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Mujeres en China rezando

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El régimen chino intensifica el acoso a los católicos prohibiendo biblias, entierros y procesiones

La catedral de San Ignacio lleva meses sin culto público bajo la excusa de «reformas», mientras los templos eliminan libros sagrados y se cancelan peregrinaciones por las trabas burocráticas

La persecución silenciosa pero implacable contra la fe católica en China ha sumado un nuevo y preocupante capítulo en la archidiócesis de Shanghái. Un pormenorizado informe recogido por ChinaAid, y elaborado por un fiel católico bajo condición de anonimato, detalla cómo las autoridades locales están asfixiando la práctica religiosa cotidiana mediante restricciones administrativas cada vez más severas.

El 'epicentro' de esta nueva oleada de control estatal se sitúa en la emblemática Catedral de San Ignacio de Shanghái (también conocida como Catedral de Xujiahui), un templo histórico que «lleva meses sin celebrar servicios religiosos públicos», tal y como apunta el informe, bajo el pretexto de estar realizando reformas interiores que impiden la entrada de visitantes. Sin embargo, la realidad detrás de los muros es mucho más desoladora.

La tienda de objetos religiosos afiliada a la catedral retiró todos sus libros de teología. Recientemente se constató que las estanterías han desaparecido por completo y ya no es posible adquirir ni Biblias ni el devocionario. Ante las preguntas de los feligreses, la respuesta de los empleados es tajante: «Se han ido, se han ido todos».

Pekín también estrecha el cerco

Este patrón de censura no es exclusivo de Shanghái. El pasado mes de junio, las iglesias católicas de Pekín ya retiraron las Biblias de la venta, eliminando cualquier canal para que los fieles puedan adquirirlas. A esto se suma el férreo control sobre los movimientos de los fieles y las actividades comunitarias. Diversas parroquias se han visto obligadas a cancelar peregrinaciones programadas fuera de sus provincias debido a la imposibilidad de superar los complejísimos trámites de aprobación exigidos por las nuevas regulaciones estatales.

La normativa exige incluso que las iglesias locales delaten a aquellos feligreses que viajen sin la debida autorización del Gobierno. Ante esta asfixia, los sacerdotes recomiendan ya viajar en grupos privados muy reducidos, de apenas «dos o tres» personas, asumiendo que las actividades comunitarias tradicionales han quedado suspendidas en este «tiempo especial».

La represión ha alcanzado también el ámbito digital y familiar. La popular aplicación católica china 'Wan You Zhen Yuan' censuró de manera abrupta las retransmisiones diarias del Rosario desde el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia, eliminando por completo la sección e interrumpiendo los cursos de formación espiritual en línea.

Miedo a profesar la fe en público

En el plano civil, el miedo impera: jóvenes católicos que trabajan como funcionarios públicos se ven obligados a ocultar su fe, asistiendo a misa con mascarilla y únicamente cuando viajan fuera de sus provincias de origen por temor a perder sus empleos si son descubiertos. Por si fuera poco, la persecución acompaña a los creyentes hasta el final de sus días: este mes de agosto, los tanatorios de Shanghái comenzaron a negarse a celebrar ritos funerarios católicos.

Ante esta situación, ChinaAid ha expresado su profunda preocupación por este endurecimiento sistemático destinado a limitar la capacidad de los católicos para practicar su fe, tanto en público como en privado. Fundada en el año 2002, ChinaAid es una organización internacional cristiana de derechos humanos comprometida con la promoción de la libertad religiosa y el Estado de derecho en China. A través de labores de defensa legal, apoyo humanitario y campañas de concienciación internacional, la asociación trabaja activamente para denunciar los abusos del régimen y dar voz a las comunidades perseguidas en territorio chino.

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