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La procesión del 5 de agosto de 2019, en donde los ceutíes acompañan a la Virgen de ÁfricaLa Verdad de Ceuta

La Virgen de África a la que se acogen hoy los ceutíes en procesión, «Madre y Patrona» de Ceuta desde 1418

La escultura llegó de la mano de Enrique el Navegante de Portugal y ha protegido a los ciudadanos españoles de la ciudad autonóma en sus momentos más difíciles

Como informaba el lunes este diario, la Virgen de África procesionará hoy por las calles de Ceuta en uno de los momentos más difíciles para la ciudad en los últimos años. Los fieles se encomendarán a la Madre de Dios tras la invasión de los, al menos, 73.000 marroquíes que entraron ilegalmente en nuestro país la semana pasada. Lo harán mediante la celebración de una misa a las 20:00 horas de la tarde y su correspondiente procesión a las 21:15 horas.

Los ceutíes acompañarán con su presencia y oración a quien es su «Madre y Patrona» desde 1418, tres años después de que la ciudad se consolidara firmemente como baluarte católico del reino de Portugal. Esta sagrada talla no solo representa un soporte espiritual de fe para los ceutíes, sino que constituye un pilar histórico indiscutible de la ciudad autónoma a lo largo de más de seiscientos años de historia compartida.

Orígenes de la «Protectora» de Ceuta

Para rastrear los orígenes de la llegada de la Virgen de África a Ceuta, es preciso retroceder a la época de la expansión marítima de Portugal. En el año 1415, el rey Juan I de Portugal conquistó la plaza de Ceuta, introduciendo el cristianismo mayoritario en este enclave estratégico del Estrecho de Gibraltar. Pocos años después, concretamente en 1418, su hijo, el célebre infante Enrique el Navegante, decidió enviar una imagen mariana para que sirviera de consuelo espiritual y baluarte protector a los nuevos pobladores y soldados que defendían el territorio.

La talla llegó acompañada de una misiva del propio infante que decía: «Os envío una imagen de la Virgen María, asaz devota mía». En esa correspondencia, don Enrique especificaba que la escultura ya había recibido culto con anterioridad en tierras centroeuropeas y ordenaba taxativamente que, en adelante, fuese venerada y nombrada con la advocación específica de Santa María de África. Como contrapartida a esta valiosa donación, el infante portugués solicitó un tributo espiritual: que cada sábado se oficiara una misa en su honor y que, antes de iniciarla, se rezara en voz alta un Padrenuestro y un Avemaría por la salvación de su alma, tradición que caló hondo en la naciente comunidad.

Enrique el Navegante, detalle del Políptico de San Vicente

En 1425, por mandato directo del infante, se levantó una pequeña ermita para custodiarla. Con el paso de las centurias y las reformas arquitectónicas de mediados del siglo XVIII, dicha construcción dio paso al majestuoso santuario de Santa María de África que conocemos en la actualidad.

Anatomía de una Piedad gótica

Desde el punto de vista artístico, la efigie de Nuestra Señora de África es una soberbia obra de la escultura gótica centroeuropea del siglo XV. Se trata de una representación iconográfica de la Piedad, también conocida como la Sexta Angustia, que muestra a la Virgen María sentada, sosteniendo sobre su regazo el cuerpo inerte y flagelado de su hijo Jesucristo tras ser descendido de la cruz.

La Virgen de áfrica vestida con el manto blanco para procesionar hoyParroquia de Santa María de África

La pieza cuenta con una fisonomía muy particular: presenta proporciones alargadas y estilizadas, y está tallada casi por completo en un único bloque macizo de madera, permaneciendo hueca en su parte posterior. Las únicas piezas añadidas con posterioridad de forma exenta fueron la cabeza de Cristo y la mano izquierda de la Virgen. Con su mano derecha, la Virgen sujeta con delicadeza maternal la cabeza de Jesús, mientras orienta su mano izquierda hacia su propio pecho, en un gesto conmovedor que exterioriza el dolor contenido de una madre ante la pérdida de su Hijo.

Milagros e intercesión divina

La inquebrantable devoción del pueblo de Ceuta hacia su patrona no es casual; se fundamenta en una dilatada lista de intervenciones providenciales y milagros atribuidos a su intercesión en los momentos más trágicos de la historia local: una epidemia de peste, una brutal explosión de pólvora y varios asedios militares.

El primero de ellos, una terrible epidemia de peste bubónica, sucedió a mediados del siglo XVII. La pandemia asolaba con extrema crueldad la península ibérica y el norte de África, diezmando poblaciones enteras. Aterrorizados ante la inminente llegada del contagio, los habitantes de Ceuta y sus autoridades civiles se postraron ante la Virgen de África implorando clemencia. Milagrosamente, la enfermedad pasó de largo y apenas rozó las murallas de la ciudad.

En agradecimiento, el 9 de febrero de 1651, el entonces gobernador Juan Suárez de Alarcón y Melo instituyó el «Voto de Gracias». Desde entonces, cada año, el Cabildo Catedralicio y la corporación municipal acuden al santuario para renovar solemnemente este juramento histórico de gratitud.

Fue un 8 de agosto de 1885 cuando la tragedia volvió a cernirse sobre Ceuta: un almacén de pólvora ubicado en el Parque de Artillerías saltó por lo aires. La brutal explosión provocó el derrumbe instantáneo de viviendas colindantes y desató un incendio de proporciones dantescas que amenazaba con devorar todo el centro urbano.

Dominados por el pánico colectivo, los ciudadanos corrieron en masa hacia la iglesia de la Virgen de África al grito desesperado de «¡Virgen de África, agua! ¡Virgen de África, sálvanos!». Según las crónicas de la época, en cuestión de minutos, una providencial y densa nube negra se posicionó con precisión matemática sobre el Parque de Artillería, descargando un fortísimo aguacero localizado que extinguió por completo las llamas y salvó a la ciudad de una destrucción total.

Las crónicas castrenses también reflejan cómo durante los incontables asedios militares y bloqueos marítimos que sufrió la ciudad de Ceuta a lo largo de los siglos, los soldados encomendaban su defensa a los mantos de la Virgen.

Se cuenta que, en situaciones de extrema hambruna y escasez de munición, las naves enemigas encallaban inexplicablemente en el Estrecho o se levantaban temporales imprevistos que desbarataban los campamentos de los sitiadores, permitiendo la supervivencia del enclave hispano.

'Alcaldesa perpetua' de la ciudad

El 10 de noviembre de 1946, la imagen fue coronada canónicamente en un multitudinario acto que congregó al nuncio del Papa Pío XII, monseñor Gaetano Cicognani; al célebre general militar José Enrique Varela; y al obispo de la diócesis, don Tomás Gutiérrez Díez.

Para la ocasión, el pueblo ceutí demostró su devoción donando sus propias joyas para forjar una presea espectacular. El resultado fue una joya de oro macizo ornamentada con unas 600 piedras preciosas y un peso total de 5 kilogramos.

A diferencia de otras patronas, la legislación histórica le concede el rango administrativo de 'Alcaldesa perpetua' y 'Gobernadora'. Durante su procesión del 5 de agosto, las fachadas no solo muestran los tradicionales tapices religiosos, sino también suelen sacar a relucir muchas banderas civiles blancas y negras (los colores de la bandera de Ceuta).