II en el siglo XX, pues yo creo que se convocará en este siglo. Pero, insisto, en este momento, en 2026, me parece que todavía estamos en el momento de poner en práctica muchas ideas que no están todavía en funcionamiento de los textos maravillosos y profundos –que son del Espíritu Santo– del Concilio Vaticano II.
– Y la sinodalidad, ¿dónde la colocamos?
– La sinodalidad es un tema demasiado reciente. Es un tema que el Papa Francisco, que era un Papa muy reformista y muy innovador, puso de moda. Y no sé si León XIV, por lo que vemos, va a ser también de esa misma línea. Se ve que es un intento de que todos en la Iglesia, desde el último bautizado hasta el Papa, participen en debates, en diálogos, en la construcción de la Iglesia, en las parroquias, en las diócesis, en los movimientos, en todo, para crear una Iglesia más democrática, entre comillas, más igualitaria. Eso es lo que yo he visto del pontificado anterior, aunque sospecho que el Papa actual dará otra visión.
Onésimo Díaz, durante su visita a 'El Debate'
– ¿Y qué temas habría que abordar en ese Vaticano III?
– En el mundo en el que estamos viviendo, cada vez hay más cambios posmodernos, y la gente tiene otra mentalidad, otros gustos, otras modas. ¿Y la Iglesia? Yo creo que conviene que, de vez en cuando, los cardenales, los obispos, los teólogos, los Papas intenten entrar en diálogo con con el mundo.
– Algunos dicen que la Iglesia se pasa todo el día dialogando con el mundo...
– Sí, yo creo que, gracias a Dios y gracias a los últimos Papas, la Iglesia está cada vez más en contacto con el mundo. Pero conviene que, en algunos momentos, la Iglesia tenga un periodo de reflexión, de oración, de debate. Y un concilio es un momento de pararse, de ver lo que se ha hecho y lo que se puede hacer.
Pienso que en el siglo XXI –no creo que a corto plazo, pero sí a medio o más bien largo plazo– asistiremos a un Concilio Vaticano III. O quizá tenga otro nombre. Pero viendo la historia en perspectiva, lo más lógico es que el próximo Concilio se llame Vaticano III.
Mantener el depósito de la fe
– La prevención y la cautela de algunos proviene de cuando se utilizan los concilios o los sínodos para tratar de violentar y cambiar el Magisterio de la Iglesia...
– Sí, ese peligro existe. Pero gracias a Dios, los católicos sabemos que la Iglesia la gobierna el Espíritu Santo. En el Concilio Vaticano II hubo muchos debates, muchas corrientes distintas, gente que opinaba cosas quizá peregrinas o demasiado heterodoxas, pero al final los documentos, los textos, el Magisterio de la Iglesia tiene una unidad y una continuidad. En el caso de convocarse un nuevo Concilio, yo creo que continuaría con con la doctrina de la Iglesia.
Como dijo Benedicto XVI, al poco de ser elegido Papa en 2005, decían que había dos lecturas: una muy rupturista, de empezar una iglesia desde cero, y una Iglesia de reforma, de continuidad. El Papa decía que era más partidario de la segunda lectura, de una Iglesia que se reforma, que cambia, pero que se mantiene unida al pasado sin romper con él.
– Un tema que se ha comentado mucho últimamente: el de la liturgia tradicional.
– Hay muchas historias que se han difundido en las redes sociales y en libros poco serios de que la masonería está metida en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II y en todas las reformas litúrgicas. Yo creo que son historias que no responden a la realidad. Y lo que sí está claro es que en la Iglesia hay muchos ritos, muchas tradiciones distintas, y que la misa tradicional tiene una riqueza sobre todo litúrgica. También en España tenemos el rito mozárabe, que es una preciosidad.
Pienso que el Papa León XIV seguramente querrá mantener todos los ritos, tradiciones y misas distintas, porque la Iglesia tiene esa capacidad de acoger a muchos hijos de distintas tradiciones. Y pienso que es muy bonito al ver que es plural. Y esperemos que León XIV sea un Papa que permita distintas opciones para que los católicos puedan asistir a misas tradicionales, como ha pasado durante mucho tiempo. Me parece que eso será lo que veremos en este pontificado.