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León XIV saluda a la gente mientras se dirige a presidir una vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima de Madrid

León XIV saluda a la gente mientras se dirige a presidir una vigilia de oración con jóvenes en la Plaza de Lima de MadridAFP

«Las ideologías pasan y la verdad permanece»: León XIV invita a medio millón de jóvenes a ser libres de las modas

Una de las ideas centrales del multitudinario encuentro en la Plaza de Lima fue que los discípulos de Jesús deben ser «siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa»

El Pontífice no evitó las aristas en su diálogo con la juventud española. En una Plaza de Lima convertida en un espacio de sobrecogedor silencio y de solemnes cantos para acompañar a los fieles en la Adoración al Santísimo, el Santo Padre ha desgranado una propuesta para una sociedad que afronta con cansancio el relativismo y las imposiciones ideológicas de la modernidad. El encuentro, estructurado en tres grandes bloques de preguntas de jóvenes al Sucesor de Pedro, permitió al Papa ofrecer un itinerario de fe basado en los grandes santos de la historia, el silencio, la confianza en Dios y la acción humana.

En resumidas, se podría decir que una de las cuestiones centrales en torno a las que ha girado la vigilia es la de reconocer la voz de Dios en un entorno saturado de estímulos. El Pontífice ha señalado que el silencio no es vacío, sino una decisión activa: «Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés».

Fue en este punto donde ha dado una de las advertencias más profundas de esta primera jornada de su viaje apostólico contra el conformismo intelectual. «En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece», afirmó, subrayando que la oración es una «voz libre» que no necesita rendir cuentas ni demostrar estatus.

La gente reza el rosario mientras espera la llegada del Papa León XIV

La gente reza el rosario mientras espera la llegada del Papa León XIVAFP

Modelos de santidad y el peso de la historia

Fueron dos las cuestiones con las que se inició el diálogo. La primera: «Sabemos que san Agustín es muy importante para usted, pero ¿qué otros santos y qué otros referentes le han ayudado en su crecimiento como cristiano?». La segunda: «Querríamos preguntarle ahora por sus años como misionero en Perú. ¿Qué recuerdo o qué experiencia guarda como un tesoro de aquellos años?».

León XIV comenzó señalando que el crecimiento cristiano no es un ejercicio de aislamiento, sino que requiere referentes sólidos de «vida buena». Citó a figuras como san Juan Crisóstomo, de quien destacó su capacidad para dar «testimonio con coherencia de la verdad del Evangelio frente a las herejías de su tiempo» y su valor para «decir siempre la verdad» ante el poder. También reivindicó la raíz española a través de Tomás de Villanueva y Toribio de Mogrovejo, ejemplos de caridad y justicia frente a los abusos y la corrupción de su época. Entonces el Papa interpeló a los jóvenes: «Si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no?».

Sobre su propia experiencia misionera en Perú, el Santo Padre recordó que el encuentro con las heridas y alegrías del pueblo, «me hicieron crecer en el camino del seguimiento de Jesús». Subrayó que la fe no es una abstracción, sino que la Palabra del Señor «lleva paz donde hay conflicto» y se convierte en «fuente de reconciliación y de justicia» cuando se vive en contacto con la realidad. El recuerdo de una fe «llena de esperanza» a pesar de las dificultades marcó un discurso centrado en la transformación personal a través del Evangelio.

León XIV llega para presidir la vigilia de oración con los jóvenes

León XIV llega para presidir la vigilia de oración con los jóvenesAFP

El silencio como antídoto contra la manipulación

El segundo bloque se centró en cómo discernir la voz de Dios en una sociedad saturada de mensajes. El Papa defendió el silencio como un espacio de libertad que permite identificar influencias engañosas o superficiales del entorno, enfatizando que las ideologías son pasajeras mientras que la verdad permanece. La oración se presenta así como una relación directa con Dios, libre de validaciones externas.

Ante la pregunta de «¿cómo podemos nosotros, también buscadores, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?», el Pontífice recordó que nadie nace maestro y que el testimonio debe darse con «coherencia de vida». Instó a los presentes a actuar como «pastores, educadores y amigos», advirtiendo que la fe no se transmite mediante ideas teóricas, sino a través de rostros fiables que han sido probados en la «santidad de una vida puesta a prueba».

Ser «el alma del mundo» sin ser prisioneros del tiempo

Por último, en el tercer bloque, y ante la pregunta sobre el papel de los jóvenes en la sociedad actual, el Papa recurrió a la Carta a Diogneto, un célebre escrito cristiano anónimo del siglo II, para definir la misión del cristiano. «Los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo», citó, instando a los presentes a ser «siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa».

Animó al medio millón de jóvenes presentes a una libertad radical frente a las corrientes pasajeras: «Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad». La misión concreta que el Papa confió a la juventud fue, en sus palabras, un reto de humanidad: «que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables». Pidió personas que tengan «hambre de justicia» y que vivan con una honestidad que sea «chispa de una humanidad nueva» frente al vacío de la indiferencia y la mentira de la guerra.

Este llamamiento a habitar el presente sin dejarse encadenar por las modas ni las imposiciones ideológicas fue el eje de un encuentro, en el que no faltó lo más importante y fundamental: el encuentro de los jóvenes con Cristo sacramentado. Detrás de ese momento de oración estuvo el trabajo de un coro que comenzó sus intensos ensayos el pasado 16 de mayo y que entendió la música no como un fin en sí mismo, sino como un vehículo para ayudar a los fieles a llegar a Dios. Una labor que reflejó fielmente el espíritu que el Santo Padre pidió en su discurso: una entrega que no brilla en la abstracción de una idea, sino en la «santidad de una vida puesta a prueba».

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