La historia de los beatos Diego Ventaja Olmos y Manuel Medina Olmos, explicada por Álex Navajas

90 años de los primeros mártires de 1936

90 segundos para entender por qué diez obispos fueron asesinados en España en verano de 1936

Probablemente nunca en la historia se haya producido una mayor matanza de prelados en tan corto espacio de tiempo

La Guerra Civil española acaba de desatarse con toda su furia y, desde el primer día, sacerdotes y monjas fueron acosados, perseguidos, encerrados, torturados y, en muchos casos, martirizados por los milicianos del Frente Popular. «Seis mil sacerdotes asesinados, y ni una sola apostasía», llegó a escribir el poeta y dramaturgo francés Paul Claudel. Se quedó corto en su apreciación. Terminada la contienda, se demostraría que la cifra rebasaba los diez mil clérigos.

Y, de entre ellos, la «pieza» más codiciada era, claro, la del obispo. «El jefe de los curas», como solían repetir con socarronería los milicianos. Diez de ellos fueron capturados y martirizados in odium fidei entre julio y agosto de 1936. Tres más morirían antes del final de la contienda fratricida. Fueron asesinados por su fe, no por su militancia política, y todos ellos murieron perdonando a sus verdugos.

Fue el caso del obispo de Cuenca, monseñor Cruz Laplana, el cual, pocos instantes antes de ser asesinado, elevó su manos para bendecirles. Un miliciano disparó un tiro contra la mano y otra bala penetró en la sien del prelado. «Ya estamos dispuestos… Que Dios os perdone, como yo os perdono, y os bendigo…», habían sido sus últimas palabras.

Los diez obispos martirizados en el verano de 1936

  • 26 de julio: Eustaquio Nieto (Sigüenza)
  • ​5 de agosto: Salvio Huix (Lérida)
  • ​7 de agosto: Cruz Laplana y Laguna (Cuenca)
  • ​9 de agosto: Florentino Asensio (Barbastro) y Miguel Serra (Segorbe)
  • 11 de agosto: Manuel Basulto (Jaén)
  • 12 de agosto: Manuel Borrás (Tarragona)
  • 22 de agosto: Narciso Esténaga (Ciudad Real)
  • ​30 de agosto: Diego Ventaja (Almería) y Manuel Medina (Guadix)