Algunos fieles y sacerdotes cargan con el ataúd del padre Alfonso Avilés
Un sacerdote español y un ecuatoriano mueren ahogados al salvar a dos monaguillos en el mar
En redes sociales, los mensajes de dolor por la inesperada pérdida de los padres Alfonso Avilés y Pedro Anzoátegui no tardaron en llegar
Los hechos ocurrieron el pasado viernes, 13 de marzo, en el cantón General Villamil Playas, en la provincia de Guayas, Ecuador, durante una jornada de retiro espiritual y descanso con un grupo de jóvenes monaguillos.
Según informan las fuentes locales, dos de los monaguillos que participaban en la actividad se metieron en el mar y fueron arrastrados por el fuerte oleaje, lo que motivó que los sacerdotes Alfonso Avilés y Pedro Anzoátegui se lanzaran al agua para intentar rescatarlos.
Comunicado de la diócesis por la muerte del padre Alfonso Avilés Pérez
Aunque la rápida intervención de los presbíteros permitió que los menores lograran salir con vida del mar, ambos religiosos fueron arrastrados mar adentro por la corriente. El cuerpo del padre Alfonso Avilés, natural de Murcia y párroco de la iglesia de San Alberto Magno, en la diócesis de Daule, fue localizado poco después del incidente.
Por su parte, la confirmación del fallecimiento del padre Anzoátegui, vinculado a la diócesis de San Jacinto, se produjo horas más tarde.
Servicio y entrega hasta el final
La diócesis de San Jacinto expresó públicamente su pesar por el fallecimiento del sacerdote Pedro Anzoátegui, a quien recordó su servicio generoso en la diócesis. A través de un comunicado, la institución señaló que se une en oración por su descanso eterno y manifestó su solidaridad con los familiares y amigos del presbítero. Además, agradecieron «por el don precioso de la vida y la vocación sacerdotal», recordando sus años de entrega.
Las diócesis de Daule y San Jacinto lamentan la pérdida de sus sacerdotes
Por su parte, la diócesis de Daule confirmó el fallecimiento del reverendo Alfonso Avilés Pérez, miembro de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote.
En el mensaje, firmado por el obispo Cristóbal Kudławiec, la Iglesia local lamentó profundamente su inesperada partida, agradeció su vida y su servicio en el ministerio sacerdotal e invitó a los fieles a unirse en oración por su eterno descanso, recordando el pasaje bíblico que afirma que «nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos».
Según publicó la diócesis, el sacerdote murciano fue «autoridad cuando guiaba, cercano cuando escuchaba, amigo cuando acompañaba, consejero cuando alguien buscaba luz».