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El italiano Davide Pagliarani es el superior general de la Fraternidad desde 2018

El italiano Davide Pagliarani es el superior general de la Fraternidad desde 2018FSSPX

Los lefrevbrianos envían una «profesión íntegra de fe» de 154 puntos al Papa y los cardenales

Aseguran que su texto no es la repetición de un grupo de nostálgicos, sino la «expresión necesaria, serena y firme» de su fe

la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha hecho pública una extensa carta abierta dirigida a Su Santidad el Papa León XIV y a los cardenales de la Iglesia. El documento, fechado el 24 de junio, coincide a apenas un día del Consistorio convocado por el Papa, que comienza este viernes 26, y se produce a pocos días de las consagraciones episcopales previstas para el próximo 1 de julio en Écône, Suiza.

Bajo la firma de su Superior General, Davide Pagliarani, la Fraternidad sostiene que «ha llegado el momento de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X formule una profesión íntegra de fe católica». El texto no se presenta como una mera declaración de principios, sino como una respuesta a una situación de urgencia, pues, según los firmantes, «la Iglesia sufre hoy bajo la presión de nuevas fuerzas» que la impulsan en todas las direcciones posibles, «salvo —así nos parece— en la correcta».

Un diagnóstico de crisis

La misiva describe un panorama eclesial de «crisis de una gravedad excepcional». En su análisis, los lefrevbrianos identifican una serie de errores que estarían socavando los cimientos de la fe, tales como el agnosticismo, el naturalismo y un «falso ecumenismo» que, a su juicio, atacan la unicidad de la Iglesia. Ante este escenario, la Fraternidad afirma que no le corresponde a ella indicar el camino, sino a la «Tradición bimilenaria de la Iglesia, fielmente custodiada y transmitida por la Sede Apostólica», la cual consideran que muchos hoy tratan como una «realidad superada».

Para los miembros de la fraternidad, la fe inmutable es el verdadero fundamento de la unidad. En este sentido, advierten que en la confusión presente «ya no basta con recordar algunas verdades aisladas», sino que es indispensable manifestar «todo el conjunto de la doctrina católica, en su coherencia sobrenatural y en su luminosa armonía».

La profesión de fe, que consta de 154 puntos, aborda cuestiones de candente actualidad moral. La FSSPX rechaza de forma tajante la «moral de situación» y sostiene que ninguna circunstancia puede legitimar el recurso a la anticoncepción, al aborto o a la eutanasia. Asimismo, defienden la realeza de Jesucristo frente al laicismo moderno, afirmando que «una sociedad que niega a Dios el honor que le es debido destruye progresivamente los fundamentos de su propia justicia».

En lo relativo a la estructura jerárquica, la Fraternidad explicita su reconocimiento al Romano Pontífice como «sucesor de san Pedro», «Vicario de Jesucristo» y «Pastor supremo y universal», a quien se le debe una obediencia filial por ostentar, por institución divina, un poder de «jurisdicción suprema, plena, inmediata y universal» sobre todos los fieles y pastores.

No obstante, este reconocimiento que hacen se ve condicionado por una advertencia: el documento subraya que el Papa no es «dueño de la Revelación», sino su «custodio», y está «sometido» a ella como el discípulo lo está al maestro. Bajo esta premisa, la FSSPX rechaza las «concepciones colegialistas» que diluyen la autoridad unipersonal del Pedro actual, denunciando cualquier intento de imponer un «nuevo Magisterio» que pretenda valerse del tiempo presente para dictar doctrinas «opuestas o ajenas a la Tradición constante». Para los firmantes, la «constitución monárquica» de la Iglesia es intangible, por lo que reprueban que se intente transformar la jerarquía en una estructura «parlamentaria o democrática» bajo el pretexto de escuchar las opiniones del mundo.

La cuestión litúrgica

Como era de esperar, la liturgia ocupa un lugar central en el documento. La Fraternidad reafirma su adhesión a la Misa tradicional romana, señalando que las reformas contemporáneas han «oscurecido el carácter sacrificial y propiciatorio» del culto. En su opinión, la restauración católica de los pueblos exige necesariamente la restauración de la «liturgia tradicional de siempre».

La carta concluye con un tono que busca el supuesto diálogo, aunque sin renunciar a sus posiciones: «Esperamos que un día este texto doctrinal pueda servir de base para una discusión franca con la Santa Sede, en un clima pacífico, fraterno y caritativo». Aseguran que su texto no es la repetición de un grupo de nostálgicos, sino la «expresión necesaria, serena y firme» de su fe, movidos por el principio de que «nada podemos contra la verdad, sino en favor de la verdad».

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