Mariano Fazio, vicario auxiliar de la prelatura del Opus Dei
Mariano Fazio: «La persona humana no se realiza acumulando, sino en el don sincero de sí misma»
El vicario auxiliar del Opus Dei ha analizado los desafíos de la ética social cristiana ante la inteligencia artificial, la familia y la ecología en una conferencia sobre la primera encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas
En un mundo donde el ritmo de los acontecimientos parece superar nuestra capacidad de asimilarlos, la Iglesia camina con la historia, discerniendo los signos de los tiempos para iluminar las transformaciones que afectan a la humanidad. Con esta premisa, Mariano Fazio, vicario auxiliar del Opus Dei, ha ofrecido una conferencia en Roma, organizada por Media Trends América, para desgranar los ejes de la ética social cristiana y así entender mejor la nueva encíclica de León XIV, Magnifica Humanitas, estableciendo un puente con su reciente obra, De la persona a la aldea global.
El fin de la «Iglesia que llega tarde»
Fazio comenzó su intervención con una reflexión sobre la aceleración del tiempo histórico. Para el autor, el ritmo actual es «impresionante»: mientras que alguien del siglo IX apenas notaría cambios si despertara en el X, hoy «una persona que se durmiera 20 años encontraría un punto totalmente distinto».
Esta velocidad insta a la Iglesia a una agilidad inédita. Fazio recordó que, con la Revolución Industrial, la Iglesia en cierta forma «llegó tarde» con la Rerum Novarum de León XIII, aunque destacó la importancia de aquel documento, ya que el Pontífice es considerado el fundador de la doctrina social moderna por haber sistematizado la respuesta de la Iglesia ante aquellas «cosas nuevas» que estaban surgiendo. No obstante, fue publicada décadas después de que Marx y el capitalismo salvaje hubieran tomado posiciones.
Sin embargo, ha destacado que con León XIV el escenario ha cambiado: «La gran maravilla de esta última encíclica es que llegamos a tiempo. Es la primera profundización de las consecuencias de la inteligencia artificial que se hace en el mundo».
La persona: de la filosofía griega al «Ecce Homo»
Pero, ¿cómo afrontar la inteligencia artificial o la globalización sin perder la brújula? Para Fazio, la respuesta no es técnica, sino antropológica. El vicario explicó que la noción de «persona» es la piedra angular que permite dialogar entre fe y razón. Recuperando el concepto griego de relación, subrayó que el ser humano no es un individuo aislado, sino un ser abierto constitutivamente al otro.
Citando el Concilio Vaticano II, Fazio fue rotundo al definir la plenitud humana, que no se encuentra sino «en la entrega sincera de sí mismo a los demás». Frente a una sociedad que identifica felicidad con consumo o viajes, el sacerdote propuso el modelo de Cristo, el «hombre verdadero» manifestado por Poncio Pilato cuando dice: ‘Ecce Homo’ («Aquí está el hombre») (Jn 19,5). «Jesucristo es el modelo de todo hombre caracterizado por ese don sincero», señaló.
La familia: el hábitat para vivir el don de si mismo
Esta antropología del don tiene su primera escuela en el hogar. Fazio definió la familia como el «hábitat más natural para vivir ese don sincero». En un tono respetuoso, pero sin ambigüedades, defendió que la terminología importa: «Habría que reservar el nombre de familia a la unión de un hombre con una mujer establemente abierta a la vida».
Argumentó que la igualdad no consiste en tratar todas las situaciones de manera idéntica, sino en reconocer sus diferencias: «La justicia no es dar a todo el mundo lo mismo, sino dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde». «Me parece que, si se aplica el nombre de familia o de matrimonio a otras realidades, se está discriminando a la familia, dejando de lado cualquier posición religiosa o moral y sin juzgar absolutamente a nadie», afirmó.
Además, Fazio se alineó con la firmeza con la que el Papa Francisco defendió la protección de la vida en todas sus etapas. Recordó que el Pontífice afirmaba con claridad que «defender el aborto no es progresista». Asimismo, destacó que son pocos los Papas que, como Francisco, han hablado con tanta claridad sobre la defensa de la familia y la vida.
Contra el relativismo y la «McDonalización»
Al abordar la cultura, Fazio alertó contra los extremos del etnocentrismo y el relativismo cultural. Defendió que, aunque sea «políticamente incorrecto», no todas las culturas tienen el mismo valor: su grandeza se mide por cómo tratan a los más vulnerables. «Una sociedad donde se venera a los ancianos y se respeta la vida está mucho más desarrollada moralmente que una que condena a muerte a los no nacidos o enfermos terminales», afirmó.
En plena era de la globalización, el autor de De la persona a la aldea global abogó por un «mestizaje» enriquecedor que evite —como dijo con un guiño cómico— una «McDonalización del mundo», una expresión con la que describió la homogeneización cultural que amenaza con diluir las identidades locales bajo una capa de uniformidad económica.
Por ello, alertó de que el peligro de la globalización actual es que derive en una «sumersión de la propia identidad», donde los pueblos pierdan su alma por el camino del mercado global. Frente a este riesgo, propuso una apertura generosa a lo positivo de otras culturas, pero siempre desde una identificación clara con las raíces propias, permitiendo que cada sociedad despliegue sus cualidades para colaborar con el «bien común de toda la humanidad».
Finalmente, Fazio propuso una «ecología personalista» para superar la crisis ambiental. Criticó el «antropocentrismo tecnocrático» que ve la naturaleza como un depósito inagotable, pero también cargó contra la «Deep Ecology» o ecología profunda, que considera al ser humano como el principal depredador y propone limitar la población mundial.
«La dignidad de la persona humana estará por encima de cualquier animal», sentenció, cuestionando que se inviertan fortunas en alimentos para mascotas mientras mueren personas de hambre. Tomando el ejemplo de San Francisco de Asís, Fazio concluyó que la verdadera ecología cristiana no es una utopía abstracta, sino el reconocimiento de que el mundo es una creación que debemos administrar con sabiduría para las generaciones futuras.