Dejé de buscar el MILAGRO y ocurrió: El testimonio de Marichu Suárez | Rebeldes Podcast #17
«Sentí que Jesús cargaba mi cruz»: de la depresión, la infertilidad y 25.000 € en reproducción asistida a dar a luz a tres hijos
Marichu Suárez narra su transformación personal y espiritual: tras sufrir amenorrea por deporte extremo y recibir el diagnóstico de «incompatible» con su marido, un giro el día después de ser aprobada para adoptar un niño de Vietnam cambiaron su vida
Marichu Suárez creció en el seno de una familia católica madrileña. Sin embargo, al cumplir los 22 años y afrontar la recta final de sus estudios universitarios en CUNEF, su vida sufrió un duro vuelco tras romper con su primer novio y encadenar una serie de reveses económicos y familiares. Aquella crisis existencial desembocó en una etapa de profunda oscuridad interior: «Entré en una especie de agujero negro, un pozo sin fondo. Estaba tristísima, solo lloraba y no entendía qué me pasaba», relata en un episodio del canal Se buscan rebeldes.
Para intentar evadirse de la ansiedad, la joven comenzó a refugiarse en el deporte de forma compulsiva, corriendo hasta 16 kilómetros diarios. «Lo que distrae el revolotero de mi cabeza para no pensar en todas estas movidas es el deporte», recordaba sobre el mecanismo de defensa que la llevó a sufrir un trastorno de la conducta alimentaria y amenorrea hipotalámica, es decir, ausencia de la menstruación.
En medio de ese desgaste, buscaba consuelo en los templos madrileños: «Salía de la universidad y llorando me metía en la iglesia: «Qué paz, qué bien se está aquí. Por favor, ayúdame»». Poco después conoció a Juan, su actual marido, quien se convirtió en un pilar clave para recuperar paulatinamente la salud y la ilusión antes de casarse en 2019.
25.000 euros perdidos y una certeza en el sagrario
Tras el enlace, el matrimonio chocó de lleno con la amarga realidad de la infertilidad. Dispuestos a todo por ser padres, acudieron a clínicas de reproducción asistida e invirtieron cerca de 25.000 euros —los ahorros reunidos tras su boda— en tratamientos de fecundación in vitro. Durante aquel proceso, Marichu trataba de acallar sus dudas morales aferrándose al deseo de la maternidad: «Yo tenía en mi cabeza la justificación perfectamente hecha: «¿Cómo Dios no me va a dejar ponerme en manos de un médico de reproducción asistida si lo que quiero es tan bonito que es un hijo?»».
Sin embargo, tras el fracaso de los primeros cuatro embriones, sufrieron la pérdida de un total de siete bebés y recibieron un diagnóstico demoledor de los médicos: eran «incompatibles genéticamente». «Yo estaba destrozada. '¿Cómo la persona que Dios ha puesto en mi camino va a ser incompatible conmigo? ¿Qué sentido tiene eso?'», se preguntaba ante una noticia insólita.
Desesperada, acudió a rezar ante la Virgen en busca de un milagro, pero en el sagrario percibió una moción espiritual diferente: «Fue como si hubiera escuchado un «por aquí no». Sentí que tenía que dejar los tratamientos, que estaba muy desgastada». La liberación definitiva llegó mientras paseaba a su perro y escuchó la canción La piel por ti del grupo Hakuna. Las estrofas sobre la entrega divina quebraron su resistencia: «Se me fue el peso de golpe y dije: «Ya sé quién lo está cargando y no soy yo». Me hice consciente de que esa cruz no la cargábamos solo Juan y yo, sino Juan, yo y Jesús».
La Naprotecnología y el giro en 24 horas
Liberada de la desesperación y llena de gratitud, la pareja abrió una cuenta en redes sociales para acompañar a otros matrimonios en su dolor e inició los trámites de adopción internacional. «Dijimos: «Ya está, si no hemos tenido hijos es porque nuestro hijo ya está en el mundo, ahora vamos a buscarlo»».
Paralelamente, por recomendación de varias seguidoras, decidieron dar una oportunidad a la Naprotecnología, una especialidad médica centrada en diagnosticar y curar la causa orgánica subyacente de la infertilidad para lograr la concepción de forma natural. Tras detectar y tratar sus factores ginecológicos, el desenlace fue providencial: «El martes de esa semana nos dieron la idoneidad para adoptar a un niño en Vietnam y el miércoles, al día siguiente, me enteré de que estaba embarazada de forma espontánea».
Tras encajar tiempo después la pérdida gestacional de un bebé llamado Lucas, la pareja ha dado la bienvenida a tres hijos: Juanito, Pablo y María. Hoy, Marichu sintetiza su testimonio con una fe renovada que impregna su día a día: «Pasé de no estar en contacto con Jesús a verlo por todos lados. Ahora soy muy consciente de que todo en la vida es un milagro».