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La persecución al pueblo armenio está considerado el primer genocidio del siglo XX

La persecución al pueblo armenio está considerado el primer genocidio del siglo XX

Cuando la Iglesia armenia canonizó a 1,5 millones de víctimas del «primer genocidio del siglo XX»

El 24 de abril de 1915 comenzó el genocidio del pueblo armenio, uno de los mayores de la historia perpetrado por el Imperio Otomano. Un siglo después, el Papa Francisco lo definió como un exterminio «terrible y sin sentido»

Este 24 de abril marca un nuevo aniversario del inicio del genocidio armenio, una fecha que la cristiandad vincula inevitablemente a la jornada del 23 de abril de 2015. Aquel día, en vísperas del centenario de la tragedia, la Iglesia Apostólica Armenia celebró la canonización más numerosa de la que se tiene registro: 1,5 millones de personas masacradas por el Imperio Otomano entre 1915 y 1917.

La canonización fue presidida por el Katolikós Karekín II, Patriarca Supremo de los armenios, y se realizó en la catedral de Echmiadzin, sede de la Iglesia apostólica Armenia, la cual se separó de la comunión con Roma en el siglo V; sin embargo, en la actualidad participa en el diálogo ecuménico en busca de la unidad de los cristianos. Esta Iglesia es distinta de la Iglesia Católica Armenia, que sí reconoce el primado de Pedro.

Karekín II subrayó que estas víctimas no eran simplemente fallecidos, sino que «permanecieron fortalecidos por el amor de Cristo, llevando el testimonio de una fe inquebrantable», frente al fuego y la espada. El rito concluyó con el repique simultáneo de campanas en Armenia y en las principales catedrales de la diáspora en Madrid, París, Nueva York, Berlín y Venecia.

«Es necesario recordarlos»

Pocos días antes de este acto, el 12 de abril de 2015, el Papa Francisco recordó explícitamente este suceso histórico durante una misa en la Basílica de San Pedro. El Pontífice calificó los hechos como el «primer genocidio del siglo XX», una afirmación que el Vaticano defendió posteriormente como una línea coherente con lo ya expresado por Juan Pablo II.

Durante aquella misa, el Pontífice definió lo ocurrido como la primera de las «tres grandes tragedias inauditas» del siglo pasado, un exterminio «terrible y sin sentido» en el que fueron asesinados desde obispos y sacerdotes hasta niños y enfermos indefensos.

Francisco fue enfático al señalar que el exterminio afectó no solo a armenios, sino también a sirios católicos y ortodoxos, asirios, caldeos y griegos. «Es necesario recordarlos, es más, es obligado recordarlos», afirmó el Papa, advirtiendo que «esconder o negar el mal es como dejar que una herida siga sangrando». Palabras que provocaron tensiones con Turquía y duras críticas del presidente Erdogan, quien atacó al Pontífice y lo acusó de sacar los hechos de su «contexto»: «Yo condeno al Papa y le advierto de que no cometa errores como este otra vez», expresó.

El historiador y autor Ricardo Ruiz de la Serna explicó en una entrevista para este medio que el genocidio armenio se distinguió de otras masacres por su intención deliberada no solo de «matar a las personas», sino de «destruir al pueblo», es decir, «erradicar incluso los rastros de su presencia (destrucción de edificios, confiscación de propiedades) más allá de la matanza generalizada de hombres, mujeres y niños a través de formas eficaces para el fin: tiroteos, ahogamientos, quemas, exposición a los elementos, hambre y sed en los desiertos, agotamiento».

El proceso incluyó la estigmatización previa del grupo, el arresto de intelectuales en Constantinopla en abril de 1915 y las atroces «marchas de la muerte» por los desiertos de Siria donde miles fallecieron, en una persecución minuciosa que buscaba erradicar por completo la identidad armenia en sus tierras ancestrales.

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