Interior de la Basílica de la Sagrada Familia durante la beatificación de los mártires
Sagrada Familia de Barcelona
Miles de fieles acuden a la beatificación de un sacerdote y un laico que auxilió a un obispo en la Guerra Civil
Gaietà Clausellas y Antoni Tort fueron asesinados en Cataluña por milicianos izquierdistas durante el comienzo de la Guerra Civil bajo la Generalitat presidida por Companys
El sacerdote Gaietà Clausellas y el laico Antoni Tort han sido beatificados esta mañana en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, ante más de 2.000 fieles procedentes, principalmente, de las diócesis de Barcelona y Terrassa, así como un buen número de presbíteros, diáconos y seminaristas de ambos territorios diocesanos.
La celebración estuvo presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de los Santos y representante del Santo Padre. Junto a él, han concelebrado el nuncio apostólico, Mons. Bernardito Auza; el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, y Mons. Salvador Cristau, obispo de Terrassa.
También han participado de la celebración el arzobispo de Tarragona, Mons. Joan Planellas y el obispo de Girona, Fray Octavi Vilà.
Los nuevos beatos murieron como mártires por el odio a la fe en Cataluña durante la Guerra Civil española en 1936. El hecho de que ambos mártires fueran asesinados bajo el mandato de Lluís Companys ha hecho que el nacionalismo catalán haya ignorado esta beatificación.
Antoni Tort, padre de once hijos, joyero y perteneciente a la Comunión Tradicionalista, fue asesinado después de ofrecer su casa como refugio al cardenal Manuel Irurita Almándoz, arzobispo de Barcelona. Junto a él se refugiaron familiares del cardenal y seis religiosas.
Una patrulla de milicianos, sin embargo, asaltó la casa y localizó al cardenal y a los demás refugiados. Fueron detenidos y trasladados a la checa de la calle San Elías, Antoni Tort, también. Tort fue asesinado en la madrugada del 3 al 4 de diciembre de 1936.
El sacerdote Gaietà Clausellas era el capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, dedicadas a la atención a ancianos pobres y enfermos.
Tras el estallido de la guerra y el inicio de la violencia anticatólica por parte de las milicias izquierdistas, se le intentó convencer de que escapara, pero él se negó: «No puedo dejar a mis viejecitos».
Tres milicianos lo detuvieron, con órdenes de la Generalitat, la noche del 14 de agosto de 1936. Lo metieron en un automóvil y, en la carretera de Matadepera a la altura de Sant Julià de Altura, lo mataron de un tiro y abandonaron su cadáver.