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Patxi Bronchalo

Permitidme que este cura se meta en política

Se escucha decir: «En España no puede pasar lo que en Venezuela porque estamos en la Unión Europea». No es verdad. Todo se puede ralentizar, pero las líneas de actuación siguen adelante.

Hace un par de años estuve en Venezuela de misión pastoral. Y vi lo que todos conocéis: un país que podría ser próspero, que estaba lleno de recursos, y de gente buena y trabajadora, saqueado durante años por una banda de bandidos que se hacía llamar gobierno. Jueces politizados, instituciones al servicio del poder y no del ciudadano, prensa amordazada... Hace mucho tiempo miro España y reconozco, paso a paso, el mismo guion. Permitidme que este cura se meta en política.

Lo que sucede en nuestro país no es algo ingenuo, tampoco casual, no es un cúmulo de malas gestiones y de mala suerte por parte de las instituciones. Lo que aquí sucede va siguiendo milimétricamente la misma línea ideológica que llevó Venezuela durante años. Misma hoja de ruta. Mismos pasos. No debe sorprendernos que los resultados lleguen a ser similares.

Nada de esto es nuevo. Muchas de estas líneas las abrió José Luis Rodríguez Zapatero, hoy investigado. Él comenzó a dividir España de nuevo en bloques enfrentados, a desprestigiar las instituciones cuando no le eran afines, a promover y blanquear a personas con ideas terroristas por propia conveniencia de supervivencia política.

Esto último les sonará más a los amigos colombianos. Todos en España conocemos personas que no se hablan con sus familias por culpa de los discursos políticos de odio. Y conocemos a personas con las que no se puede tener una conversación serena y razonada por culpa de la ideología, que no son capaces de ver más allá de lo que dice su partido, sea el que sea.

Lo de hoy es la continuación, con otros rostros, de ese mismo plan. Hoy, los que aquí tienen el poder legislativo y ejecutivo buscan un control total, para ello van a por el poder independiente que les falta, que es el judicial.

Hoy, los que aquí tienen el poder legislativo y ejecutivo buscan un control total, para ello van a por el poder independiente que les falta, que es el judicial.

¿La estrategia? Desprestigiar a los jueces, sembrar dudas sobre ellos entre sus afiliados a través de los discursos, poner en tela de juicio su trabajo. Así se empieza. A los amigos venezolanos les sonará. Se continúa mediante la siembra de dudas sobre todo lo que antes era intocable: el Tribunal Supremo, la Fiscalía, el Constitucional. Hacen que todo resulte sospechoso menos el propio Gobierno. Promueven un relato único que se protege controlando y destruyendo minuciosamente lo demás.

Es lo que vaticina Orwell en su libro 1984. Lo que es verdad deja de importar, lo importante hoy es controlar el relato: qué se cuenta y cómo. Se utiliza para ello la televisión pública. Aunque esto se les escapa con las generaciones más jóvenes, que utilizan en su mayoría para informarse las redes sociales. Lo que sucede en Ceuta lo demuestra. Cada día llegan imágenes y testimonios reales y terribles que contradicen la línea oficial de lo que se dice desde el Gobierno.

Van también a por la Guardia Civil. Se la cuestiona, se filtran informes contra ella, se le señala cuando ella les investiga. Un cuerpo que ha sostenido este país en lo peor, tratado como enemigo interno por el simple hecho de hacer su trabajo. Se busca así que los que tienen que perseguir los delitos no persigan los que ellos cometen. ¿Les suena también a los amigos de Venezuela?

También está lo de destruir a quien pregunta. Mucha gente se dedica a esto, algunos como «bots» profesionales a sueldo de partido. Lo increíble en España es tener a un ministro, el señor Óscar Puente, haciéndolo. Un hombre que insulta, señala y humilla públicamente a ciudadanos desde la tribuna del Estado. No debate ideas, machaca personas. Es el guardia de asalto verbal del relato oficial.

Entre tanto los casos de corrupción en las instituciones se multiplican, las infraestructuras se echan cada vez más a perder. La gente sencilla paga el pato.

Más aborto. Más eutanasia. Más destrucción de la familia. Apagones. Trenes que se accidentan por el estado de las vías. Montes que se queman porque una legislación asfixiante no permite su limpieza. Miles de ciudadanos de Marruecos entrando en España: personas que están siendo usadas como armas arrojadizas por parte de este país para hacer una guerra híbrida, todo ello ante la pasividad y permisión del Estado en la frontera y el pánico de los ciudadanos de Ceuta. ¿Tiene algo que ocultar el Gobierno en España ante Marruecos?

Aquí a veces, aunque cada vez menos, se escucha decir: «En España no puede pasar lo que en Venezuela porque estamos en la Unión Europea». No es verdad. Todo se puede ralentizar, pero las líneas de actuación siguen adelante.

No hace falta un golpe de Estado para echar a perder un país. Basta con minar la confianza en sus instituciones, año tras año, legislatura tras legislatura, hasta que la gente ya no sepa a quién creer ni a quién acudir, hasta que piensen que no hay otro camino que el de estar en estas manos.

Es triste. Yo no estoy aquí para deciros a quién votar. No es mi misión ni mi campo. Hablo de política para denunciar las inmoralidades y las injusticias y para desenmascarar falacias y mentiras. No suelo hacerlo, no daría abasto, pero esto que veo se parece tanto, tanto, a lo que vi en Venezuela, que no puedo quedarme callado.

Si aquí llega a pasar lo mismo que allí, lo cual es más que posible por este camino, lo sentiré mucho. Tendré mucho dolor pero también la conciencia tranquila.

Francisco Javier Bronchalo es sacerdote, escritor y creador de contenido en redes sociales.

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