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Ernest Simoni

Ernest Simoni

El cardenal Simoni, el «mártir vivo» de 97 años y dos décadas en la cárcel: «Celebraba misa por la salvación de mis torturadores»

El purpurado que sobrevivió a la persecución del régimen comunista de Enver Hoxha en Albania, ofrece un testimonio de esperanza: «Sin la Resurrección, la fe sería hermosa, pero no serviría de nada»

Detrás de la voz del cardenal Ernest Simoni – quien concedió una entrevista a este mismo medio hace unos años– hay una historia de sufrimiento inimaginable y una fe que nunca se quebró. A sus 97 años, este «mártir vivo» –como lo definió el Papa Francisco– sigue siendo un testimonio extraordinario de fe, perdón y perseverancia tras haber sobrevivido a la persecución del régimen comunista de Enver Hoxha en Albania, que en 1967 se convirtió en el primer «Estado ateo» del mundo.

Una vida de entrega en la clandestinidad

Nacido en 1928 en Troshani, Albania, Simoni ingresó en el colegio franciscano a los diez años, pero su camino hacia el sacerdocio quedó marcado por la persecución religiosa. Fue ordenado sacerdote de forma clandestina el 7 de abril de 1956. Sin embargo, su vida cambiaría drásticamente la Nochebuena de 1963, cuando fue arrestado tras celebrar una misa por el eterno descanso del presidente John F. Kennedy.

Inicialmente condenado a muerte por el simple hecho de ser sacerdote, su sentencia fue conmutada por 25 años de trabajos forzados. Pasó 18 años en prisión, donde fue sometido a torturas y condiciones inhumanas. Pese a ello, nunca dejó de ejercer su ministerio: «No los odiaba; celebraba misa por su salvación incluso mientras todavía estaban vivos», afirma al recordar a quienes lo persiguieron en una reciente entrevista concedida al National Catholic Register. En la cárcel, celebraba la Santa Misa de memoria y escuchaba confesiones de otros prisioneros en secreto.

«Amad a vuestros enemigos; rezad por vuestros amigos, porque Jesús dice que el gozo infinito no puede entrar en el corazón humano a menos que le sigas a Él y a sus enseñanzas», afirma el purpurado. Esta capacidad de perdonar nace de una profunda certeza sobre la vida eterna: «Somos carne que muere en la tierra, pero el espíritu es inmortal».

Tras su liberación en 1981, el régimen aún lo consideraba un «enemigo del pueblo», obligándolo a trabajar en las alcantarillas de la ciudad de Shkodër hasta la caída del comunismo en 1990. Su firmeza llamó la atención del Papa Francisco durante su viaje a Albania en 2014, quien dos años después, en noviembre de 2016, lo elevaría al cardenalato.

Un mensaje para el mundo actual

En su reciente entrevista con el Register, Simoni instó a los fieles a permanecer firmes en los mandamientos y en los sacramentos. Al ser preguntado sobre qué le diría a aquellos que hoy son perseguidos por causa de Jesús y sufren el odio a la fe —como él mismo lo padeció durante años y como sigue sucediendo en Oriente Medio y otros países—, el cardenal respondió con unas palabras cuya fuerza merece ser reproducida íntegramente:

Cardenal Ernest Simoni

Así pues, manteneos firmes. Cumplir los Diez Mandamientos significa asistir a la Santa Misa, santificar el matrimonio y rechazar toda forma de comportamiento inmoral, pues, como dice san Pablo, hay que llevar una vida santa como la de Jesús. Quienes están con Jesús han crucificado sus cuerpos, su carne, junto con todas sus pasiones. Es aquí, unidos a Jesús y por medio de la gracia divina, donde vencemos todas las tentaciones y seducciones que Satanás utiliza para arruinar la sociedad y la Iglesia católica. Resistid mediante la oración, la penitencia y el ayuno.

El reino de Dios está dentro de nosotros; cada obra es por amor a Jesús; cada acto de perdón es para nuestros enemigos. Ama a tus enemigos; reza por tus amigos, pues Jesús dice que la alegría infinita no puede entrar en el corazón humano a menos que hayas «seguido a Jesús y sus enseñanzas», y entonces Él te confiará «al cuidado de mi Padre que está en los cielos». Esta no es una promesa de un sacerdote o de un ídolo, sino de mi Jesús, lleno de amor, el Buen Pastor, que posee el poder de la Resurrección, como dice san Pablo.

Si no fuera por la Resurrección, la fe sería hermosa, pero no serviría de nada. Jesús ha vencido a la muerte; Jesús nos ha concedido la Resurrección, por lo que nadie muere de verdad. La carne se transforma, y el espíritu inmortal e inmaterial parte según las obras que hayamos realizado. Por eso se necesitan la perseverancia, la esperanza, la oración, el perdón, la abnegación y el Santo Rosario a la Santísima Virgen María para obtener la gracia divina y conocer la verdad, porque somos viajeros, y con Jesús todo es hermoso. Como Él dijo: «Sin mí no podéis hacer nada». Todos somos carne, y la carne se descompone en la tierra, pero el espíritu inmortal vivirá por toda la eternidad porque Jesús es el poder contra la muerte y el Dador de la vida y de la verdadera felicidad.

En medio del sufrimiento actual, su consejo es la perseverancia: «Cuando os persigan, cuando os hagan sufrir, cuando os encarcelen, regocijaos, porque el mundo, las cosas materiales y los pecadores desean esas cosas, pobres almas que son. Pero vosotros habéis vencido al mundo —tenéis esperanza—, porque todo esto pasará, y el mundo eliminará el terrible sufrimiento que se os impone, y os quedaréis con la luz y la felicidad que nadie puede expresar. Hay esperanza para todos los que hoy sufren por Jesús».

Su receta para la vida diaria es la oración constante, que define de forma poética: «Nunca olvides la oración, porque la oración es la estrella que brilla y nos conduce a Jesús». Para él, sufrir por Cristo no es una carga, sino «un gozo infinito que nos espera a todos».

Llamado a la juventud y unidad de la Iglesia

El cardenal Simoni también ha dirigido unas palabras a las nuevas generaciones, a las que insta a convertirse en «estandartes de Jesús». Al mismo tiempo, no duda en ofrecer un diagnóstico contundente sobre la crisis actual de la sociedad: «Las naciones perecerán por falta de amor; no aman como Él ama. Y sin Jesús, el mundo quedará bajo las garras de Satán».

Simoni explica que el amor verdadero nace de mantener a «Jesús en el primer lugar, como el sol que ilumina al mundo entero». Esta luz es la que da fuerzas al fiel para vivir la castidad, a la que define como «la montaña de la victoria que conduce al paraíso», subrayando que sin esta virtud «está el infierno».

Unidad con el Papa y esperanza final

A pesar de su avanzada edad, Simoni sigue activo, recordando que la misión del sacerdote es única: «Los sacerdotes vivimos únicamente para proclamar a Jesús, para salvar almas a través de su gracia». Sobre la Iglesia, recalca la importancia de la fidelidad al Pontífice: «Todos los cardenales deben estar unidos a Jesús a través del Santo Padre porque él es el representante de Jesús vivo en el mundo».

Bajo su lema cardenalicio «Zemra jeme dotë triumfojë» («Mi Inmaculado Corazón triunfará»), Ernest Simoni concluye que, pese a los desafíos, el destino de los fieles es la alegría: «Con Jesús todo es hermoso». Su vida, marcada por la clandestinidad y el martirio en vida, sigue siendo la prueba de que, como él mismo dice, «la gracia divina es la fuerza que permite superar todas las seducciones que Satán usa para arruinar a la sociedad».

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