Los cuatro obispos consagrados por el arzobispo Marcel Lefebvre en 1988
Horas de incertidumbre ante la excomunión del 1 de julio: la Iglesia apela a la unidad frente a las ordenaciones de los lefrebvristas
Pese a los intentos de diálogo, la Fraternidad San Pío X mantiene su intención de consagrar cuatro obispos este 1 de julio, un paso que el cardenal Müller ha tildado de «acto cismático» al ser ordenaciones que «sin el Papa son absolutamente imposibles, contra la voluntad de Dios»
A las puertas de las consagraciones episcopales que la Fraternidad San Pío X celebrará mañana en Écône (Suiza), la Iglesia afronta unas horas marcadas por la incertidumbre. Pese a la diversidad de voces, emerge un denominador común: la dificultad para comprender la oportunidad de este paso y un llamamiento insistente a la comunión para evitar lo que el padre Santiago Martín ha calificado como una «tragedia». Según el sacerdote español, a menos que ocurra un milagro, este acto implicará una «ruptura en la iglesia» que solo puede verse con dolor.
La paradoja de la «salvación de las almas»
Uno de los puntos de mayor fricción reside en las aparentes contradicciones discursivas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). Santiago Martín ha señalado que, aunque los seguidores de Lefebvre justifican sus actos en la fe, muchos dentro de la Iglesia les acusan de «soberbios» porque «en el fondo están convencidos de que solo ellos son la verdadera Iglesia católica».
En esta misma línea se situó el cardenal Robert Sarah, quien expresó en su momento una «honda tristeza» ante el anuncio de las consagraciones. El purpurado guineano advirtió que «abandonar la barca de Pedro equivale a entregarse a las olas de la tormenta» y cuestionó la lógica interna de la Fraternidad. Para Sarah, la justificación basada en la «ley suprema de la salvación de las almas» resultaba contradictoria: «¿Es querer la salvación de las almas desgarrar el Cuerpo Místico de Cristo de manera quizá irreversible?», se preguntó el cardenal, subrayando que la fe nunca puede legitimar una ruptura con el Sucesor de Pedro.
El «todo o nada» de los lefrebvrianos
Desde el ámbito doctrinal, el cardenal Gerhard Müller ha tildado las ordenaciones de «acto cismático» y ha recordado que San Pío X, patrono de la sociedad, «rezará contra estas personas que abusan de su nombre», afirmó en una entrevista con EWTN News In Depth. Müller ha subrayado la incoherencia de separar la devoción litúrgica de la obediencia, afirmando que las ordenaciones «sin el Papa son absolutamente imposibles, contra la voluntad de Dios».
Esta falta de sintonía con la esencia de la Iglesia ha sido también resaltada por la Universidad Franciscana de Steubenville, en Ohio, Estados Unidos. En una carta abierta, sus académicos recordaron a la FSSPX que «los tesoros de la Tradición Católica no pertenecen fuera de la comunión con Pedro; pertenecen al corazón de la Iglesia». Por ello, consideran que crear una nueva «herida en el Cuerpo de Cristo» sitúa los propios dones de la Fraternidad fuera del «abrazo materno» de la Iglesia.
El padre Santiago Martín ha destacado que el argumento de la Fraternidad sobre la «gran confusión» que se vive en la Iglesia es lo que convence a miles de católicos para seguirles. Pero para el sacerdote, esta respuesta al desorden ignora que la salvación no puede nacer de una autonomía que rompa con la unidad, pues ello solo conduce a un aislamiento que termina por desvirtuar el testimonio de la Tradición que pretenden proteger.
Precisamente, unas de las voces más destacas del pensamiento tradicionalista como la de Peter Kwasniewski, advierten de la incoherencia estratégica de este aislamiento. Kwasniewski ha calificado la situación de «altamente irregular» y ha criticado la mentalidad de «todo o nada» de la Fraternidad, que exige el arrepentimiento de Roma sobre el Vaticano II antes de cualquier acuerdo. Según el académico, esta postura arriesga a la FSSPX a un progresivo aislamiento. A su juicio, la Fraternidad parece haber adoptado la idea de que estar en «comunión canónica plena y regular con la jerarquía» es algo que «simplemente no importa tanto» o que no merece el sacrificio que implicaría una negociación.
«No hagan esto»: el último mensaje de León XIV
El Papa León XIV, por su parte, lamentó recientemente que la Fraternidad se niegue a aceptar «ciertos elementos fundamentales de la Iglesia» y, aunque ha mostrado su disposición al diálogo, ha dejado la responsabilidad en sus manos: «es su elección». El Pontífice explicó que el Vaticano ha mantenido contactos constantes a través del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, llegando incluso a barajar la posibilidad de un último llamamiento para decirles: «No hagan esto, intentemos vivir la comunión en la Iglesia».
Sin embargo, el obstáculo principal sigue siendo la aceptación de «varios puntos del Concilio Vaticano II», algo que la FSSPX rechaza al considerar que su ambigüedad ha dado lugar a una pastoral equivocada. Para León XIV, si deciden consumar la ruptura, es una decisión que «lamento, pero nosotros debemos seguir adelante».
A las puertas de la fecha decisiva, la Iglesia observa con dolor cómo se agotan las vías de entendimiento. Lo que el padre Santiago Martín ha definido como algo «muy serio» está a punto de materializarse en Écône, salvo que medie un milagro de última hora. Entre las severas advertencias y el «estado de necesidad» invocado por la Fraternidad, la Iglesia aguarda el desenlace de una jornada que promete abrir una herida profunda, marcada por el temor a una «tragedia» que lacere la unidad eclesial.