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España, el país donde más arraigada se encuentra la devoción a la Virgen del Carmen

Raro es el marino que no deje asomar por entre el escote, tostado de yodo y de sal, la medalla o el escapulario de la Virgen del Carmen, y rara es, también, la dotación del buque que, antes de hacerse a la mar, no ofrece o reza una plegaria a su Virgen pidiéndole «buenos vientos y mares» durante su travesía marinera

Procesión de la Virgen del Carmen en Málaga., 2019

Procesión de la Virgen del Carmen en MálagaGtres

La devoción de la Marina a la Virgen del Carmen es muy antigua. Sabemos que desde la Edad Media en todos los pueblos y ciudades de la costa española se rinde culto religioso a la Virgen en procesiones y romerías marítimas portando su imagen. En abril de 1901 la Reina Regente doña María Cristina proclamo a la Virgen del Carmen Patrona de la Marina Española, declarando fiesta marinera el 16 de julio, día en que la Iglesia celebra la liturgia de la Virgen del Carmen.

Tras la victoria de Lepanto, la devoción mariana a la Virgen se extendió a países de Europa y América, estando íntimamente unida a Hispanoamérica a través de los misioneros españoles en la colonización de América. Significa su profunda y arraigada fe, por la que sería capaz de dar su vida y es en nuestro país donde más enraizada se encuentra esta advocación.

La liturgia y la tradición mariana usan con frecuencia gozosa la metáfora y la alegoría de la Virgen marinera. San Bernardo, cantor del Dulce Nombre de María, sienta la equivalencia de este nombre con el Maris-Stella, «estrella del mar». Ella siempre nos acompaña y nos protege de las adversidades y zozobras de la vida. Ella nos lleva en proa al litoral claro del cielo, y es grímpola y gallardete en las tormentas.

Una de las primeras citas, rigurosamente históricas, referente al culto mariano, la encontramos en Fernández Duro repetidas veces: «En la tarde del 11 de octubre, víspera del hallazgo de tierra deseada, habían cantado las tripulaciones, a la ocasión la Salve de costumbre...» y «..entre las prácticas religiosas de las naves figuraba la oración por la mañana y tarde…».

Desde muy antiguo tiene acreditado su oficio y menester de marinera Nuestra Señora: «Estrella de la mar, puerto de fulgura», la llama el Arcipreste de Hita. «Buen tiempo, mar tranquilo, dulce puerto», nos presagia en el verso a la Santísima Virgen marinera Pedro de Espinosa.

Lope de Vega, cantando a la «Virgen del Mar, Estrella Tramontana», nos regala con la delicia de estos versos; «Voy a las olas de la mar furiosa, con roto barco y con mojadas velas fluctuando, a morir peligro claro».

Miguel de Cervantes, cercado por aguas de la adversidad, implora a Nuestra Señora: «Sed Vos aquí la estrella / que en este mar insano / mi pobre barca guíe / y de tantos peligros la desvíe».

Pero ninguno quizá como fray Luis de León clama a la Virgen marinera con más angustiada y conmovida voz de náufrago; «Virgen, lucero amado, en mar tempestuoso claro guía, a cuyo santo rayo calla el viento mil ondas a porfía hunden en el abismo un desarmado leño de vela y remo».

El Ave María Stella (Stella- Maris) de Cristóbal de Castillejo (siglo XV) se cantaba en las naves de la Armada de 1769. Dice así: «Clara estrella del mar, dichosa puerta del cielo, Madre de nuestro consuelo, Virgen nacida sin par. Reina bienaventurada de toda consolación…Mas, gracia singular, las rodillas por el suelo, pedimos vuestro consuelo, mientras estamos en la mar…».

La Marina Española ha sido y es cabeza de esta devoción y patronazgo de las distintas instituciones marineras –la armada y la mercante, la costera y la del mar adentro– que mantienen vivas sus tradiciones y proclaman a la Virgen del Carmen, la remadora y marinera por excelencia, designándola Capitana y Generala de los mares. Es generala y sol de los mares, como la llamó el poeta.

Raro es el marino que no deje asomar por entre el escote, tostado de yodo y de sal, la medalla o el escapulario de la Virgen del Carmen, y rara es, también, la dotación del buque que, antes de hacerse a la mar, no ofrece o reza una plegaria a su Virgen pidiéndole «buenos vientos y mares» durante su travesía marinera. Pocos sabrán rezar mejor que estos arraigados hombres de la mar que rinden su amor y su devoción a su Virgen marinera.

En todo nuestro litoral y pueblos marineros existen santuarios y ermitas que iluminan y acompañan al navegante y La Virgen desde la roca solitaria preside la arribada a puerto. Bástenos decir que cada uno de nosotros, navegantes, tenemos bien sabido, como el poeta; «Que tú nos salvaras, ¡oh, marinera Virgen del Carmen!, cuando la escollera parta la frente en dos de mi navío. Todos los actos marineros finalizan cantando la Salve Marinera. Se trata de una composición muy emotiva que invoca la pureza y hermosura de la Virgen marinera.

Fernando de la Guardia Salvetti es Capitán de Navío en la reserva.

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