Retablo de la crucifixión, de Roger Van der Weyden
El secreto de la Virgen en el Calvario: «María no solo sufrió más que todos los mártires, sufrió mejor»
En una meditación litúrgica con motivo de la festividad del 15 de septiembre, monseñor González Chaves resalta la figura de la Santísima Virgen como «Reina de los Mártires» al haber vivido una inmolación continua y una perfecta obediencia a la voluntad divina
La Iglesia católica celebra la solemnidad de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen María como un reflejo radiante de la victoria pascual inscrita en la propia Cruz. En una homilía dedicada a esta festividad, Monseñor Alberto José González Chaves desglosó el profundo sentido teológico y contemplativo que rodea a la figura de la Madre de Dios al pie del Calvario.
El prelado comenzó explicando cómo la Iglesia, actuando como madre y maestra experta, establece «dobletes» en el calendario litúrgico para profundizar en misterios que la intensidad de la Semana Santa no permite degustar plenamente. Así como la riqueza del Jueves Santo se desborda en las festividades del Corpus Christi o de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, el misterio del Viernes Santo se prolonga en la Exaltación de la Santa Cruz y en el Sagrado Corazón de Jesús.
Del mismo modo, la soledad vivida por la Virgen el Sábado Santo encuentra su continuación litúrgica en dos conmemoraciones complementarias: el Viernes de Dolores como pórtico penitencial y los Dolores Gloriosos del 15 de septiembre como despedida llena de luz contemplativa.
«Regina Martyrum»: sufrir más y sufrir mejor
Uno de los puntos centrales de la meditación fue la definición de María como Regina Martyrum (Reina de los Mártires). González Chaves afirmó que si se colocara en el platillo de una balanza todo el sufrimiento unido de los mártires de la historia y en el otro el dolor del Corazón Inmaculado de María, el platillo de la Virgen pesaría sustancialmente más.
Esta desproporción no radica únicamente en una cuestión de cantidad, sino en que María «sufrió mejor», es decir, con mayor pureza de intención, olvido propio y un amor supremo que nace de la total entrega a Dios. La capacidad de sufrir está en proporción directa con la capacidad de amar, razón por la cual el ser humano cae frecuentemente en el contagio de la queja o el resentimiento. En este contexto, el sacerdote evocó la preocupación del Papa Benedicto XVI sobre el peligro de vivir etsi Deus non daretur —como si Dios no existiese—, instando a los fieles a vivir incardinados verdaderamente en Dios.
Para ilustrar la rectitud ante el dolor, el orador contrapuso la actitud de Santa Teresita del Niño Jesús —quien padeció el martirio del corazón y una tuberculosis terrible sin apenas atención médica ni quejas— con la fragilidad de quien busca atención constante por males menores, recordando también las advertencias de Santa Teresa de Jesús sobre las excusas de salud.
La obediencia como martirio y el testimonio de los santos
Basándose en la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Chaves recordó que para alcanzar la gloria del martirio basta ofrecerse a obedecer fielmente a Dios en todo. Explicó cómo, tras la despenalización del cristianismo por el emperador Constantino en el año 313 tras la victoria del Puente Milvio, los cristianos buscaron un sustituto al martirio de sangre dando origen a la vida religiosa a través del voto de obediencia. Monseñor también tuvo un recuerdo para los miles de sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron su vida en las persecuciones religiosas de la España del siglo XX.
En el caso de María, su martirio quedó rubricado el día de la Anunciación al pronunciar su «hágase», viviendo desde entonces un sufrimiento de intensidad progresiva, puesto que el paso del tiempo no mitigaba su pena sino que la acrecentaba al acercar la Pasión de su Hijo. Citando a San Anselmo, el monseñor subrayó que el dolor de María fue tan desgarrador que la habría hecho morir si Dios no la hubiese sostenido milagrosamente. Por su parte, San Bernardino de Siena llegó a sostener que si el dolor de María se repartiera entre todos los seres humanos, bastaría para provocar la muerte de toda la humanidad.
Una invitación a la contemplación
El sacerdote subrayó asimismo la paradoja del consuelo divino en el Calvario: mientras Jesús renunció a toda consolación para sostener a los futuros creyentes, María acompañó la Pasión en una desolación absoluta. Recordando a Santa Teresita, el prelado señaló que «el Rey de los mártires sufrió con tristeza para que los mártires sufrieran con alegría», lo que dejó a la Virgen en una profunda identificación con los padecimientos de su Hijo, sufriendo todos sus ultrajes sin alivio humano ni divino.
Ante este misterio, González Chaves exhortó a los fieles a adquirir la santa costumbre de «acariciar sus dolores, embalsamarlos, suavizarlos y consolarlos». Asimismo, reivindicó la dignidad excelsa de la Santísima Virgen en el plan divino, destacando que «el género humano ha encontrado su culmen en una mujer», la más alta y pura de las criaturas.
Para concluir su meditación, el prelado acudió a las alegorías místicas del Cantar de los Cantares para invitar a los fieles a hacer del dolor doloroso un sello de amor incondicional grabándolo en el corazón. «Quedémonos hoy sentados a la sombra del Manzano, a la sombra de Aquel que tanto desea nuestra alma», propuso, señalando que la mirada al Redentor debe ser purificada por el ejemplo mariano. «Como no sabemos mirarle con ojos puros, ni llorar con ojos limpios, ni sentir con corazón limpio, miremos a María para que ella nos enseñe a contemplar al Crucificado», exhortó, permitiendo así que el alma se transforme y pueda repetir con San Pablo que es Cristo quien vive en ella.