El filósofo y escritor francés Fabrice Hadjadj
Fabrice Hadjadj disecciona a Tom Cruise: «La vida no tiene una misión, sino que es misión»
El filósofo y escritor francés reconoce ser un amante de las películas de acción, y parte de la saga protagonizada por el actor estadounidense para «leer los signos de los tiempos y encontrar cómo Dios actúa incluso en las cosas que nos parecen más pop, más alejadas de la fe»
Hay más de 30 grados en Madrid, el cielo está despejado, el sol cae a plomo y son las cuatro de la tarde. «Fabrice Hadjadj dice que se retrasa un poco, porque viene en bicicleta», anuncia su editor. Hadjadj vive a unos diez kilómetros de la redacción de El Debate. E, insisto, son las cuatro de la tarde y, afuera, donde el aire acondicionado de la oficina no suaviza las temperaturas, el termómetro supera los 30 grados.
Fabrice Hadjadj ha vivido los últimos años en Suiza, y tal vez de allí traiga la costumbre de pedalear a todos lados. Pero Madrid, claro, no es Ginebra, ni Zúrich, ni el lago Lemán. En la capital de España, cuando el sol calienta, lo hace sin remilgos. Pese a ello, el escritor y filósofo francés nacido en Nanterre en 1971 llega a los pocos minutos, y no parece cansado o sofocado en exceso.
Trae en su mochila su último libro, recién salido de la imprenta. Me enseña la portada: una gran foto de Tom Cruise y, sobre ella, el título de su obra: Tom Cruise y su misión: imposible (editorial Encuentro).
– Le confieso que nos ha dejado a todos un tanto descolocados con su nueva obra... Un filósofo analizando películas de acción para hablar de la misión en la vida... Y comienza con una cita provocativa: dice que quiere «propiciar un encuentro entre Tom Cruise y el Papa Francisco...»
– Me parece muy, muy evidente. Es el encuentro acerca del tema de la misión del Papa Francisco. Él decía que la vida no tiene una misión, sino que es misión. Y sabes que es una cita del gran filósofo español, madrileño, Javier Zubiri. Entonces, hay que que acordarse de eso, y la gran saga de Tom Cruise se titula Misión imposible. La misión del cristiano es una misión imposible por ser una misión que viene de Dios y que va hacia Dios. Es decir, más allá de nuestras propias fuerzas, y la figura del agente secreto que es el héroe de Tom Cruise es también como un símbolo del cristiano, del cristiano en este mundo.
La portada del último libro de Hadjadj
– Lo que pasa es que, si la misión del cristiano es imposible, puede dar pie a pensar que es algo desesperanzador, algo inalcanzable...
– No, al contrario. La imposibilidad se convierte en una apertura a la gracia. No es nuestro alcance; es el alcance de Dios hacia nosotros. Y entonces la vía siempre está abierta. Es como abrir un camino a través del mar. Del Mar Rojo. Es resucitar de entre los muertos. Es, precisamente, amar en un mundo de odio. Aportar la paz en medio de la guerra. Todas esas misiones parecen imposibles, pero es siempre la tarea del cristiano: hacer lo imposible con la gracia.
– Usted nos ha desvelado en esta última obra que es un gran consumidor de películas de acción, para disgusto de su mujer... ¿Por qué ha querido escribir este libro?
– (Sonríe).Creo que este libro es la continuación de mi obra anterior, porque es mi estilo precisamente unir la dimensión más espiritual con la dimensión más material de la vida. Al hablar de mi matrimonio, de mis hijos, de las faenas de la casa o también de las obras, de las menudencias de la vida, tenemos la costumbre de ver películas de acción. Es verdad que las veo especialmente con mis hijos varones. Y, bueno, creo que la misión del cristiano es leer los signos de los tiempos y encontrar cómo Dios actúa, incluso en las cosas que nos parecen más pop, más alejadas de la fe. No es un tema de opción. La fe cristiana es la fe en un Dios que es el Creador y el Redentor de todos y de todo. Por tanto, se le puede encontrar donde quiera.
Hadjadj, durante su visita a El Debate
– En su libro, sin embargo, usted habla de un falso mesianismo de Tom Cruise...
– Sí, es precisamente lo más interesante. Es muy fácil encontrar, ver la cara de Dios en la vida de un santo. ¡Pero, en Tom Cruise...! Funciona para mí como una lupa. Una lupa enfocada en la condición humana con su doble cara. La posibilidad de un sí, de un camino hacia la verdad, hacia la santidad, y la posibilidad de la parodia, de una parodia de ese camino. Es decir, ser como un mesías falso, oscuro. Es una posibilidad. Es la tentación de Tom Cruise. Pero es la tentación mía y tuya.
La mala relación Spielberg-Cruise
– Usted también recuerda en el libro que Tom Cruise llegó a plantearse ser sacerdote católico...
– Sí, sí. Tenemos que recordar que viene de una familia católica y que ahora es cienciólogo. Lo sabemos. Pero en sus películas destacan símbolos y deseos que vienen de la tradición –al menos, cultural– católica. Y, bueno, en Tom Cruise hay una búsqueda, un anhelo hacia un sentido de la vida y también un anhelo por representar la figura del hombre, del ser humano como salvador, como misionero, como el que despliega el bien en un mundo malo.
– Además, él estuvo muy marcado por su mala relación con su padre...
– Por el divorcio de sus padres. Y es un tema muy interesante en las películas de Tom Cruise. En La Guerra de los Mundos, Cruise aparece como padre. Es una película de Steven Spielberg sobre la paternidad muy, muy relevante y muy profunda.
– Tras la que Spielberg juró que no volvería a trabajar con Cruise...
– Sí, por abrir una carpa de la Cienciología durante todo el rodaje de la película para intentar convertir a los técnicos... Sí, por supuesto, pero no es el tema. Hay que distinguir entre la persona y los personajes, y entender este misterio que, en el caso de un actor, de un productor, de un escritor o de un artista, los personajes pueden ser más verdaderos, más representativos, que la persona misma. Porque un artista se expresa a sí mismo dentro de su obra. Y, bueno, puede ser un malvado, pero hay que entender al artista a través de su obra. No pretendo sondear las entrañas de Tom Cruise en este libro. Su alma, su alma está en los brazos de Dios. Sin embargo, puedo describir, leer, descifrar –cómo un agente secreto– el mensaje. Descifrar precisamente algo que habla de Cristo, y es precisamente la posición, la postura del cristiano en el mundo.
– Usted, precisamente, ha comenzado su propia misión imposible aquí en España: comenzar Incarnatus est, una suerte de noviciado laico de 9 meses para jóvenes, que comienza en septiembre. ¿Qué respuesta ha encontrado?
– Sí, tenemos muchos alumnos apuntados. Más que el aforo –porque tenemos solo 38 habitaciones– hay una benevolencia, una acogida espectacular en España. Creo que, desde la antigüedad, se habla del pueblo español como un pueblo que se hace la guerra entre sí, pero que muestra una hospitalidad increíble hacia los forasteros y hacia los proyectos que tienen una cara, una faz de algo místico, o algo de aventura de caballería. Sí, por supuesto: Crear Incarnatus est es algo quijotesco, pero muy español en este sentido.
Lector de filósofos españoles
– El Quijote que, por cierto, trata usted en el apéndice de su libro para los lectores de habla hispana.
– Sí, sí. Tengo que subrayar que lo escribí en español, directamente en español, y recorriendo también el tema de la misión a través del pensamiento español, especialmente en esos tres grandes pensadores que son el maestro Ortega y Gasset, Javier Zubiri y Julián Marías.
Siempre se ha hablado de la idea de que España descansa en una misión. Entonces, descansar en una misión no es estar bien, sino cansarse siempre; fatigarse o desvivirse por Algo que va más allá que los intereses nacionales. Es el tema de la Nueva España. Es el tema de la Reconquista, porque creo que la vida era bastante cómoda en Al-Andalus, pero la afirmación de la España perdida era que no podemos ser españoles sin ser cristianos. Es una afirmación increíble.
– De hecho, hay muchos que defienden que, desde el desastre del 98, España se quedó sin una misión, sin una proyección exterior. Y ahí es justo cuando empiezan a aparecer los nacionalismos separatistas y disgregadores que van contra esa idea de España...
– Sí, creo que hay que entender dos cosas. La primera, que la la expansión de España se hizo no a través de una anexión, sino de una incorporación con un gran respeto a la identidad de cada provincia, de cada pueblo. Y por ejemplo, el decreto de Isabel la Católica a los a los conquistadores de casarse con indias, prueba que no hay un racismo español, y la colonización española no es una colonización en el sentido de América del Norte. Es una incorporación. No solo un mestizaje como una mezcla. Es un nuevo alumbramiento, gracias a la luz del catolicismo, es decir, de esta universalidad que no es abstracta, sino al encuentro de cada uno y de cada pueblo a través de la figura trascendente de Cristo.
Por otro lado, creo que existe ahora la necesidad de recuperar la inteligencia de la Hispanidad. García Lorca decía que no se puede entender España sin ir a Hispanoamérica. Bueno, es decir que la gran invención de España es precisamente esa Hispanoamérica, por esa invención cultural increíble, por no rechazar a los indios, sino intentar encontrar a una virgen, la Virgen de Guadalupe, que habló náhuatl, la lengua mexicana. ¡Conquistadores doblando las rodillas ante una virgen india! Es algo increíble.
Pero no solo el orgullo de España por un pasado. Es el gran problema de algunos españoles: tener solo una nostalgia del Siglo de Oro y entender España solo como la tierra de los antepasados. No; creo que España es como el muelle, el embarcadero hacia el Nuevo Mundo. Y ahora tenemos que entender que la Hispanidad, forjada por España, por un misterio de la Providencia y, a pesar, muchas veces de los propios españoles, es una nueva manera de pensar, de mirar al mundo. Una unidad en la diversidad. Una asunción de la historia con la apertura al porvenir que viene precisamente también de la esperanza, de la esperanza cristiana.
– Me han dicho que hace poco más de un año usted apenas hablaba español. Ahora, maneja términos complejos con mucha soltura...
– Es por la ilusión. Ya sabes que la palabra ilusión tiene dos sentidos en español: Es una ilusión para mí, porque por ser no solo un pensador, sino un poeta, manejar otro idioma es conseguir un nuevo terreno de juego. Juego con las palabras, con una nueva escucha, un nuevo oído. Entender a través de los significantes, no solo los significados, sino los significantes. Tener nuevas posibilidades de pensar es una ilusión.
Pero, también, ilusión es algo engañoso, ilusorio. ¿Por qué? Porque yo no entiendo nada, o casi nada, de un parloteo, de un cháchara en una conversación cotidiana, en un café, en un restaurante, no sé, en la calle. ¿Por qué? Porque mi español viene precisamente de las lecturas de la poesía. Suelo leer a Pedro Salinas. Ahora acabo de descubrir a Mario Benedetti, el gran poeta uruguayo. Es un español un poco raro. Entonces, el nivel básico para mí es el nivel más alto del lenguaje, porque el nivel poético es mi nivel ordinario...
– No hay mucha poesía en las tabernas españolas...
– Creo que la hay. Creo que la hay. Pero ahora me falta el conocimiento del idioma, de las expresiones idiomáticas, para entrar en esta poesía del español cotidiano.