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León XIV observa a bailarines y músicos de flamenco durante el encuentro «Tejiendo redes con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte»,

León XIV observa a bailarines y músicos de flamenco durante el encuentro «Tejiendo redes con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte»,AFP

«¿Sería Europa ella misma sin la huella de la fe?»: León XIV interpela desde Madrid al Viejo Continente

«¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo», exhortó el Papa, provocando una emocionada ovación entre los asistentes en el Movistar Arena

La identidad de Europa centró uno de los pasajes más incisivos del discurso pronunciado por el Santo Padre en el Movistar Arena. Ante una multitud representativa del mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte, el Pontífice lanzó una pregunta: «¿En serio es posible creer que la Europa —a la que tanto amamos— sería ella misma sin la huella de la fe?».

Bajo el lema «Tejer Redes», el Pontífice ha propuesto una especie de esquema para reconstruir el tejido social en un momento de relativismo e incertidumbre global. El Papa ha comenzado alabando la «huella de creatividad» que define la historia de España, visible en sus iglesias, universidades y gastronomía, pero ha hecho una pregunta 'incómoda': «¿Qué herencia estamos dejando al futuro?».

Para el Santo Padre, la sociedad actual posee una capacidad asombrosa para innovar, pero corre el riesgo de ser «experta en los medios» mientras olvida el «para qué» y el «para quién» de su producción.

La Iglesia, «experta en humanidad»

Reivindicando el papel de la Iglesia en el diálogo contemporáneo, el Papa ha recordado las palabras de san Pablo VI al definir a la institución como «experta en humanidad». Según el Pontífice, la vocación de la Iglesia no es otra que el diálogo, partiendo de la base de que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la plenitud de la vida.

Por eso ha introducido la metáfora de «tejer redes», una labor que implica escucha y respeto. No se trata de una comparación más, sino de una exigencia concreta para todos los sectores: ha pedido que la universidad no viva de espaldas a la verdad, que la empresa no vea al empleado como un simple factor de interés y que el deporte no se reduzca a un mero negocio. Sobre este último punto, León ha recordado, citando a san Juan Pablo II, cómo en el campo de juego se aprende a ganar sin humillar y a levantarse tras la caída.

El desafío a la identidad europea

Entre los pasajes más esperados de este viaje figuraba una reflexión sobre Europa, cuya identidad histórica y cultural no puede comprenderse sin la contribución decisiva de España. Con una mirada objetiva a la historia, el Santo Padre ha invitado a reflexionar sobre si Europa habría forjado su carácter sin la «huella espiritual» que la ha impregnado durante siglos. «¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?», se ha preguntado, retomando el histórico grito de sus predecesores: «¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo!».

Para el Pontífice, la fe no es sino una fuerza viva que crea belleza, como demuestran las obras de Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, citados nuevamente en su intervención. Esta fe, ha señalado, es la que ha impulsado la creación de hospitales y escuelas, sirviendo de modo desinteresado y dignificando a las personas.

León XIV saluda a Antonio Banderas, quien ha intervenido en el encuentro en el Movistar Arena

León XIV saluda a Antonio Banderas, quien ha intervenido en el encuentro en el Movistar ArenaAFP

León XIV no ha querido olvidar la vertiente social de su mensaje. Ha denunciado la codicia de unos pocos que asfixia el bien común y ha recordado que el grito de los pobres interpela constantemente a los sistemas políticos y económicos.

Un encuentro ha concluido con un llamamiento a ser «hilos nuevos» para una sociedad renovada. El Santo Padre ha pedido que el arte despierte asombro y que el trabajo sea motor de esperanza, citando finalmente a san Pablo: «Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran». Un mensaje de paz y cohesión para que, en el porvenir, siga resplandeciendo lo que el Papa ha denominado nuestra «magnífica humanidad».

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