Da la paz
El signo de la paz más universal es el saludo de mano y este adquiere mayor significado cuando es impulsado por el deseo cristiano de unión y paz en el momento de la Misa
He estado dos veces en Japón, ambas prepandemia. Me impactó que en momento de dar la paz en misa solo realizaban una ligera inclinación con la cabeza. No podía prever que, pasados unos años, estamos igual. En otras circunstancias nos damos la mano, incluso abrazos y besos. Lo hacemos a diario, cuando nos presentan a alguien, nos encontramos con algún conocido, al llegar a un sitio o al despedirnos. Pero como extiendas la mano en la iglesia la mayoría de las veces no te devuelven el gesto y puede que te miren mal (me ha pasado).
Hasta el 2020 el apretón de manos era el gesto más común en España para darse la paz en Misa. Es un acto sobrio, dirigido solo a los que tenemos cerca, sin desplazarse ni interrumpir el recogimiento. Se acompaña diciendo «La paz del Señor esté contigo» o simplemente «La paz sea contigo»; en Iberoamérica y Portugal «la paz de Cristo». Pero me temo que la moda que se ha impuesto es la inclinación de cabeza sin pronunciar palabra. El maldito virus nos ha japonizado y muchos no se dan ni cuenta.
El «signo de la paz» – o el «beso de la paz», por algo se llamará así tradicionalmente – es un gesto simbólico lleno de significado. No es solo un intercambio de amistad cristiana, es el momento en que pedimos la paz y la unidad para la Iglesia y para toda la familia humana, expresamos nuestra comunión eclesial y su caridad mutua antes de comulgar.
Qué mejor forma de hacerlo que apretando la mano del que tienes al lado (o besando la mejilla de tu familiar). Si lo haces fuera de la iglesia, ¿por qué no hacerlo dentro? Recientemente tuve la suerte de estar en la Misa de Cibeles presidida por León XIV. No saludé a los más de millón y medio de peregrinos que estábamos por allí, pero sí a unas cuantas decenas y vi como todos nos saludamos y presentamos antes de la misa. Pues alguno tiene ya tan interiorizada la inclinación de la cabeza que, a la hora de dar la paz, después de tanto beso y apretón de manos una hora antes, hizo ese soso gesto.
El signo de la paz más universal es el saludo de mano y este adquiere mayor significado cuando es impulsado por el deseo cristiano de unión y paz en el momento de la Misa. Claro que no es obligatorio y es válido hacer la inclinación de la cabeza, incluso alguno lo hará por motivos médicos, como tener una inmunodepresión o estar pasando una infección. Pero lo que creo que no tiene sentido es saludar efusivamente fuera de la iglesia y no tocar a nadie una vez estás dentro.
Termino con las palabras de Benedicto XVI, de gran actualidad «En nuestro tiempo, tan lleno de conflictos, este gesto adquiere, también desde el punto de vista de la sensibilidad común, un relieve especial, ya que la Iglesia siente cada vez más como tarea propia pedir a Dios el don de la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana».
- Manuel Martínez-Sellés es presidente del Colegio de Médicos de Madrid.