Monseñor Francisco José Prieto, durante su intervención en los Cursos de Verano CEU
Monseñor Francisco José Prieto: «El Camino no puede quedar reducido a un producto turístico»
El arzobispo de Santiago de Compostela ha inaugurado el curso 'Habitar los caminos: la hospitalidad en las vías de peregrinación a Santiago de Compostela', de los Cursos de Verano CEU-María Cristina
La hospitalidad como elemento esencial del Camino de Santiago y como una de las expresiones más profundas de la tradición cristiana ha protagonizado una de las sesiones de los Cursos de Verano CEU-María Cristina que se celebran en San Lorenzo de El Escorial (Madrid), dentro del curso 'Habitar los caminos: la hospitalidad en las vías de peregrinación a Santiago de Compostela'. Durante su intervención, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, ha reflexionado sobre el significado espiritual de la acogida al peregrino y el papel que desempeña en la identidad jacobea.
Monseñor Prieto ha recordado que la hospitalidad forma parte del Camino desde sus orígenes y constituye mucho más que una atención material. «En la tradición jacobea, la hospitalidad ha sido un elemento estructural desde sus orígenes. La acogida no consiste únicamente en ofrecer bienes materiales, sino también escucha, acompañamiento y fe». Y ha subrayado que el peregrino no puede entenderse únicamente como un viajero, sino como una persona inmersa en un proceso de búsqueda interior. «El peregrino no es simplemente un viajero; es alguien que emprende un camino exterior e interior hacia Dios. El Camino de Santiago es una experiencia de humanidad y de fe, donde el encuentro con los demás conduce también al encuentro con Cristo».
En este sentido, ha explicado que la Iglesia entiende la peregrinación como un espacio privilegiado de acogida y encuentro. «Cuando la Iglesia habla del Camino habla de una experiencia en la que la acogida puede convertirse en un verdadero lugar de encuentro con Dios. Es una experiencia concreta del Evangelio vivido».
Año Santo Jacobeo 2027
Con la vista puesta en el próximo Año Santo Jacobeo 2027, el arzobispo ha afirmado que la hospitalidad adquiere una relevancia especial para la Iglesia compostelana. «El reto consiste en discernir cómo queremos acoger y qué rostro de Iglesia queremos mostrar durante el próximo Año Santo. La acogida es una expresión concreta de la esperanza jubilar, porque quien es recibido descubre que nunca está solo y que siempre existe una puerta abierta a la gracia de Dios».
Monseñor Prieto ha defendido que la fortaleza del Camino reside precisamente en haber conservado durante siglos su dimensión espiritual. «Si el Camino pierde su alma cristiana acabará convirtiéndose en una simple ruta, un itinerario fragmentado que ya no sabe ni dónde empieza ni dónde termina. Hay camino porque existe una meta, y esa meta trasciende incluso la llegada a Santiago».
Durante su conferencia, el arzobispo ha recordado que la hospitalidad ocupa un lugar central en la tradición bíblica y constituye uno de los criterios que mejor expresan la «autenticidad de la fe cristiana». «La hospitalidad no es una cortesía mejorada; pertenece al corazón mismo de la tradición cristiana. Toda la historia de la salvación está atravesada por la experiencia del camino y de la acogida al extranjero», ha subrayado. En este sentido, el arzobispo ha añadido que esa hospitalidad siempre se concreta en gestos sencillos y cotidianos; «se expresa en agua, techo, escucha y cuidado de las heridas visibles e invisibles. Es una caridad que nace directamente del Evangelio y remite siempre a Cristo».
Una experiencia turística
En la parte final de su intervención, monseñor Prieto ha advertido sobre el riesgo de reducir el Camino de Santiago a una experiencia exclusivamente turística o comercial. «El peregrino no es un cliente. El alma del Camino no puede quedar absorbida por una lógica comercial. Si el Camino se reduce a un producto, la hospitalidad pierde su verdadero valor».
A su juicio, uno de los grandes valores de la tradición jacobea reside precisamente en la gratuidad con la que el peregrino es acogido. «El Camino ha sobrevivido durante siglos porque no puede reducirse a una infraestructura. Su vitalidad nace de su carácter cristiano y de una lógica distinta: la del don. El peregrino recibe sin poder ofrecer nada a cambio, y esa gratuidad remite al corazón mismo de Dios».