El Papa León XIV en la parroquia de San Agustín en El Raval
El Papa visita El Raval, uno de los barrios más conflictivos de España: «La caridad es un mandamiento social»
León XIV se ha mostrado convencido de que «la conciencia de la persona humana está en el centro de la acción de la Iglesia»
El Raval ha recibido este miércoles la visita de León XIV. El Santo Padre ha acudido a la parroquia de San Agustín, ubicada en pleno centro de Barcelona en uno de los barrios más peligrosos y depauperados de toda España. El Papa León prosigue así con la línea marcada por su predecesor, el Papa Francisco, que puso el acento en atender a las periferias, no solo geográficas, sino también sociales y económicas.
Durante su visita, el Pontífice ha mantenido un encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas en la iglesia de San Agustín. Este punto refuerza la vertiente humana y social de su viaje a España tras la visita al centro penitenciario Brians 1, donde León ha enviado un mensaje a los presos y les ha reiterado que Dios les ama como son al tiempo que «les sueña mejores».
Los agustinos de Barcelona, misma orden a la que pertenece el Papa León, ofrecen ayuda y cobijo en la parroquia que hoy ha decidido colocar en su agenda en Santo Padre. Esta misión social la llevan a cabo en El Raval, un barrio marcado por su multiculturalidad, sus problemas de violencia, robos y drogas.
Jornada histórica en El Raval
Más de tres horas antes de la llegada del Santo Padre al corazón de Barcelona, con León aún en la Abadía de Montserrat, las calles de El Raval y Las Ramblas de Barcelona se llenan de agentes de la policía. Una escena tanta veces vivida en este vecindario pero con un significado completamente contrario al habitual.
La Iglesia, imponente, en pleno corazón de Barcelona, comienza a acoger a los fieles dos horas antes de la llegada de León. Las Misioneras de la Caridad se sitúan en las primeras bancadas, esperando a escuchar las palabras del Santo padre en este encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesana. Como las hermanas de esta congregación, otros 500 voluntarios de distintas entidades dedicadas a la caridad aguardan expectantes.
El reloj marca las cuatro y media y el Papa cruza el umbral de la parroquia de San Agustín. Es recibido por el párroco y nada más comenzar su camino hacia el altar, se detiene para bendecir a un bebé, el enésimo en su viaje.
Distintos trabajadores sociales dan testimonio ante el Santo Padre de su día a día en este barrio. Adicciones destructivas, almas perdidas, pobreza extrema, personas sin hogar, tráfico de personas y explotación sexual son algunos de los dramas humanos que se viven en El Raval.
Caridad cristiana
Renzo, un niño de seis años que vive en una familia de Barcelona en riesgo de exclusión social toma el protagonismo. El pequeño, tan acostumbrado a la pobreza y las dificultades, le ha escrito una carta al Papa preguntando por las dudas que tiene sobre León XIV y por algunas de las injusticias que vive. Su lectura, con las preguntas que se hace, como por ejemplo si al Papa le gusta el fútbol o por qué hay personas sin hogar, provocan los aplausos de todos los presentes.
Las inolvidables preguntas del pequeño Renzo al Papa: «¿Dios quiere que haya pobres y ricos?»
León XIV comienza su discurso saludando en catalán, los agradecimientos posteriores son en castellano. Durante toda su intervención intercala ambas lenguas de forma orgánica. El Santo Padre hace gala de su cercanía y su buen sentido del humor respondiendo a Renzo: «Sí, me gusta el fútbol».
«El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida».
Pero Renzo le ha hecho una pregunta no tan sencilla de responder al Santo Padre al no entender por qué hay a personas buenas a las que les pasan cosas malas. León ha reconocido con humildad la dificultad para encontrar una respuesta, pero ha recurrido al ejemplo del Señor y al Evangelio. El Señor «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo» (Hch 10, 38) y aún así, terminó crucificado. «Pero ahí no terminó la historia, porque resucitó al tercer día, y venció al mal y a la muerte», ha explicado el Papa.
Otra de las cuestiones que el Santo Padre ha tratado de resolver al pequeño Renzo es por qué se debe perdonar a los que nos causan algún mal. «Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: 'Señor, si alguien me hace daño, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?'. Y Jesús le respondió: 'No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete' (Mt 18,21-22)». «Con eso quiso decir: perdona siempre», ha proseguido.
«Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón. Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas espirituales. Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús, que perdonó a quienes lo crucificaban. Nuestra disposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios».
El Papa León ha concluido con un mensaje de aliento para los fieles entregados a la ayuda social y a la caridad: «Mostrad al mundo la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios».
La visita del sucesor de Pedro a la parroquia de San Agustín es una llamada a la «caridad evangélica fundada en Cristo» que es clave de bóveda de la «vida personal y comunitaria de todo cristiano».