Una estatua de un demonio, en una imagen de archivo
¿Quién puede realizar un exorcismo? La Asociación Internacional de Exorcistas acaba de aclararlo
La entidad oficial de la Iglesia para luchar contra Satanás ha emitido un comunicado para explicar por qué sólo los sacerdotes con licencia expresa del obispo pueden celebrar exorcismos en nombre de la Iglesia, y siempre según el Ritual Romano
Tal y como enseña la Iglesia católica, Satanás no es una mera alegoría del mal, ni una metáfora literaria, sino una entidad personal, y real, que busca nuestra condenación eterna y cuya existencia es dogma de fe.
Por eso, una de las misiones que, según el Magisterio eclesial, Dios ha otorgado a su Iglesia, está el combate contra el Maligno. Un combate real que en el día a día libra todo bautizado (pues la pelea por vivir de la gracia, en palabras de san Pablo, «no es contra la carne, ni la sangre, sino contra los espíritus del mal que viven en un mundo de tinieblas») pero que tiene también un ministerio específico, dada su importancia y gravedad.
Y ahí, la Iglesia es meridianamente clara: la labor del exorcismo requiere a un sacerdote válidamente ordenado... Pero no todo sacerdote puede ser exorcista. Y, desde luego, no cualquiera que se presente como tal puede actuar en nombre de la Iglesia.
Este ha sido el recordatorio que ha tenido que hacer el máximo órgano eclesial, de respaldo pontificio, en las últimas horas: la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE) ha publicado un comunicado para aclarar una cuestión que, por su propia naturaleza, exige prudencia, rigor y obediencia eclesial: quién puede celebrar legítimamente un exorcismo.
No existe un «primer exorcista» mundial
La nota, fechada el 12 de julio de 2026, responde a una entrevista difundida en YouTube en la que un sacerdote italiano era presentado como «primer exorcista encargado por la diócesis de Roma», «la persona más relevante a nivel mundial» en este ámbito y alguien a quien «el Vaticano escucharía».
La AIE, sin embargo, sostiene que esas credenciales no se corresponden con la realidad y advierte del daño espiritual que una información incorrecta puede causar a los fieles.
De hecho, la asociación resume su mensaje desde el propio título del comunicado: «Sólo el exorcismo celebrado según el rito oficial por 'sacerdotes exorcistas', dotados de licencia peculiar y expresa concedida según el canon 1172 del Código de Derecho Canónico, produce efectos espirituales por impetración de la Iglesia».
Las tres condiciones necesarias
Más allá del caso concreto de este sacerdote italiano entrevistado (cuya licencia había sido retirada), la AIE ha recordado las tres condiciones necesarias para que un exorcismo sea válido.
La primera aclaración es de naturaleza litúrgica: el exorcismo debe celebrarse «en pleno respeto de los principios y rúbricas del Ritual Romano», concretamente del libro De Exorcismis et Supplicationibus quibusdam.
No basta, por tanto, con oraciones privadas, fórmulas improvisadas, presuntas recomendaciones de revelaciones privadas, o prácticas devocionales tradicionales presentadas como si fueran el exorcismo oficial de la Iglesia.
La segunda aclaración es canónica. La AIE recuerda literalmente el canon 1172: «Nadie puede proferir legítimamente exorcismos sobre los posesos si no ha obtenido del Ordinario del lugar [el obispo] peculiar y expresa licencia».
Y añade una tercera condición, en absoluto accesoria: esa licencia debe concederse «sólo al sacerdote que esté adornado de piedad, ciencia, prudencia e integridad de vida».
Un modo de garantizar la integridad de los fieles, pues la Iglesia es sumamente escrupulosa a la hora de distinguir lo que puede ser una acción, influencia o posesión demoníaca, de otras situaciones como, por ejemplo, una enfermedad mental o un desorden psicológico.
El matiz es sumamente importante, pues el título de exorcista no se trata de una autorización genérica, ni mucho menos de una fama adquirida a través de entrevistas, libros, vídeos o redes sociales. Para la Iglesia, en beneficio de los fieles, es necesaria una licencia concreta, expresa, concedida por el obispo del lugar, o en su defecto, el administrador apostólico o diocesano, a personas de probada virtud, prudencia y conocimiento.
Exorcistas virales
El comunicado también corrige una idea muy extendida en el imaginario popular: la de una especie de escalafón universal entre exorcistas. La AIE es tajante: «No existe una jerarquía entre los sacerdotes exorcistas 'oficiales' de la Iglesia católica» que convierta a uno de ellos en «el primero» respecto a otros exorcistas de su diócesis, ni que le otorgue «una autoridad o prestigio a nivel mundial».
Esta precisión es especialmente relevante en tiempos de viralidad. Aunque algunos de los sacerdotes que participan del ministerio del exorcismo puedan ser más reclamados por los medios –en una misión esencial de visibilizar la existencia del mal, sin dejar de recordar que Dios es capaz siempre de vencer al maligno–, o tener entre sus propios hermanos una fama de santidad bien ganada (como era el caso del ya fallecido padre Gabriel Amorth), esta labor no funciona como un rango profesional, ni mucho menos como una especie de marca personal. Depende siempre de la Iglesia, de su disciplina, de su rito y de la autoridad del obispo.
¿Un seglar puede rezar contra el demonio?
La AIE advierte además de que ejercer este ministerio sin mandato no es una mera irregularidad. «En el ordenamiento canónico –afirma– el ejercicio del ministerio de exorcista, por parte de un sacerdote que no ha recibido el debido mandato, constituye un grave ilícito penal».
No se trata de evitar que, por ejemplo, cualquier sacerdote, religioso o incluso un seglar pueda pronunciar, de forma ocasional, una oración de liberación sobre una persona. Algo perfectamente válido y posible, que está en la más antigua tradición de la Iglesia.
Sin embargo, el ejercicio sistemático del combate directo contra el demonio debe ser ejercido por un exorcista explícitamente nombrado para ello.
Así, la asociación recuerda que el canon 1375 castiga la usurpación de un oficio eclesiástico y también a quien lo conserve ilegítimamente después de haber cesado o haber sido privado de él. Y añade otra advertencia pastoral: no deben silenciarse los «posibles y serios efectos perjudiciales en la esfera espiritual de los fieles» que se sometan a prácticas no autorizadas.
Qué hacer (y no hacer) en caso de duda
En el caso concreto que motiva el comunicado, la AIE afirma que al sacerdote entrevistado le fue revocada en 2024 la licencia para exorcizar, que no está incardinado en la diócesis de Roma y que «no reviste ningún encargo de exorcista» allí, según una precisión del Vicariato romano.
Por ese motivo, la AIE recuerda que, ante una sospecha de acción extraordinaria del demonio, el fiel no debe buscar celebridades religiosas, canales de YouTube, ni supuestos especialistas universales. Lo más urgente e importante es acudir a la Iglesia, y más en concreto a su diócesis, para que lo remitan a los sacerdotes oficialmente autorizados.
Porque, en un asunto tan delicado como la lucha contra aquel que tiene en la soberbia su mayor estandarte y, a la vez, su punto débil (el non serviam del demonio se contrapone en la espiritualidad cristiana al fiat de la Virgen María) la obediencia no es un mero paso burocrático, sino una garantía de protección, seriedad y confianza en Dios.