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El cartel

El curioso cartel que no deja a nadie fuerakatholisch.de

«Todos los pecadores, ¡bienvenidos!»: El provocador cartel que recibe a los visitantes de un convento alemán

Por el monasterio de Beyenburg pasan todos los años un millar de peregrinos que se dirigen a Santiago. Les atiende un solo monje, que ha logrado evitar el suicidio de varios de ellos

«Todos, todos, todos». Esta fue, sin duda, una de las frases más repetidas y recordadas del Papa Francisco durante su pontificado. Con ella, el primer pontífice americano de la historia ponía el acento en insistir que todos los hombres, independientemente de su pecado o su situación personal, son amados por Dios y están llamados a vivir con Él. Se trata del mensaje por excelencia de la Iglesia y del Evangelio, y ya Juan Pablo II lo recogía también en su homilía de inicio de pontificado el 22 de octubre de 1978: «¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».

En el monasterio de Beyenburg, una pequeña ciudad alemana de menos de 3.000 habitantes, se tomaron en serio hace tiempo esta invitación, y un pintoresco cartel recibe a todos los visitantes que acuden al cenobio: «Alle Sünder, willkommen!» («Todos los pecadores, ¡bienvenidos!»). Tras las puertas de este monasterio se descubre una nueva sorpresa: está habitado por un único monje, el hermano Dirk, uno de los dos últimos religiosos en Alemania de la Orden de la Santa Cruz (en latín, Ordo sanctae crucis). En toda Europa, actualmente, solo hay 29 miembros de la orden, aunque «está floreciendo en Indonesia y Brasil», asegura el religioso a katholisch.de, el portal de la Iglesia católica en el país. Pero eso no le quita el buen humor al religioso.

El hermano Dirk, con su hábito religioso, y un pitillo

El hermano Dirk, con su hábito religioso, y un pitillokatholisch.de

En el monasterio de Beyenburg, que se encuentra en el Camino de Santiago que transcurre por tierras teutonas, los peregrinos pasan con frecuencia buscando a alguien con quien hablar. «Están desorientados, tienen problemas de pareja, agotamiento, depresión o pensamientos suicidas», afirma el monje. «Me doy cuenta rápidamente cuando algo anda mal con la persona con la que hablo», agrega.

El hermano Dirk se hizo amigo de estos «peregrinos problemáticos», como él los llama, y aún mantiene contacto con algunos de ellos. Uno de ellos es Jannik. Este danés de 33 años recorrió el Camino de Santiago en 2018 con pensamientos suicidas. Otro es Konstantin. No pudo superar la muerte de su padre. Ambos se alojaron con el monje en el monasterio durante unos días y lograron superar sus crisis.

«Cocinero, posadero y consejero»

«Durante ese tiempo, soy cocinero, posadero y consejero espiritual», bromea el hermano Dirk. Cree que la razón por la que la gente se abre a él es por las conversaciones: durante el almuerzo, en los paseos o con una cerveza por la noche. Ningún tema, asegura, es tabú para él. Alrededor de mil peregrinos lo visitan cada año para obtener su sello de peregrino. Entre 50 y 100 de ellos pernoctan.

El hermano Dirk dedica tanto tiempo a sus huéspedes porque ha vivido solo en el monasterio durante los últimos 11 años. Cuando fue destinado por sus superiores allí, hace 31 años, todavía había tres sacerdotes. Él no lo es, por lo que preside una paraliturgia sencilla y austera.

«Mi tarea es sembrar; Dios no dijo nada sobre cosechar», explica con modestia. Eso le consuela. «Siembro todo lo que puedo; el crecimiento está en manos de Dios», concluye el religioso.

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