Doctores de la Iglesia
La 'élite de la fe': ¿qué se necesita para ser declarado doctor de la Iglesia y quiénes han sido los elegidos?
Solo 37 almas en 2.000 años han sido reconocidas con este título, pero este 1 de noviembre serán 38 con la proclamación de san John Henry Newman por León XIV
Solo 37 almas en dos milenios han alcanzado el título en reconocimiento a su eminente contribución a la doctrina y a la comprensión de la fe cristiana, un honor que solo el Papa puede otorgar: el de doctor de la Iglesia.
Mientras la Iglesia se prepara para la inminente proclamación este 1 de noviembre de san John Henry Newman como doctor, cabe preguntarse: ¿quiénes son estos gigantes del pensamiento y por qué figuras como Orígenes o incluso Ratzinger están fuera de este selecto grupo?
El título de «doctor»
Cuando uno escucha la palabra «doctor» la mente tiende a evocar a un médico. Sin embargo, en el contexto eclesiástico y académico el significado se remonta al verbo latín docere, que no es otro que «enseñar». Por ello un «doctor» de la Iglesia es, ante todo, un maestro.
Este es un reconocimiento pontificio de valor perenne y, en 2.000 años de historia, solo 37 santos han recibido este honor, un número que contando a Newman ascenderá a 38. Figuras monumentales como san Agustín y santo Tomás de Aquino, que dejaron abundantes escritos, comparten esta distinción con otras que escribieron comparativamente menos, como santa Catalina de Siena o santa Teresa de Lisieux.
La triple corona de requisitos: santidad, ortodoxia y decreto papal
Para recibir el 'codiciado' título de doctor de la Iglesia se exigen tres requisitos. Por una parte, la vida del candidato debe ser un testimonio ejemplar de virtud cristiana; tiene que ser un santo confirmado mediante la canonización. Esta es la razón por la que teólogos de la talla de Joseph Ratzinger no podrían recibir este título mientras vivieran ni antes de ser canonizados, por valiosas que sean sus aportaciones a la fe.
Por otra parte, la persona no solo debe haber demostrado una eminencia en la doctrina, sino que sus escritos deben ser fieles a la enseñanza de la Iglesia. Un criterio importante pues, como escribe el sacerdote John Fladder en The Catholic Weekly, incluso grandes escritores cristianos como Orígenes y Tertuliano, cuyas obras se citan con frecuencia, no pueden ser doctores porque abrazaron ciertas herejías de su época. De manera similar, si un futuro doctor como Newman escribió algo no ortodoxo mientras era no católico, esos escritos serían ignorados en favor de sus obras producidas como católico.
Por último, el nombramiento del doctor de la Iglesia es una prerrogativa exclusiva del Papa o de un concilio ecuménico. El primero en hacerlo fue Bonifacio VIII en 1298, al proclamar doctores a los cuatro grandes Padres Occidentales: san Ambrosio, san Agustín, san Jerónimo y san Gregorio Magno. Más tarde, Pío V reconoció oficialmente a los cuatro grandes Padres Orientales. Hoy esta tradición continúa viva, como demuestran los nombramientos recientes de san Gregorio de Narek y san Ireneo de Lyon, proclamados por el Papa Francisco en 2015 y 2022, respectivamente.
Las cuatro Doctoras de la Iglesia
De los 37 doctores actuales, la Iglesia reconoce a cuatro mujeres. Ellas son: santa Teresa de Ávila, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Lisieux y santa Hildegarda de Bingen. Estas figuras no solo fueron eminentes en sus escritos, sino que demostraron un carácter resolutivo y originalísimo.
Alcanzaron responsabilidades eclesiales y relaciones con las altas instancias de su época que estaban fuera de lo común en el contexto en que vivieron. Es crucial destacar que una de ellas, santa Catalina de Siena, fue además una laica.
Entre los casos recientes destaca el de una delegación oficial de los carmelitas encabezada por el superior general de los Carmelitas Descalzos, el español Miguel Márquez Calle, que en abril de 2024 entregó al Papa Francisco una petición formal para que el dicasterio para las Causas de los Santos estudie la posibilidad de declarar doctora de la Iglesia a Edith Stein, carmelita, santa y mártir fallecida en el campo de concentración de Auschwitz.