«Vengo sin discurso preparado, pero con hambre; con hambre de justicia, de auténtica caridad; con hambre de una Iglesia que sepa de verdad abrir las puertas, acoger y recibir a todos, donde haya amor para todos y donde nadie sea enemigo, donde nos conozcamos, vivamos la reconciliación, el perdón y la paz», dijo el Pontífice a sus invitados.