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AMDEP8573. LOS ÁNGELES (ESTADOS UNIDOS), 10/07/2026.- Jugadores de España celebran un gol este viernes, en un partido de cuartos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre España y Bélgica en el estadio SoFi en Los Ángeles (Estados Unidos). EFE/ Lavandeira Jr

Jugadores de España celebran un golEFE

Humildad, sacrificio y saber ganar: el 'manual de instrucciones' de los últimos Papas para ser campeón

La Iglesia siempre ha propuesto una mirada profunda sobre el deporte: un ejercicio de «agonismo espiritual» en el que la verdadera victoria no consiste en vencer al rival, sino en superarse a uno mismo y avanzar hacia una mayor madurez humana

Mientras España contiene el aliento ante la final de la Copa del Mundo y millones de personas dirigen su mirada hacia un balón, resulta oportuno recordar lo que la Iglesia ha enseñado a lo largo de los años sobre la nobleza del deporte. Más allá del marcador, los Papas han visto en la alta competición una auténtica escuela de virtudes, un espacio privilegiado donde el esfuerzo, el sacrificio y la superación personal reflejan algunas de las aspiraciones más profundas del ser humano.

Juan Pablo II: ser «atletas de Cristo»

Para San Juan Pablo II, el deporte no era un simple pasatiempo, sino una «escuela de virtudes» y un «signo de los tiempos» con capacidad para superar cualquier barrera cultural o nacional. El Papa polaco, que en su juventud practicó desde el fútbol hasta el esquí y el piragüismo, elevó la actividad física a la categoría de catequesis sobre la ascesis personal, defendiendo que la «lógica del deporte» es, en realidad, la «lógica de la vida»: una trayectoria donde no existen resultados significativos ni satisfacciones auténticas sin un sacrificio previo y constante.

En su célebre homilía del Jubileo de los Deportistas del año 2000, instó a los atletas a no conformarse con éxitos pasajeros y a convertirse en «atletas de Cristo», es decir, a ser «testigos fieles y valientes de su Evangelio». Pero, para lograrlo, propuso unos ejercicios específicos: perseverar en la oración, entrenarse en la virtud y «seguir en todo al divino Maestro».

Benedicto XVI: la humildad como «el secreto de la victoria»

Aunque Joseph Ratzinger no era un apasionado del deporte como lo fue su predecesor, su análisis sobre el fenómeno fue profundo. En un discurso ante atletas durante el Año de la Fe (2012-2013), Benedicto XVI despojó al deporte de su aura de espectáculo para definirlo como un camino de maduración humana que exige renuncias, paciencia y, sobre todo, humildad. Para el Papa alemán, la humildad no es un adorno, sino «el secreto de la victoria».

Además, propuso el deporte como un «Atrio de los Gentiles» moderno: un espacio de encuentro donde creyentes y no creyentes pueden dialogar a través de la disciplina y el respeto mutuo, convirtiendo la competición en un ejercicio de «agonismo espiritual», en el que la verdadera lucha no se libra contra el otro, sino en uno mismo, buscando que «el bien venza sobre el mal, la verdad sobre la mentira y el amor sobre el odio».

Francisco: el espíritu «amateur» en el éxito profesional

En agosto de 2013, poco antes de que Argentina y Alemania se citaran en la final de Brasil 2014, el Papa Francisco recibió a las selecciones de Italia y su amada Argentina. En aquel encuentro, el Papa no habló de tácticas, sino de la vocación inicial del deportista.

Francisco insistió en un concepto clave: el término «aficionado» o amateur. Para el Papa, aunque el deporte se profesionalice y se convierta en un gran negocio, un deportista nunca debe perder esa dimensión de «gratuidad, compañerismo y belleza» que nace en los inicios. Recordando su propia infancia yendo al estadio Gasómetro con su familia, instó a los jugadores a ser «artífices del entendimiento y de la paz social», recordándoles que antes que campeones son hombres portadores de humanidad y modelos para millones de jóvenes.

En 2016, fue el turno de la selección alemana, que acudió al Palacio Apostólico como vigente campeona del mundo. En esta ocasión, Francisco puso el foco en la palabra alemana Mannschaft (equipo) para transmitir una idea: las victorias en el deporte profesional no son éxitos individuales, sino triunfos de conjunto que requieren «gran disciplina y sacrificio personal, pero también respeto por los demás y espíritu de equipo».

León XIV: «Ganar sin humillar y perder sin perderse a uno mismo»

El actual Pontífice, León XIV, ha recogido este testigo desde una doble perspectiva: por un lado, desde su propia experiencia personal, marcada por su conocida afición al tenis y su práctica habitual del deporte; por otro, a través de sus numerosos mensajes en los que ha reflexionado sobre el papel de la competición como escuela de virtudes.

De hecho, antes de recibir el 17 de junio el balón oficial de la Copa del Mundo de 2026, había recordado en mensajes precedentes que la alta competición no es solo una exhibición técnica, sino un lenguaje que narra historias de «sacrificio, disciplina y tenacidad». Además, León XIV ha subrayado que la verdadera misión de un deportista es lograr que la persona permanezca siempre en el centro, por encima de cualquier resultado en el marcador.

Para el Papa, el deporte bien vivido funciona como un «laboratorio de humanidad reconciliada» donde se aprende una lección aplicable a toda la sociedad: la capacidad de «ganar sin humillar» y «perder sin perder la dignidad». En sus discursos, ha advertido con firmeza contra las tentaciones del deporte moderno, como el culto obsesivo al éxito que deriva en el fraude del dopaje o la transformación del atleta en una simple «figura o número» por la espectacularización del mercado.

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