José María Zavala, en una imagen reciente
Entrevista: El autor de 'El Profeta' publica nuevo libro
«Muchos santos estuvieron a punto de arrojar la toalla, pero confiar en Dios les sirvió para seguir adelante»
José María Zavala vuelve a las librerías con un nuevo libro con el que vivir en la esperanza de Dios, esta vez mostrando 'La cara oculta de los santos', tal y como ha titulado su obra
Han sido nombrados santos, pero no por ello su vida fue un camino de rosas. Al contrario, algunos tan conocidos como Santa Teresa de Jesús o Juan Pablo II padecieron en vida «ataques del demonio», como le gustaba definirlos Padre Pío. Este cambio de perspectiva sobre los santos es lo que ha querido trasladar al lector José María Zavala en su nuevo libro La cara oculta de los santos (Penguin Random House), donde desvela las traiciones, persecuciones y las propias dudas que soportaron 18 santos de todos los tiempos. Porque, al fin y al cabo, fueron personas de carne y hueso. El Debate habla con el autor sobre el objetivo de su nuevo ensayo tras el éxito editorial de su novela El Profeta.
-La cara oculta de los santos. ¿Qué mensaje traslada?
-Con este libro he retornado al género del ensayo, donde me siento como pez en el agua, para alumbrar la vida de personas de carne y hueso. Hombres y mujeres que tuvieron sus miserias, sus defectos... que tuvieron que luchar por superarse, porque no podemos olvidar que para los creyentes los santos están en el cielo y en la tierra y estos 18 santos que he seleccionado así lo reflejan. Constituyen espejos en los que el lector se puede ver reflejado en uno u otro.
-¿Cómo se llega a santo? ¿Dónde nace la santidad?
-La santidad nace de esa llamada universal de ser perfectos, como el Padre celestial es perfecto. La santidad consiste no en hacer cosas raras ni extravagantes, sino en vivir el día a día intentando amar a Dios y a los demás. Yo creo que ahí se resume la santidad, porque la virtud más grande de todas, como decía San Pablo, es la caridad y el amor al prójimo.
Yo estuve muchos años alejado de Dios, mirándome el ombligo, teniéndolo todo materialmente, pero siendo un profundo infeliz
-¿Qué papel juega el sufrimiento en el camino espiritual? ¿Es intrínseco?
-Es una gran paradoja humana. Los santos nos enseñan que son felices en medio del sufrimiento. Es imposible ser feliz sin sufrir. Por ejemplo, cuando uno sale de su zona de confort para darse a los demás, cuando uno intenta olvidarse de sí mismo, Dios ayuda. Pero sin embargo uno se sorprende. Y lo digo por propia experiencia. Me sorprende que en medio de las privaciones que uno pueda pasar por darse a los demás es cuando se es verdaderamente feliz. Yo estuve muchos años alejado de Dios, mirándome el ombligo, teniéndolo todo materialmente, pero siendo un profundo infeliz. Ahora puedo decir lo contrario. Tengo todo aquello que no se puede comprar con dinero: una familia maravillosa, una esposa, unos hijos, unos amigos, unas personas, unos lectores que el Señor pone en mi camino para que, en la medida de lo posible, les pueda ayudar a que su vida sea más llevadera en este valle de lágrimas, en una sociedad profundamente desesperanzada como la actual.
-¿Cómo ayuda el libro a llevar una vida más dedicada a Dios?
-Creo que el libro es un instrumento como El Profeta, que está acercando a muchas personas a Jesús, al cual desconocían o del que tenían una versión tergiversada. En este caso, los santos parecen criaturas perfectas, inaccesibles, lejanas, distantes... en resumen, seres de otra galaxia y, sin embargo, con él, el lector va a descubrir que eran personas de carne y hueso que sufrieron lo indecible, en algunos casos, incluso persecuciones de las peores, que son las que provienen de los que están en tu propio barco, como es la historia de San Luis Orione, a quien el Santo Juicio condenó por salir en defensa del Padre Pío en la primera persecución en los años 20 del siglo XX. Otro gran santo, el Padre Pío, al que le hicieron la vida imposible acusándolo injustamente de pecar con mujeres y le pusieron micrófonos en su celda y en el confesionario. Esto lo sabemos porque el barbero que le inyectó una ampolla con pus sifilítico, confesó su fechoría en el lecho de muerte ante un sacerdote y dos testigos. Pero como decía el Padre Pío, es cosa del demonio. Hay veces que por permisión divina se producen una serie de sucesos terribles en la vida de estos santos que les ayudan a elevarse y alcanzar el cielo.
Pocas personas saben que, aparte del atentado de 1981, Juan Pablo II sufrió otros intentos de atentado
-Son 18 casos de santos del pasado y de santos recientes. El de Teresa de Calcuta y el de Juan Pablo II también son impactantes...
-Teresa de Calcuta a mí me sirve de gran consuelo porque ella tuvo muchas «noches oscuras del alma», que es un fenómeno recurrente en los grandes santos. Y que va acompañado de una sequedad espiritual absoluta. Dicho por ella misma, que había veces que no sentía nada, pero que igualmente tenía una enorme confianza en Dios, que nunca perdió. Es admirable. Me ayuda mucho pensar en esto cuando tiendes a desanimarte y a arrojar la toalla porque te sientes miserable, en mayor o menor medida. Y el caso de Juan Pablo II... pocas personas saben que, aparte del atentado de 1981, sufrió otros intentos de atentado. Lo sabemos por los servicios secretos británicos. Pocos meses antes del atentado de 1981, los Servicios secretos británicos previnieron al Vaticano de que pretendían envenenarle mortalmente pinchándole con la punta de un paraguas.
-¿A quién va dirigido La cara oculta de los santos?
-A todos los públicos, pero sobre todo a los no creyentes, para que se den cuenta de que los santos eran personas de carne y hueso independientemente del siglo en el que les tocó vivir: hay santos del siglo I hasta el siglo XXI, de Longinos, el soldado romano que hirió con una lanza a Jesús en la cruz, a Carlo Acutis, un adolescente de 15 años recién beatificado por el Papa León XIV. Yo recuerdo que me quedé boquiabierto con Acutis cuando su madre, Antonia Soldado, me regaló dos libros escritos por su hijo, de 600 y pico páginas cada uno; uno sobre los místicos y el otro sobre apariciones marianas. ¿Cómo un chaval de esa edad, con 13 años, era capaz de hacer eso?
-¿Hasta qué punto el testimonio personal es la herramienta más eficaz de evangelización? ¿Necesitamos ver para creer?
-Claro. O sea, yo creo que lo que toca el corazón es el testimonio personal. Por ello acercar a estos santos tan aparentemente distantes o inalcanzables al común de los mortales, verte reflejado en sus miserias, es una de las claves. Saber que tuvieron momentos de estar a punto de arrojar la toalla, de echarlo todo a perder... Pero que al final esa confianza en Dios le sirvió para seguir adelante. El Padre Pío, que tenía el don de leer las almas, se mostraba sereno junto a sus adversarios, confió en el inmenso poder de la oración. Y luego, curiosamente, todos los que le calumniaron e injuriaron fueron a pedirle perdón y se confesaron con él. Ese es el final feliz de la perseverancia del Padre Pío y de los santos que han perseverado contra todo pronóstico, en las circunstancias más difíciles.
El demonio está muy activo. Pero no olvidemos que Dios es infinitamente poderoso y, al final, si confiamos en Él, apostamos siempre a caballo ganador
-¿Qué hay del demonio?
-El demonio es un dogma de fe que está en los evangelios. El demonio está muy activo. Es un ser espiritual, un ángel caído y como tal, una criatura superior al hombre. Pero no olvidemos que Dios es infinitamente poderoso y, al final, si confiamos en Dios, apostamos siempre a caballo ganador. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Jesús de Nazaret fue el primer exorcista de la historia y así nos lo muestran los Evangelios.
-Pero se habla poco de este tema...
-Se habla muy poco y, a veces, más vale que no se hable porque se llega a decir que el demonio es un símbolo, cuando realmente el demonio existe. Como decía el poeta francés Sancho de Negro, la mejor artimaña del demonio es persuadirnos de que no existe y cuando realmente es el verdadero instigador. El Padre Pío decía que es el demonio el que crea la confusión en la mente de los sabios para explicar la persecución que él sufrió por parte de algunas personas muy destacadas de la Iglesia. Y es así, es una realidad palpable, palmaria.
-La religión está volviendo el centro del debate público. ¿Por qué cree que está pasando?
-Hay necesidad de espiritualidad, de volver a conectar. Todos necesitamos trascender de lo puramente material. Lo material no da la felicidad. Y eso se está notando mucho en los jóvenes ahora. Hay muchos movimientos hoy. Pienso ahora en Antonio Banderas, por ejemplo, en su musical góspel, sobre la figura de Jesús de Nazaret. Testimonios de youtubers que no tienen miedo, ni vergüenza en proclamarlo en público. Es como una reconversión y ahora se está viendo mucho en medio de tantas personas que están alejadas de Dios. Hay muchas que se están acercando a Él y esto es porque es una necesidad, porque el ser humano ha sido creado para amar y ser amado. Y entonces es imprescindible para ser feliz el estar cerca de Dios, el buscar algo que sea distinto del afán de acumular riquezas o del placer porque todo eso es pasajero. Eso no te da la felicidad. Es más, te hace profundamente infeliz.
-El libro llega justo un mes antes de la visita del Papa León a España. ¿Qué reto considera que es más urgente para la Iglesia hoy?
-La Iglesia tiene muchos retos hoy día. Es una sociedad que ha renegado de Cristo, profundamente desesperanzada, que parece inmersa en conflictos bélicos donde no existe o es raro encontrar el amor, la paz y la esperanza y en ese sentido creo que el Papa tiene ahí una misión fundamental, de apoyarse en esos tres pilares que constituyen, en definitiva, el mensaje de Jesús: el amor, la paz y la esperanza. Sobre todo esta última porque hay tantas personas que están sufriendo, que hay que llevarles esperanza. En ese sentido, tanto este libro como El Profeta son instrumentos que tratan de llevar esperanza. Esa es la gran misión.